Fabricantes de terremotos (novela, fragmento 4)

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    Espinoza, un chileno jubilado y paralítico tras un accidente en motocicleta que vivía en Buenos Aires bajo cuidado de su hija pero que sus mejores años los pasó en la oficina salitrera María Elena, en el desierto de Atacama, donde desarrolló variados trabajos, entre ellos clases de física y arqueología sin ser profesor, fue quien de manera indirecta convenció a Hiromu de aterrizar en Chile.  Espinoza era un apasionado de los temblores y por esta razón, una vez que la tierra se movía, anunciaba con una exactitud que atemorizaba la magnitud del temblor. Siempre acertaba. Era su juego. Antes de irse de María Elena por su dolencia indicó con mapa en mano la zona de epicentro de un grado 6 Richter. No se equivocó. Con eso confirmó su nombre de señor Terremoto.

    A pesar de esto, los periodistas siempre buscaron a Espinoza por sus historias de ovnis. Al escucharlo esas historias parecían creíbles. Sabía contar. Manejaba la tensión.

    En Argentina, Espinoza descubrió internet. Con internet comenzó otra vida.

    Espinoza armó un sitio web dedicado a monitorear las tormentas solares. Tenía todo el tiempo del mundo para interpretar la información sobre el sol que recogía desde sitios especializados. Estaba convencido de que en el sol estaba la clave para predecir el cuándo y dónde de los terremotos. Y hasta el momento no había fallado. En consecuencia su sitio, Cosmociencia.com, creció en visitantes, principalmente chilenos. Sin embargo, como no era científico su trabajo nunca pareció traspasar la barrera de aficionados a catástrofes y conspiraciones.

    Espinoza publicó y explicó por qué razón a fines de diciembre se produciría el gran terremoto del Norte de Chile y Sur de Perú. Este sería superior a 9 Richter. Ganó cientos de comentarios.

    A todo esto, Espinoza comenzó a recuperar movilidad en su cuerpo.

    Hiromu, quien se consideraba un científico serio, se retractó entre otros aspectos de contactarse con Espinoza pues este, además de ser astrónomo aficionado, se autodenominaba de ufólogo, socio de Greenpeace —según el banner de su sitio web— y  a la vez escribía un libro sobre una secta del norte de Chile que adoraba extraterrestres. El primer capítulo del libro estaba publicado en el blog y después de varias menudencias y lugares comunes despejaba una autobiografía. El capítulo dos, según el anuncio, iba a estar dedicado a un tal Lázaro Araya, el enigmático precursor de la secta según Espinoza, pero dejemos hasta ahí ese vericueto.

    Hiromu no creía en los extraterrestres ni iba a creer en estos, pero como muchos científicos y charlatanes seguía de manera silenciosa el sitio.

    Hiromu quería inmortalizarse.

     

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    CxF

     

     

    Comentarios

    1. Avatar de NicolasMattera

      NicolasMattera

      23 octubre, 2011

      Glorioso, nuevamente. Cada vez esty mas enchando… El giro “En Argentina, Espinoza descubrió internet. Con internet comenzó otra vida.” lo cambia todo, hace que renaza el relato, es una virtud tuya, me refiero a giros que mantienen la tensión.
      muy bueno, te sigo!
      Saludos

    2. Carlos Pérez

      23 octubre, 2011

      Exito.

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