El hombre de la cicatriz

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No era un fantasma quien surgió entre la niebla, era el hombre de la cicatriz. Subí el cuello de mi gabardina, apuré la última calada y lo seguí en la penumbra. Un reflejo metálico surgió en su mano; aún agarraba el cuchillo con fuerza animal. La sangre goteaba espesa, sucia. Duplicándose en un espejo, volvía al lugar del crimen a reencontrarme.

Desapareció en una plazuela donde las frías farolas no dejaban más que intuir vagas sombras. Avancé sigiloso. Cazar a ese hijo de perra significaba el ascenso, pero cualquier error sería de nuevo mortal. Un movimiento de alimaña desplazó la niebla del callejón. Saqué mi pistola. Perseguí al eco apresurado de pisadas, forzando la vista a través del velo de la noche. Tropecé. En el suelo, un bulto ensartado por un cuchillo me daba la espalda. Lo volteé. Los ojos familiares, la gabardina mojada… era yo sonriéndome desde el suelo.

Comentarios

  1. Profile photo of Joaquín Solari

    Joaquín Solari

    4 agosto, 2011

    Me gustan muchísimo los microrrelatos, me parece fantástico el poder de síntesis que poseemos los escritores para contar una gran historia en tan solo una o dos carillas.

  2. Profile photo of Paloma Benavente

    Paloma Benavente

    6 agosto, 2011

    Aunque parezca contradictorio, es más efectivo ponerse unas reglas para escribir microrrelatos: como que tenga un género concreto (policiaco, cómico, terror…) y un límite máximo de palabras. De esta forma hay que rebanarse los sesos y el resultado suele mejorar visiblemente.

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