Ricardo

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¿Cómo, con la edad que tenía, podía ser tan ingenua de creer que yo sentía algo por ella?

Sí, es cierto, habíamos salido algunos meses, pero yo nunca le dije que fuéramos en serio. Solo buscaba a alguien con quien entretenerme los días en que mi mujer estuviera fuera de la ciudad. Viajaba mucho y yo tenía que cubrir mis necesidades básicas, y ella apareció en el momento en que yo tenía necesidad.

No se lo dije, es cierto, no le dije que estaba casado y que aquello era un divertimento y poco más. Pero no pensé que fuera necesario. Vamos a ver: evitaba las frases que me comprometieran, nunca le regalé nada, no la llamaba nunca a no ser que fuera para… para quedar, se entiende, ¿no? Todo eso deja claro el tipo de relación que yo buscaba. Esa manía de querer hablarlo todo es típica de las mujeres. Los hombres somos más sencillos: cuando algo nos gusta, lo disfrutamos, y si nos disgusta lo dejamos pasar.

La noche que se enteró de que estaba casado fue un drama, para ella claro. Yo ya había tenido mi ración y, cubiertas mis necesidades, me daba lo mismo lo que llorase a mi lado en la cama. Yo estaba cansado por el esfuerzo y desconecté enseguida. A los cinco minutos me quedé dormido. Sus gimoteos no me iban a quitar el sueño. Ella siguió hablando y llorando. Bueno, si así se desahogaba, pues mejor dejarla, ¿verdad? Tampoco era cuestión de echarla de la cama, aunque con ganas me quedé aquella noche. Pero no, no soy un desalmado y la dejé llorar a gusto.

Lo que jamás imaginé es que se fuera a tomar tan mal algo que era más que previsible. La mañana en la que decidí romper con aquella aventura pasajera que me había mantenido ocupado seis o siete meses, ella no supo encajarlo. Las mujeres nunca saben encajar las rupturas, debería ser algo que aprendieran desde pequeñas: todo hombre llegará, te enamorará y te dejará, no te llames a engaño, todos somos así. El saberlo les evitaría muchas decepciones.

Pero no, ella tuvo la típica reacción, balbuceando absurdeces como que creía que yo la quería; era obvio que no, pensé yo, pero no quise interrumpir su perorata simplona.

La dejé ir tranquila después de que se desgañitara insultándome y maldiciendo todos los días que estuvimos juntos, arrepintiéndose de haberme conocido. Típico de una mujer melodramática y ella lo era, y mucho.

¿Por qué no se quedarán con lo bueno? Con lo mucho que la he hecho disfrutar y sin pedirle nada a cambio, nada que ella no quisiera darme, claro. Yo no la pedí que me quisiera, porque yo tampoco hubiera hecho esfuerzos por quererla. Además, yo ya tenía a mi mujer, ya me había complicado la vida una vez por querer a alguien. No iba a caer en ese error ni una vez más.

Lo que está claro es que jamás pensé que tendría el valor de presentarse en el trabajo de mi mujer para contarle todos los revolcones que nos habíamos pegado en sus ausencias. Hay que ser mala y rencorosa para hacerme eso. Muy típico en las despechadas.

Mi mujer no supo encajarlo bien y cuando volví a casa tenía la maleta en la puerta y los papeles del abogado que aún no he leído. Rápida en cazarme, rápida también en dejarme.

No pensaba cederle en nada. Por suerte, mis chanchullos con los bienes la dejaban a ella sin recursos. ¿Quería el divorcio y marcharse? Perfecto, ahí tenía la puerta.

Ahora estoy solo, y mejor así. No necesito a nadie. Tengo mi casa, mi coche, mi trabajo y buen sexo, lo tengo todo.

He conocido a una jovencita preciosa que me da todo lo que la pido y más, y a cambio no me exige que la quiera, no, solo que la lleve en mis viajes, algún regalo caro, acompañarme a cenas de trabajo, cosas así. Sin sentimientos, sin explicaciones. Ambos sabemos a qué atenernos, así no hay engaños.

Es fantástica, en todos los campos. Se está haciendo cargo de mis negocios lo cual me deja tiempo libre para mis hobbies, solo debo firmar cuatro papeles de vez en cuando que ni me molesto en leer. Tengo plena confianza en ella, una joven ambiciosa y segura de sí misma, que vive bien bajo el cobijo que le da mi sombra. No tengo motivos para desconfiar. Tengo demasiados años de experiencia, más que ella. Si me la estuviera jugando, yo lo vería venir.

 

(Dedicado a Robert Fornes)

Comentarios

  1. Pao

    25 octubre, 2011

    Simplemente impecable, mis felicitaciones

  2. Avatar de Cat Yuste

    Cat Yuste

    25 octubre, 2011

    Vaya…. seguro que más de una pega tiene. :)
    Gracias por las felicitaciones, me alegra que te haya gustado. Gracias

  3. Avatar de Gabriel Rodriguez-Paez

    Gabriel Rodriguez-Paez

    26 octubre, 2011

    En lo formal, cuídate de los dequeísmos y de las palabras que suenan parecido en la misma frase. En cuanto al fondo la apreciación es la siguiente: te felicito porque en lo que te he leído tu virtud -que un narrador difícilmente la logra- es dar con el final en forma convincente. Y la otra no es tan halagüeña: siento que tus personajes masculinos dejan de ser creíbles para pasar a ser una caricatura del hombre perverso y sin sentimientos. Ortega y Gasset hace una comparación oportuna: “No se puede definir al médico a partir del médico mediocre así como no se puede conceptuar al carpintero a partir del mal carpintero”. Tu Novena Sinfonía, “El dolor de la felicidad” ahondó lo suficiente en la psicología de esta clase de tipos. Ahora, creo, puedes abordar temas de mayor envergadura, como puede ser su antípoda: el hombre enamorado. Por lo demás un gusto leerte. Saludos.

    • Avatar de Paloma Benavente

      Paloma Benavente

      26 octubre, 2011

      Estoy de acuerdo con John en que a veces los personajes masculinos se convierten en arquetipos.
      Pero hay una cosa que me llama la atención: Swann siempre se queja de errores gramaticales que yo no veo por ninguna parte. En este texto en concreto no hay ningún dequeísmo. Ni uno solo. Me gustaría que, si me equivoco, me saque de mi error.

      ¡Un saludo!

  4. Avatar de Cat Yuste

    Cat Yuste

    26 octubre, 2011

    Me encantan tus valoraciones, Jhon. Las tendré en cuenta, lo sabes.
    Sé que “El dolor de la felicidad” trata esto de forma más perversa y profunda, y estoy de acuerdo contigo en que me he quedado estancada en cierto tipo de personaje, demasiado desgastado ya por mí. Lo reconozco. Intentaré cambiar eso, no lo dudes.
    Con respecto al “dequeismo”…. sería tan sencillo como repasar el texto cuatro veces en vez de tres. Pero tiene una explicaión muy simple ese error, mis textos los digo en voz alta (cual actriz/actor) y a veces imitan en demasía la manera de hablar y no la forma correcta de escribir. Procuraré corregirlo. No lo dudes.
    Gracias por estos apuntes, Jhon. Un abrazo!

  5. Avatar de Cat Yuste

    Cat Yuste

    26 octubre, 2011

    Paloma, Jhom ha descubierto mi blog y deduzco que ha leido mis textos (cosa que le agradezco enormemente)
    Supongo que esa apreciación es en general (me alegra que en este texto concreto ya no haya cometido ese error) Espero por mi bien que el “laismo” y el “leismo” también se me corrijan.
    Un placer vuestros comentarios, es la única manera de aprender y mejorar.

    • Avatar de Paloma Benavente

      Paloma Benavente

      26 octubre, 2011

      Hombre, Cat, no es por desmerecerte, pero en esta página hay correctores. No creo que un laísmo o un dequeísmo se “curen” así como así, y menos cuando el que escribe no es consciente de si los comete o no, ¿no crees?

  6. Avatar de Cat Yuste

    Cat Yuste

    27 octubre, 2011

    Yo considero que todo error se puede remediar. Se puede aprender a corregirlo, o al menos intentarlo.
    Sé que miras bien todos los textos para que no tengas errores, y yo te lo agradezco mucho.
    Mi intención es aprender lo más posible y corregir esos fallos, que lo consiga o no ya se verá! :)
    Un abrazo y gracias de nuevo.

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