Fotos

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    “Las fotos son un instante robado a una época ya vivida. El pasado encerrado en un pliegue de papel. Un artilugio que nos permite viajar por el tiempo, siempre regresando, para encontrarnos con aromas y colores, sonidos y sensaciones.

    Que extraña invención que nos roba imagen y la inmortaliza”

    Afuera…

    Las nubes corrían ligeras por el cielo, era de día, pero ellas habían logrado traer la noche antes de tiempo. El invierno se despedía, no sin antes dejar una torrencial lluvia. Las plantas se movían inquietas, queriendo proteger a los pequeños brotes de primavera. Las ramas desnudas de los árboles se mantenían firmes mirando al cielo.

    La casa se había mimetizado con el oscuro, sus colores habían desaparecido. La luz se escapaba por la ventana más alta, como si fuera el ojo de un tuerto. Las gotas chocaban contra el vidrio y se fundían en una catarata, para terminar prendidas a la tierra. El árbol uso al viento para arrimarse y observar en el interior. La curiosidad no era un acto solo para los hombres.

    Todo parecía una pintura, donde la mano del autor se movía sin control.

    Adentro…

    El hombre sostenía en sus manos un montón de fotos. A su alrededor se agrupaban  viejos baúles, hermanados con otras tantas cajas de cartón. Sillas, mesas, juguetes, libros, todo se mezclaba en la habitación. El altillo en ese momento era el corazón de la casa. El polvo se apilaba en todas partes, telarañas eternas y cientos de ojos con sus patas se movían por doquier. Una gotera salpicaba viejos cuadernos desparramados en el piso. La lamparita alumbraba con luz mortecina, todo se veía en color sepia, como las fotos en la mano del hombre. Un golpe lo sobresalto, sus ojos buscaron el origen del ruido. Las ramas del eucalipto golpeaban en la ventana, como si pidieran permiso para entrar.

    Eran tan estáticos los movimientos del hombre, que él mismo parecía estar dentro de una fotografía.

    Afuera…

    La lluvia era una densa cortina húmeda. Los charcos en el suelo eran espejos donde las nubes se miraban. Un pájaro perdido voló negligentemente hasta caer en el césped, y allí se quedo. Un perro sentado bajo el alero, se adormecía al son del golpeteo de la lluvia. Los sapos salieron de los pozos y se metieron en la pileta descubierta, su croar inundo el parque. La hamaca se mecía sola, como si algún espíritu intrépido la hubiera montado para divertirse. El jaulón para pájaros estaba vació, la lluvia entraba y salía sin que los barrotes le impidieran la libertad.

    Aún era de día.

    Adentro…

    El hombre encontró la foto que buscaba, dejo las otras y se puso a contemplar la que tenia en la mano. La imagen le recordó el pasado, los aromas y colores de un día que ahora estaba en el recuerdo. Cerró los ojos, y se dejo llevar. Todo a su alrededor desapareció.

    Sentía el contacto del papel en sus dedos, acariciaba a las figuras que en el se reflejaban. Todo su cuerpo era un torbellino de sentimientos, sus ojos derramaban lagrimas sin control, casi no respiraba. Todos sus sentidos estaban muy atrás en el tiempo, oyendo, oliendo, tocando, mirando…la felicidad en un imperceptible instante se apodero de él, y se marcho dejándolo vació.

    Afuera…

    El viento ya no soplaba con la misma intensidad del principio. El jardín despedía un dulce aroma a tierra húmeda. Los sapos salieron de la pileta llevados por el agua que desbordaba. El perro sacudió su melena mojada y con su lengua comenzó a lamer sus enormes patas. La lluvia era muy tenue, en suave y fina caricia se dejaba derramar. Al ave que aún permanecía en el suelo, parecía resignada a su destino. Las nubes eran menos densas y la claridad daba paso a la luz del día.

    Adentro…

    El hombre estaba de pie en el medio de la habitación, un ruido lo hizo acercarse a la ventana, al mirar afuera se dio cuenta que faltaba poco… Se acomodo la corbata negra, toda su ropa, excepto la camisa era de color oscuro. Sus zapatos bien lustrados seguramente se embarrarían al salir. Sus brazos colgaron al costado de su cuerpo, en una de sus manos aún llevaba la foto, la apretaba con fuerza. Una bocina le recordó que el cortejo se acercaba. Hecho una mirada a la habitación, seco sus lágrimas, apago la luz y salió.

    Afuera…

    El hombre comenzó a caminar hacia el portón. Ya no llovía, las nubes se marchaban dejando paso a los últimos rayos del sol, aquellos se multiplicaban en las gotas que aun pendían de las plantas. El hombre pudo ver el primer vehículo del cortejo, alguien abrió la puerta del coche  y lo llamo. El perro se quedo mirando la hilera de autos que se perdía por el camino, ladro a modo de despedida y volvió a su rutina. El pájaro en el piso, aún luchaba por secar sus plumas. El viento amarro en los árboles y se aquieto. La noche se apodero de los rincones e hizo su trabajo. Los grillos comenzaron su canto…la vida siguió como siempre.

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