Me siento solo

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    Me siento solo. Nunca me he sentido tan solo. Y sin embargo, estoy rodeado de aquellos con los que he compartido mi vida. Es una sensación horrible. “No hay nada peor que estar solo, pero acompañado”, escuché una vez.

    Todos me han dado de lado. Estoy enfermo, y nadie me quiere junto a sí. No sé muy bien qué es aquello que me daña, pero los demás temen contagiarse.

    Cuando compartimos secretos, cuando charlamos, cuando susurramos juntos, ya nadie me toma en cuenta. Todos me ignoran.

    Pero sigo aquí. Sigo junto a ellos, porque en el fondo, no puedo hacer otra cosa, por mucho que me duela. Yo solo no sobreviviría en ningún lado. Los necesito, y eso es lo que me aterra. Los necesito a pesar de que da la impresión de que ellos no me necesitan a mí. A algunos los he visto crecer. Yo les he enseñado las cosas que conozco, pero parecen haberlo olvidado.

    Ya llevo mucho tiempo así. Esto no tiene sentido. Para que funcione, tendríamos que arroparnos unos a otros, deberíamos tener un sentimiento común de ser un conjunto, como una manada de lobos, donde uno solo, por sí mismo, no tiene muchas posibilidades, pero que junto a los suyos, es casi invencible. Bueno, esto se ha acabado para mí. Ya nunca volveré a sentirme parte de esto. Nunca me mirarán de nuevo. Juraría que por la costumbre de ignorarme se han olvidado de que existo. Me siento viejo, pero hay otros que lo son mucho más que yo. Mi sabiduría no es valiosa.

    Yo ya no puedo más. Así no sé vivir. Voy a dejar de luchar por existir, pues total, no pierdo mucho.

    Noto cómo mi interior se va secando. Aquello que me sustentaba, ha dejado de sustentarme porque ya no soy capaz de absorberlo como antes. Lo que me mantenía en pie, empieza a debilitarse. No tardaré mucho en caer. Es el fin. Voy a morir y nadie se va a dar cuenta. Dejo que el sol ilumine mi figura quizá por última vez.

    De pronto, atisbo algo. No sé muy bien qué es, porque mi mirada se ha vuelto borrosa con el paso del tiempo. Pero sé que por ahí avanza algo. Viene hacia nosotros. Me esfuerzo. Una figura humana. Hace mucho que ninguna persona venía por aquí. Ellos parecen tener muy presente aquello de ser hombre o mujer. No entiendo muy bien la importancia de eso, y nunca he sido capaz de distinguirlos muy bien, pero creo que éste en concreto es una mujer.

    Cuando era joven, me encantaba estudiar todos los seres que se acercaban. Hablábamos de ellos. Los más fascinantes, eran los pájaros. Aquellos seres que se elevan hacia el cielo, que nos toman como los conejos toman las madrigueras. Era un honor para nosotros, el que las aves nos dieran tanta importancia. Los humanos, sin embargo, no nos tienen el más mínimo respeto. Nos usan como les place, sin tener en cuenta que nosotros también hablamos, también sentimos.

    Esta mujer parece diferente. Pisa descalza las hojas caídas que el otoño ha arrancando. Se aproxima, y observa a cada uno de los que una vez fueron mis compañeros. El sol atraviesa las ramas más altas, y la ilumina.

    Una vez escuché a un niño, los más bellos entre los humanos, hablar sobre los ángeles. Los describía con un ardor y una pasión inusitada. Esta mujer es lo más parecido a un ángel que he visto nunca. Parece etérea, parece levitar sobre las hojas. El silbido del viento es la música que ella danza, mientras, paso a paso se acerca. Llega a mi altura y se para. La puedo observar mejor.

    Por lo que conozco de las personas, esta no sería lo que ellas consideran como bella. Y sin embargo, paréceme no haber visto jamás ser más hermoso. Los cabellos rojos vuelan al viento, mezclándose con las hojas. El fino vestido blanco, flamea como nube en el cielo. Aletean sus ojos, observándome.

    Y de pronto, me acaricia. ¡Me acaricia! A mí, entre todos los demás. A mí, ni suficientemente joven para resultar tierno, ni suficientemente viejo para resultar enigmático. A mí, ser enfermo, a punto de caer de podredumbre, a punto de morir de soledad.

    Sus manos comienzan a sanar mis heridas, aún sin saberlo. Acerca su ancho cuerpo más y más a mí. Y me abraza. Me abarca entre sus brazos. Siento su vida recorrer mi interior, cicatrizando mi dolor.

    ¡Oh, bella caricia! Siento cómo sano por dentro. ¡Nunca he estado tan vivo!

    Rompe el abrazo. No, mujer. No te vayas, por favor. No me dejes solo otra vez. No lo hace. Se da la vuelta, y se sienta apoyando su espalda en mi tronco. Intento acomodar mis raíces a su cuerpo. Con mis ramas, la cubro del frío. Silbo dulcemente para evocar su sueño.

    Creo que soy el primer árbol que se enamora.

    Comentarios

      • Avatar de Luna.de.lobos

        Luna.de.lobos

        18 octubre, 2011

        Gracias, Paloma. Se me ocurrió mientras cruzaba los árboles cercanos a mi casa.
        Un beso

    1. Felipe Ferrante

      18 octubre, 2011

      ES un gran relato que podría ser mucho mejor si la fotografía que figura al principio no revelase el giro que va tomando el cuento.

      Felicidades.

    2. Avatar de Faith

      Faith

      18 octubre, 2011

      ¡Es realmente una maravilla!
      Y tiene tanto de cierto, los árboles sienten y por tanto igual sufren, y aunque estamos conscientes de ello igual se sigue dañando tanto a los árboles.
      Amé la última oración: “Creo que soy el primer árbol que se enamora”.
      Más tarde veré qué más has escrito, ahora tengo que ir a la preparatoria :(

      ¡Saludos!

    3. Avatar de Luna.de.lobos

      Luna.de.lobos

      19 octubre, 2011

      Muchas gracias, chicos. La verdad es que había pensado no poner foto para que se fuese descubriendo.
      Y lo de que los árboles sienten se nos hace raro, porque son tan diferentes a nosotros…
      Un abrazo!
      Luna de lobos

    4. Avatar de Elena Pardo

      Elena Pardo

      20 octubre, 2011

      Me a encantado, la idea de hacerlo sobre un arbol es muy original, me gusta muucho que al principio cuando lees el titulo y las primeras lineas piensas que se trata de un humano pero luego poco a poco vas descubriendo que se trta de un arbol por lo general esta muy bien un beso :D

      • Avatar de Luna.de.lobos

        Luna.de.lobos

        22 octubre, 2011

        Gracias, Elena. Me apetecía ponerme en la piel (o en el tronco) de un árbol, porque, al fin y al cabo, a pesar de que no tienen cerebro, ¿por qué no iban a sentir?

    5. Avatar de Michelle Razo

      Michelle Razo

      5 noviembre, 2011

      Wow, mientras iba leyendo no sé porqué me figuré que era desde la perspectiva de un libro.
      Me sorprendí bastante cuando resultó ser un árbol.
      Y esa última frase. Me gustó bastante.

      • Avatar de Luna.de.lobos

        Luna.de.lobos

        5 noviembre, 2011

        Vaya, a mí me ha sorprendido que tú pensaras que era un libro…
        Lo hice procurando que pareciera una persona, e ir descubriendo poco a poco la verdad, pero me gusta mucho esa nueva perspectiva.
        Muchas gracias, Michelle, y un abrazo!

    6. Pera Limonera.

      29 noviembre, 2011

      Creo que es la primera vez que me enamoro de un arbol :)
      Como siempre brillante Luna, enhorabuena.

      • Avatar de Luna.de.lobos

        Luna.de.lobos

        29 noviembre, 2011

        ¿Quién sabe realmente qué es el amor? ¿Y por qué no enamorarse de un ser tan diferente como es un humano? =)
        Muchas gracias Pera. Me alegra que te inspire eso que dices.
        Un abrazo!
        Luna de lobos

    7. Avatar de

      volivar

      5 febrero, 2012

      Luna de lobos… es muy bonito lo que relatas… nos haces recapacitar en la importncia de cuidar nuestro entorno… en especial a las plantas, a los árboles… esos árboles que en las ciudades los destrozan y no los dejan que extiendan sus ramas para protegernos de los rayos del sol… esos árboles, predilectos de los pájaros… echados al olvido por el hombre, a pesar de necesitarlos tanto, especialmente la mujer para ir a abrazarse a ellos, contarles sus sinsabores amorosos,

      • Avatar de Luna.de.lobos

        Luna.de.lobos

        5 febrero, 2012

        La actitud de menosprecio que hemos tomado en general hacia todo lo natural, siempre por debajo de la tecnología, es miserable.
        Gracias por compartir tu reflexión, Volívar.
        Un abrazo,
        Luna

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