Adiós, Pantera Rosa

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    Peter-Sellers

    Me lo paso en grande viendo tus vídeos familiares. En este sales con tus hijos. Es extraño verte jugar con ellos. Siempre salen bailando solos y se adivinan tus órdenes tras la cámara indicándoles lo que tienen que hacer, obligándoles a mostrar al mundo lo felices y naturales que eran. Cuando charlas con ellos sales mirando directamente a la cámara. Te diriges al objetivo en lugar de a ellos. Seguramente los quisieses más cuando no había ningún aparato registrando tu amor hacia ellos.

    Aparece tu segunda esposa. Es muy guapa. ¿Era a esta a la que pegabas?

    Ahora sales vestido de escocés, bailando a cámara rápida. Pareces muy divertido. La gente se ríe mucho contigo. Pero hay algo en tu cara, no sé…

    Esta secuencia hacía mucho que no la veía, disfrazado de ganster, con traje y corbatas negros y una camisa blanca. Llevas sombrero de ala corta. Y la metralleta… no debió costarte más de un dólar. O tal vez se la quitaste a uno de tus hijos. Primero eres un ganster duro, un quebranta huesos y luego, de repente, te conviertes en un homosexual amanerado, descarado, vicioso.

    Y tu cara otra vez no encaja, la expresión que no dejas traslucir pero que se te escapa a pesar del maquillaje.  Sigues creyéndote fofo y gracioso como cuando eras pequeño, el amigo de las chicas. Tuviste que hacerte famoso y rico para que alguna te hiciese caso. Tal vez te hubiese ido mejor de haber buscado otras cualidades además de la belleza física. Pero fuiste un niño caprichoso e hiciste las cosas como tú querías que fuesen.

    Llevas trece ataques al corazón. Es fácil adivinar de qué morirás. Por esa razón ningún director te quiere en sus películas, no creen que aguantes mucho más. Excepto por los cigarrillos y la copa de coñac diaria, llevas una vida sana. Cuando esos cretinos vean que todavía tienes aguante para otra docena de películas, se arrastrarán por el suelo para besar tus tobillos. O eso te gusta pensar.

    Al final fue una sorpresa saberte mortal. Y sin haber conseguido la gran obsesión de tu vida: el Oscar. Quien estuvo cerca de ti sabía que solo piensas en ti mismo, en creerte lo importante que eras, en las películas que hiciste… conociste a los Beatles, a la princesa Margarita, al Heredero (¿qué significa ese hecho para ti?; probablemente nada); Liza Minnelli se volvió loca por tus huesos; tuviste tres hijos, cuatro esposas, la gente rió contigo, incluso hoy siguen haciéndolo. A pesar de tu careta. A pesar de que solo te llamasen para hacer otra película de la pantera rosa. Odiabas ese personaje, pero dejaste que matase a Peter Sellers de un ataque al corazón y que el recuerdo del inspector Clouseau permaneciese para siempre. Tú permaneces oculto tras su bigote para una generación que, únicamente con mucho esfuerzo, recuerda tu verdadero nombre.

    Comentarios

    1. Avatar de

      Felipe Ferrante

      10 agosto, 2011

      Me gusta mucho como personalizas el texto, hablandole como si él estuviese ahí mismo. A veces no se sabe si le odias o le admiras. No conocía la historia de este hombre, pero por lo que veo no tiene desperdicio.

      Besos.

    2. Avatar de jon

      jon

      13 diciembre, 2011

      A mi tambien me gusta Peter Sellers, cuando veo alguna de sus peliculas, no puedo evitar acordarme de mi padre.
      Yo también te sigo.

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