Me vuelves loco

Escrito por
| 800 1 |
    hombres-vs-mujeres-1101

    Ya estaban discutiendo otra vez en la sala de reuniones, a voces, como gallos de pelea, intentando imponer a fuerza de gritos su criterio. Siempre que se juntaban, saltaban chispas. Raro de entender que sus jefes aún les siguieran encargando los mismos proyectos. En  el fondo sabían que eran los mejores cuando trabajaban juntos, capaces de vender cualquier campaña publicitaria al más obcecado de los empresarios, y eso era bueno para la agencia, que discutieran más o menos (para sus jefes) no tenía la menor importancia.

    Eso es lo que sucede cuando intentas juntar dos personas con tanto carácter. Tan iguales, en principio, y sin embargo tan distintos. Quizá eso les hacia ser el pack perfecto, complementándose, supliendo las carencias el uno al otro, aunque eso fuese algo que ninguno de los dos sería capaz de reconocer.

    Roberto era lo que podríamos llamar un maduro interesante. Un hombre afable, con aspecto simpático y cercano. Tenaz y trabajador al máximo y de gran inteligencia e intuición, de ideas fijas, al que le faltaba quizá un punto de creatividad que ella completaba a la perfección.

    Eva era una mujer sensualmente inteligente e insultantemente joven, discreta y modesta, pero firme y segura del papel que jugaba en la empresa. Tenía que vérselas con demasiados hombres y eso le había creado mecanismos de defensa dignos del mejor acorazado. Con alto poder de convicción, a la que, la mayoría de las veces, le faltaba mano izquierda en el trato al cliente;  claro que él ya la tenía por los dos.

    Tenían ideas geniales, autenticas bombas publicitarias de esas que dejan huella, pero no se soportaban, eran incapaces de pasar un rato juntos sin acabar discutiendo por la razón más nimia. Todos lo sabían en la oficina y ellos tampoco hacían nada por intentar disimularlo.

    Jamás se sentaban juntos a no ser que fuera imprescindible. No se les veía mantener una conversación que no tuviera algo que ver con el proyecto que tuvieran entre manos. Ni se miraban cuando se cruzaban por la oficina. Una relación tensa e incómoda.

    Y aun así, incluso teniéndose ese odio irracional, cuando se unían en un frente común la genialidad se desbordaba dejando deslumbrados al cliente y al resto de los compañeros con los resultados.

    La discusión que ahora mantenían podía oírse por toda la planta, pero nadie tenía valor para poner orden, ni tan siquiera para interrumpirles. Eva quería imponer su criterio, como de costumbre, llevando la causa a su terreno, pero Roberto estaba convencido de que en aquel proyecto había que darle un giro de ciento ochenta grados. Como era de costumbre, ninguno daría su brazo a torcer.

    Todo se zanjó cuando él abrió la puerta exacerbado y girándose desafiante le dijo:

    — ¡Me vuelves loco!

    A lo que ella le contestó:

    — ¡Lo sé, es lo que quiero!

    Roberto cerró la puerta con un sonoro portazo y cruzó la oficina con paso decidido y gesto visiblemente malhumorado. Cogió su maletón sin apenas detenerse en su mesa y fue directo al ascensor.

    A los pocos minutos salió Eva de la sala de reuniones. Sonriente, victoriosa.  La moqueta amortiguaba el golpe seco de sus tacones. Segura y satisfecha, cogió su bolso, puso cuidadosamente la chaqueta en el brazo y aprovechó que el acensar se abrió en esos momentos para montarse y bajar.

    Cuando llegó a la calle, paró un taxi con un simple gesto. En apenas veinte minutos estaba en la puerta de Hotel Imperial. Cruzó el hall decidida, como quién viene frecuentemente, y sin titubeos se montó en el ascensor. Al llegar al noveno piso, golpeó con los nudillos la puerta de la novecientos once.

    Roberto abrió la puerta, por un segundo se quedó impasible, mirándola fijamente. Eva hizo amago de bajar la cara, pero él rápido el sujeto con firmeza de la barbilla:

    — Me vuelves loco.

    — Lo sé, es lo que quiero…

     

    (Dedicado a Alex Bassas)

    Comentarios

    1. Avatar de Gabriel Rodriguez-Paez

      Gabriel Rodriguez-Paez

      12 enero, 2012

      Este es diferente de lo que has escrito: es ágil, demanda prisa, no detenerse. Y como en los anteriores, sabes dar con el final. Sólo una cosa: revisa la digitación antes de publicarlos: en la frase final se lee: “…pero él rápido el sujeto con firmeza de la barbilla…” Como lo puedes notar, hay un error de tipeo. Pero eso se corrige con una leída rápida. Saludos.

    Escribir un comentario