La España profunda… ese mito

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    Tortillas_espanola_Melilla

    —Hola buenos días, me da un descafeinado de máquina.

    Sin decir nada se da la vuelta, coge el mando de la máquina de tabaco, apunta ceremonialmente al expendedor de cigarros y aprieta. Se mantiene en esa postura un rato mirándome en silencio. Yo espero y ella me mira. Me vuelve a mirar y señala la máquina de tabaco con la cabeza. Miro la máquina y la vuelvo a mirar a ella. Encojo los hombros.

    —Ya puedes sacar tabaco.

    —Si  yo no fumo —le digo sin saber muy bien a qué se refiere.

    —¿No querías que te conectase la máquina del tabaco? —me dice indignada.

    —No, no… le he pedido un descafeinado de máquina —el viejo  que está a mi lado se dobla sobre sí mismo entre convulsiones y risas ahogadas.

    —Toma Puri, una pistola y métete un tiro, que ya es hora —despacha un orujo blanco a palo seco y sin anestesia. La tipa con muy malas pulgas coge el dispensador de café, le echa dos cargas y lo incrusta en la máquina—. Un tiro… que ya es hora —repite el anciano entre risas.

    —Uno con veinte —me escupe a la cara. Miro mi reloj, la miro a ella, vuelvo a mirar mi reloj y después al viejo que fue el que preguntó no se qué de la hora.

    —No, no… son las cuatro y media —le digo con extrañeza.

    —Sí, pero el café no lo regalamos después de la sobremesa, lo cobramos todo el día —las fosas nasales le vibran, mala señal.

    —¿Qué? —estoy un poco perdido.

    —Que tienes que abonarme el café —la tipa se está empezando a incendiar.

    —Claro que se lo voy a abonar, no creerá que voy a salir corriendo… ¿por quién me ha tomado? —me siento indignado y doy por sabido que aquella mujer no se fía de mí.

    —Uno con veinte —me repite mecánicamente. Veo que aunque me observa, su mirada tiene ese deje de extravío, esa febril mueca de los que hace días que no descansan bien, ni han tenido buen sexo en otros tantos más. Sus ojos no se mueven y pareciere que mirasen a mi pecho en vez de mis ojos. Desorientado vuelvo al reloj, la miro a ella, después al anciano y por fin
    levantado la voz digo:

    —No, no… las cuatro y treinta dos… mire, mire —le pongo el reloj muy cerca de la cara, me está empezando a incomodar todo esto.

    —¡Que el café cuesta uno con veinte! —golpea el lateral de la máquina con tal fuerza que vibran todas las tazas de barra. Un cuadro con la foto descolorida de Arconada, vestido con la camiseta de selección española, se desvencija de uno de los laterales pivotando sobre el único eje  que aún lo mantiene allí colgado. Ella sigue ahí de pie, la palma de la mano bien abierta sobre la atormentada máquina que ajena a todo sigue soltando gotas de café… mi café.  Miro al viejo buscando algún aliado pero este se ha sacado unas gafas y está mirando con esa expresión De a boca abierta, un reloj en su muñeca. Por la expresión que pone deduzco que va a estar mirando el reloj todo el día sin comprender una mierda de lo que pasa en su esfera.
    Desisto de mi intento de buscar comprensión y saco la cartera mecánicamente mientras le entrego un tembloroso billete de diez euros. Me lo arrebata de un tirón, se lo lleva a caja y me da el cambio del billete en un plato que impacta encima del mostrador. Una pequeña grieta apenas imperceptible se abre en la loza.

    La veo que viene y va por la barra, haciendo nada porque en el bar solo estamos el viejo, ella y yo. Entra en la cocina mientras la oigo gritar no se qué de un payaso, no sé a quién se lo grita porque desde donde yo estoy, me da la sensación de que no hay
    nadie. Creo que está hablando sola, cuestión que refirmaría la hipótesis que me estoy empezando a formar… aquella tipa no está en sus cabales.  Espero un poco más mirándola de reojo, pensando que si no se sabe mirada, me obviará y por fin me tomaré el cochino café cuando tenga a bien ponérmelo. Después de un buen rato le hago señas con la mano y la llamo tímidamente.

    —Perdone… —la digo muy bajito.

    —¿Todavía por aquí?… ¡qué quiere! —me grita desde el otro lado de la barra.

    —El café —le digo señalando a la olvidada taza que reposa sobre la máquina—. Con dos terrones —le digo levantando los dedos de mi mano derecha.

    —¡Di que sí chaval… con dos cojones… que ya es hora! —lo dice mientras me golpea en la espalda y me echa a la cara toda la halitosis etílica. Le observo atónito y vuelvo a mirar mi reloj.

    —Las cuatro y treinta y cinco —mi índice apunta muy claro a las manecillas deseando que por fin se zanje el tema este de la hora..

    Me pone el café, casi tirándolo y es cuando al llevármelo a los labios me doy cuenta de que está helado, gélido como los pies de una mujer bajo las sábanas. Es entonces cuando el interrogante viene a mi mente. ¿Me achanto como una nenaza y me bebo el café frío? o le echo dos cojones, me levanto y le digo  a la tipa que aquello se lo tome ella.

    —Pe-perdone —se gira y me mira iracunda—. El café se ha quedado frío.

    —¡Cómo no se va quedar frío… si lleva una hora puesto en la barra! —sigue sin mirarme a los ojos, me mira por encima de ellos, a la frente.

    De repente el viejo se levanta, coge la taza de café dejándome con el plato en la mano y se lo lleva a los labios sorbiéndolo ruidosamente.

    —Esto está caliente —dice paladeándolo con su desdentada boca .Vuelve a sorber más de la mitad del café—. Esto está perfecto, con su espumita y todo.

    —Eso es mentira —me escucho decir—. Pruébelo… oiga que no le miento, que esto está frío.

    La tipa coge la taza y apura de un trago.

    —Esto está que jode de caliente.

    Deja la taza en el plato que aún sostengo entre las manos y se va al otro extremo de la barra. Espero, pienso y actúo.

    —Oiga, me da otro descafeinado.

    —Ya hemos cerrado, cerramos a las cinco.

    —Son menos diez —le digo enseñándole mi reloj y mis dientes.

    —Puri, sírvele un café al chico que aún no es la hora.

    —las cuatro y cincuenta —aclaro.

    —No… no, cuesta uno con veinte, ¿pero si quiere pagarme más…? —me dice la Puri.

    —Oiga no pienso pagarla hasta que me haya tomado un café como Dios manda—. Saco pecho y espero.

    Coge de nuevo el dispensador mientras que el viejo se levanta para ir al lavabo. Eficacia y rapidez  me definen en ese momento:

    Me tomo de un trago el orujo del abuelo, mientras la otra sigue atareada con el dispensador de café. Agarro una cabeza de gamba que está a mis pies y la oculto en mi mano. Cuando me pone el café y se da la vuelta, hecho disimuladamente la cabeza en el café y aguanto como un campeón.

    —Puri, ¿quién se ha tomado mi orujo? —dice el viejo cuando llega a barra levantando su copa vacía. Un silencioso cruce de miradas me acusan indirectamente, así que por fin decido aclarar el asunto:

    —Ella —digo sacando la cabeza de gamba del café con la cucharilla. Mientras el viejo estupefacto observa de cerca el rostro de la gamba, la deposito sutilmente encima de la barra mientras encamino mis pasos hacia el exterior.

    —¿Oiga no piensa pagarme?

    —No pretenderá… —le intento decir.

    —¡Cállese! Estoy hablando con la gamba…

     

    Comentarios

    1. Nicolas

      30 septiembre, 2011

      Grande, Philip!!
      A quién no le ha pasado algo parecido en las fondas de la Mancha. Resumo, brevemente, mi primera experiencia en un bar, sin Puri, pero con un Tony.
      El tema que eran mis primeras noches en Madrid y, depués de salir de mi primer laburo cagado de hambre hasta las patas, me meto en un bar “de los de siempre”. miro la oferta de raciones en la barra bajo el cristal y ataco: “Deme una Coca-Cola y eso…” -señalo una ensaladilla-. Tony, de 17, me mira. Me pone la Coca y tapa. El porteño mira la tapa tamaño tapa y piensa, sin saber qué es una tapa, “qué mierda de plato sirven acá, pequeño como pedo de canario”. Lo come, al rato lo mira y dice “Che, me ponés otra”. Tony me mira, se ríe, pregunta: “¿Otra coca o una caña?”, “No, hombre otro plato de esos que esto es muy poco…” Tony no comprende y me mira como se mira a un rácano que le pide a su amigo los 10 € del combustible en noche de juerga. Se vuelve a reír y me pone otra tapa más. Me voy, ya con la tripa cargada, pensando lo barato que me había salido todo: 1,5 € por una coca y dos platos de comida. España es mi lugar, me digo.
      Por vergüenza no volví más, tal vez por esa última frase que le Tony escuché cuando yo cruzaba la puerta: “Pues míra al chulito este que va de Príncipe!”.
      5 años después aprendí que las tapas no se cobran… pero tampoco se piden!!!

      • Felipe.Ferrante

        30 septiembre, 2011

        Jajjaja…un racano…racanos hay muchos, hay que saber huir de ellos por que acaban cobrandote hasta el apretón de manos que te dan.
        Gran entrada en españa Nico…Ahí marcando la diferencia, las tapas es cierto que no se piden…ahora bien, como el agua, tampoco se niegan.
        Un abrazo.

    2. Margarita Peña

      3 octubre, 2011

      Interesante relato aunque me he confundido en algún segmento.
      El escritor, evidentemente, logra la trasgreción de sumergirnos en un mundo de incomunicación y sinsetidos. Sin embrago, en un término más amplio, el autor no debe confundir al lector utilizando el caos narrativo (se pierde el hilo al no comprender, según mi óptica quién está hablando en cada momento).
      Sería algo así que para hacer reir al público en una obra de teatro los actores, simplemente, se rían.
      Con esto quiero decir, simplemente, que el caos precisa de orden, para empezar de las voces participantes: saber quién habla en cada momento. En segundo término, el sentido más amplio de la obra (en este caso un cuento): qué es lo que, en realidad, se quiere trasmitir mediante ese sinsetido, puesto que el mensaje final o moraleja nunca puede ser caótico. En este sentido, no queda claro el significado de la incomunicación lo que es lo mismo a no saber porqué alguien se moja todo el tiempo en una novela.
      Perdón por la extensión, creí conveniente aclarar este concepto.
      Saludos
      Margarita P.

    3. Felipe Ferrante

      3 octubre, 2011

      Hay relatos que se coronan con más fortuna que otros y este no creo que pase a formar parte de los afortunados,”Errare humanum est”. Ahora bien:
      El dialogo requiere una lectura atenta, de hecho hay otros lectores que si han hecho esa lectura y han captado la esencia del cuento. Quiero decir que no es tan difícil armar el rompecabezas, sólo hay tres personajes y uno de ellos repite siempre la misma coletilla. No quiero decir con esto que sea abiertamente claro, pero de ahí a afirmar que carece de sentido me parece cuando menos arriesgado. Por otro lado hay autores que afirman que señalar de una forma explícita quien habla a cada momento con el recurso “dijo Puri”, implica una falta de técnica y de oficio considerable, con esto no quiero decir que yo lo tenga. El lector debe de saber cuál es el turno de los personajes leyendo los pequeños detalles sobre los personajes que nos da el autor.
      El dialogo es confuso porque es esa confusión la que lleva al humor. El relato alude a lo absurdo, que puede o podría ser Per se, en sí mismo, sin necesidad de explicación. Como reseña recordarte figuras literarias como el Nonsense y corrientes como el Dadaísmo, Postismo y Surrealismo que abordan el absurdo las más veces de una forma abierta y sin muchas explicaciones por parte del autor.
      No obstante esa no ha sido mi intención,en el relato si hay un sentido, que no moraleja o enseñanza. El sentido lo encontrarás en el propio título del cuento… si sientes que tienes que hacerlo, quiero decir: Un relato, no provoca la misma reacción en todos los lectores. Hay quien ve muchas cosas detrás de una novela y hay quien no ve nada. Había un autor que después de escribir un cuento decía algo así como “ve por el mundo, cuento mío y libra tus batallas”
      Me hubiese parecido más adecuado decir que no lo has entendido o que no ha provocado en ti ninguna reacción, que aludir a la técnica o en este caso y según tu criterio, a la carencia de ella. Con esto no defiendo el cuento, es el lector quien tiene que defenderlo con el disfrute y goce del mismo.
      Saludos

    4. Gabriel Rodriguez-Paez

      12 enero, 2012

      Los regionalismos me han dificultado un poco la lectura, pero me las he sabido arreglar. Acá también tenemos los propios, por lo que es un esfuerzo grande escribir un relato en parlache, como llamamos esa jerga aquí. Por lo demás, como los escritos que le he leído, atrayente y muy de su estilo. Un saludo. Y como pos data: el autor al que aludes en el comentario anterior es el poeta colombiano JOSE MARIA VARGAS VILA y la cita la encontramos en el prólogo de su más conocida novela (aunque no por ello la mejor de su pluma) Aura o las violetas. Y se cita textualmente: “Ve, libro mío, y lucha tus batallas”. Lo tengo presente porque es así como despido mis escritos…

    5. Luna.de.lobos

      10 abril, 2013

      Muy divertido. Muy ligero, muy vivo, Felipe.
      Me ha gustado mucho cómo saltas de un juego de palabras a otro, cómo haces brincar al texto mismo.
      Un abrazo! :D
      Luna

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