Dos asientos juntos

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    Sucede que, a veces, entre los escombros surge la esperanza. Momentos en los que por una extraña conjunción planetaria uno se reconcilia con la condición humana. Y, en este caso, ellos fueron los culpables.

    Ella tiene menos años de los que aparenta y la vida la ha puteado un pelín. Empezó a currar siendo una niña y nunca fue a la escuela. Creció en un pueblo perdido donde solamente había hambre y el mar y los sueños quedaban demasiado lejos. Tuvo un marido que le dio cinco hijos y que apenas nació el pequeño, se marchó. Pero antes de marcharse le enseñó cómo duelen los golpes de correa y las palizas porque sí. Ella aprendió que el miedo huele igual que el aliento de un borracho y que resignarse y dejarse profanar era el sino de una buena esposa. También aprendió a mirar para otro lado cuando él decidía hacer una visita a cualquier casa de putas de la calle Jazmín o de San Juan de los Reyes. Aprendió, sin más remedio, a hostias, por sus hijos.

    Él se acaba de jubilar. Toda su vida la ha pasado entre trenes y despedidas ajenas. Era maquinista de Renfe. Es viudo y tiene dos hijos. Su mujer, su bendita, no resistió la enfermedad que la tuvo en el hospital durante más de dos años. Se fue una mañana de primavera y él, que durante toda su vida no ha sabido más que ir a remolque de lo que ella dijera, se encontró perdido. Desde entonces pasaba las mañanas dando vueltas por la plaza y haciendo los mandados que siempre que podía, le encantaba hacer con ella. De vez en cuando, entraba en el bar de Vicente, último reducto de otros tiempos que aún sobrevive en el barrio, se pedía un vermut y lo compartía con sus recuerdos: el domingo de Ramos, esperando ver salir la Borriquita en San Andrés, con ella de su brazo. El miércoles de Corpus, con clavel en la solapa y dos entradas del tendido 3 para ver a Curro Montenegro. Los días de Navidad cuando había guardias con casco blanco dirigiendo el tráfico, a los que todo el barrio conocía, y pavos en Bibrrambla y caballos de cartón y trenes de hojalata y braseros de picón y niños de la OJE.

    El caso es que él andaba solo y ella no esperaba ya nada de la vida. Se conocieron de casualidad. Y es un gustazo poder ver cómo se buscan de reojo como dos adolescentes. Si están delante de sus hijos y él le roza la mano, ella se ruboriza como si fuera una niña. Se necesitan y se respetan. Pero sobre todo, se quieren a su manera. No como un amor apasionado pero sí de la forma en que dos personas solas reconocen sus carencias y encuentran una afinidad que, o bien nunca la han tenido o bien la han perdido. El caso es que él se preocupa por darle todo lo que nunca le dieron que en definitiva solo es cariño. Y con una exquisita ternura, retrocede sobre sus pasos si ve que a ella le entra miedo, por culpa de experiencias pasadas. Dicen que solo son amigos, pero sus hijos saben la verdad.

    Ahora, cada dos por tres, salen de viaje. Disfrutan de una vida nueva. Se sienten más jóvenes y tienen ganas de pegarle un bocado a la vida y plantarle cara a los achaques. Quieren disfrutar, reírse, contarse secretos, bailar un pasodoble en cualquier verbena, cogerse de la mano. Y piensan que el día que les llegue la hora del último viaje, mirarán a los ojos de Caronte y, dignos y serios, con torería, le tirarán un par de monedas y le dirán: “llévanos a donde te dé la gana, pero que los asientos estén juntos”.

     

    CxF

    Comentarios

    1. Avatar de Falsaria

      Falsaria

      2 noviembre, 2011

      ¡Bienvenido a Falsaria!

      Gracias por publicar en la red social literaria.

      Un saludo,

      El equipo de Falsaria.

    2. Avatar de dannieldiez

      dannieldiez

      3 noviembre, 2011

      Increíble descripción, increíble construcción de personajes. Bienvenido!! Deseoso de leer un nuevo cuento tuyo!
      Un abrazo!!

      • Avatar de Alvaro.Iranzo

        Alvaro.Iranzo

        7 noviembre, 2011

        Gracias, Daniel. Es un placer estar por aquí. He leido tus textos y me han gustado mucho. Un abrazo, compañero.

    3. Avatar de Paloma Benavente

      Paloma Benavente

      24 noviembre, 2011

      Me gusta mucho la ambientación que haces y cómo usas su universo de recuerdos de un pasado ya casi inexistente de berbenas y pasodobles.

      ¡Un saludo!

    4. Avatar de Carmen

      Carmen

      8 enero, 2012

      He leído esta tarde todos tus artículos. Y éste, que ha sido el último, es el que, como suele decirse, le pone la guinda al pastel. Me ha encantado.
      “El caso es que él andaba solo y ella no esperaba ya nada de la vida. Se conocieron de casualidad”
      Los personajes se te quedan grabados y al terminar de leer, deseas que todo les vaya bien en la vida!
      Me ha encantado.
      Saludos. Te sigo la pista!

    5. Avatar de Luna.de.lobos

      Luna.de.lobos

      8 enero, 2012

      “le tirarán un par de monedas y le dirán: “llévanos a donde te dé la gana, pero que los asientos estén juntos”.”
      Esa frase da el toque final, que para mi gusto, el relato necesitaba.
      Un abrazo, Álvaro,
      Luna

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