Porque te quiero

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   Se querían tanto que decidieron dejar de verse. Cada uno quería a su modo, con su intensidad. Cada uno con sus necesidades, pero ante todo cuidando siempre el uno del otro e intentando no poner en peligro lo que cada uno tenía esperando en casa.

 

Ella: Es increíble lo mucho que he llegado a quererle, tanto que es más que un amigo. No es solo el hablar con él, ni la complicidad, es mucho más. Descubrir que alguien me escucha y me cuida, que le atraigo y le excito como nunca había sucedido con nadie, que antepone mi bienestar a sus caprichos y que, a su manera, me quiere, me necesita, buscando refugio en mí.

Nunca pensé que tuviera que parar todo esto, se está convirtiendo en algo demasiado fuerte que a ninguno de los dos nos beneficia. Yo no voy a dejar a mi marido y no quiero que él deje a su mujer. Solo quiero que sea feliz y esto no le hace ningún bien.

Comprendí que las cosas no iban por buen camino cuando los celos aparecieron rompiéndolo todo. Él no lo sabe, pero siento unos celos que me destrozan por dentro y no puedo explicarme por qué. Tengo miedo; miedo de estos celos, miedo a la desconfianza, miedo de perderle.

Estoy metida en una espiral de la que debo salir, y la mejor manera es poner tierra de por medio. Pronto pasará, porque todo se pasa, y entonces podré volver a retomar la amistad que nos unía al principio. Sé que no debo quererle y no he sabido controlarme. No sé cómo se lo diré… No puedo decirle que le quiero porque le prometí que jamás lo haría, pensando que el amor es algo que se puede controlar… pero no.

 

Él: Lo sabía, sabía que acabaría enganchado en esta relación. Era demasiado morboso para poderme resistir, con un cuerpo de vértigo y un carácter al que era imposible no sucumbir.

Intenté mantener el control, sosegarme, incluso hubo un tiempo que, mediante excusas, dejé de verla, pero ahora ya no puedo más. He pasado de desearla a quererla, así sin más, sin poder evitarlo, sin pensarlo.

Yo solo quiero que sea feliz, y jamás he tenido la intención de meterme en medio de su vida poniéndolo todo del revés, pero ahora… Ahora solo quiero escaparme con ella, lejos, perdernos, desaparecer, que sea solo mía, que nadie más que yo la pueda tocar. Es una adicción, es aún más fuerte que eso. Y no puedo decírselo porque la prometí que jamás llegaría a este punto. ¿Y ahora? El miedo me invade, no quiero perder esta amistad, pero tampoco quiero sentir amor. Sí, lo he dicho, amor. Me he enamorado de ella. Yo, el que dijo que nunca lo haría, el que dijo que teníamos que ser conscientes de que aquello solo era placer. Yo que estoy loco por mi mujer desde hace más de diez años, yo. Yo, que ahora, temo perderlas a las dos.

Debo alejarme, seguro que con el tiempo todo esto se enfriará y se apaciguarán las ansias de tenerla.

 

   Quedaron, decididos a cortar la relación. Apenas cruzaron palabra, solo fueron desnudándose el uno al otro, lento, con ternura, en medio de una lluvia de besos, de caricias. Cuando la habitación por fin quedó en silencio y los dos volvían a sentir la calma, saciados, pensaron que tal vez ese era el mejor momento para confesar lo que les rondaba la mente desde hacía tiempo ya.

   Tumbados en la cama, el uno junto al otro, se miraron y sonrieron. Solo con eso supieron lo que iban a decirse. Se abrazaron y durmieron un poco juntos, sabiendo que era la última vez.

 

(Dedicado a Maite Riesco)

Comentarios

  1. Avatar de marcof

    marcof

    12 octubre, 2011

    Muy bueno! En mi imaginacion ellos seguiran teniendo encuentros furtivos. Quien dice que no se puede amar a dos o mas al mismo tiempo? jajjaja.
    salud!

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