Tacones rojos

Escrito por
| 632 | 3 Comentarios

El ruido de mis tacones rojos chocando lentos contra el suelo llena la calle que me aleja de su casa.

   Siempre intenté que esto no se nos fuera de las manos, que no le afectase, que no le doliera, que ante todo fuera feliz y se sintiera pleno con el placer que le daba.
    Quise que tuviera las cosas claras desde el principio, que aquello solo podía ser sexo, sin mezcla de sentimientos. Demostrándole que nadie sería capaz de darse de esa forma tan salvaje, tan pasional. Yo me consideraba su compañera de juegos, sin límites, sin exigencias, sin tabúes y, ante todo, sin explicaciones.
   Ninguno lo buscábamos pero surgió así aquella noche en que coincidimos en esa aburrida presentación del libro de un amigo común.
   Acabamos escapando del tedio refugiándonos en un bar cercano. Hablamos durante largo rato y, casi sin darme cuenta, bajé la guardia y me dejé llevar por una increíble atracción, sin pensar en las consecuencias que aquello iba a tener para él, nunca para mí obviamente me creí inmune.
   Cada vez quedábamos con mayor asiduidad, porque nos necesitábamos, porque aquello se iba convirtiendo en un vicio al que no queríamos renunciar. Siempre teniendo claro que aquello no era amor y que no debía convertirse en eso. Estaba claro que el día que sucediera la relación tendría que terminar. Ninguno de los dos estábamos dispuestos a renunciar a lo que teníamos en casa. La sinceridad formaba parte de nuestra relación. Yo no quería romper su matrimonio, aunque en el fondo pensara que ella no era la mejor opción para él. En mi caso era, simplemente, una cuestión de vanidad. Necesitaba sentirme deseada de una manera constante y a ser posible salvaje sentir que aun tenía poder sobre los hombres. Para ello seducía a aquellos que, de alguna manera, se les pudiera considerar difíciles. Un reto que yo misma me imponía. Ese era mi juego, convertirme en aquello que ellos buscaban, un personaje creado exclusivamente para ellos, y disfrutar durante un tiempo de mi triunfo, pero nunca más allá del mero placer. Jamás confundí sentimientos con sexo. Jamás.
   Pero con él… Yo creía que lo teníamos claro., pero hay cosas que no se pueden controlar, o yo al menos no he sabido.
   Adoraba sus rarezas y sus peticiones que daban un tinte morboso a nuestros encuentros, cuajados de perversiones, juegos de dominancia y sumisión.
   La primera de sus peticiones, exigencia, fue que siempre que quedáramos llevara tacones rojos. Mi armario ahora está repleto de zapatos rojos…
   Se convirtió en algo incontrolable por su parte. Quería verme a todas horas, en cualquier momento podía llamarme y yo acudía siempre, por complacerle y no desobedecerle. Pero siempre sabiendo cuál era mi lugar. De alguna manera, yo tenía las riendas porque era él quién no sabía estar sin mí.
   Nunca quise saber si aquello lo hacía con alguien más, no era a mí a quién debía darle explicaciones, esa no era la reacción que se esperaba de mí.
   Llevaba más de una semana sin saber de él y por eso decidí presentarme en su casa. Necesitaba verle, saber si estaba bien, estar con él y hacer realidad todo lo que se le pasara por la cabeza.
   Se ha sorprendido mucho al verme pero sé que le ha gustado encontrarme en su puerta, con mis tacones rojos.
   Ha debido ser duro para él, tanto como para mi inesperado. Apenas ha levantado la cabeza, no ha podido mirarme mientras me lo contaba. No puedo creer que se haya enamorado, prometimos que no llegaría nunca a esto, dijimos que lo controlariamos. Tal y como habíamos acordado en un principio, nuestra relación se para aquí. Seguir adelante no nos lleva a ninguna parte o quizá só, pero somos tan cobardes que no nos atrevemos a comprobarlo.
   Me ha pedido tiempo, cree que dejando el contacto las cosas se calmarán y quizá en un futuro podamos mantener una relación al uso, como dos amigos.
   Me ha confesado que no lo puede controlar, que me necesita y que los celos se hacen insoportables. Tanta locura puede llevarnos a cometer un error y poner en peligro mi matrimonio. No quiere verme sufrir, dicem y  sabe que el hecho de que yo no sienta lo mismo que él me va a causar sentimiento de culpa.
   Le entiendo y por eso le he prometido alejarme, no quiero verle sufrir, no quiero que esto le pueda afectar más de lo necesario. También busco protegerme yo.
   No buscaba amor, pero ahora siento un gran desasosiego. Quizá yo también le quiero, quizá debería volver para decirle que podemos intentarlo. Jamás nadie me había hecho sentir tan imprescindible, tan querida, única, insustituible… Sé que no va a encontrar nadie como yo, con este nivel de complicidad… y que le quiera más que yo, sabiendo apreciarle con sus rarezas y sus virtudes.
   Estoy pensando en darme la vuelta…
   Mis pasos resuenan en el eco de la calle que me aleja de su casa. Se confunden con el ruido decidido de los tacones rojos de una rubia que se acaba de cruzar conmigo.
(Dedicado a Luis Muñoz Diez)

Comentarios

  1. Profile photo of Gabriel Rodriguez-Paez

    Gabriel Rodriguez-Paez

    11 enero, 2012

    Una observación apenas: las terminaciones en -ase (afectase) suena mejor en -ara (o por lo menos esa fue la corrección que a mi me hicieron hace algún tiempo. Y el uso de palabras de poca usanza (asiduidad) que distraen al lector de la lectura (aunque a mi también a veces se me escapan palabras así) “La sinceridad formaba parte de nuestra relación. Yo no quería romper su matrimonio, aunque en el fondo pensara que ella no era la mejor opción para él.” “Seguir adelante no nos lleva a ninguna parte o quizá só, pero somos tan cobardes que no nos atrevemos a comprobarlo.” El final es excelente, quizá el mejor que te haya leído: es sencillamente inesperado, incluso para mí, que ya lo daba por concluido.

  2. Profile photo of Per

    Per

    26 noviembre, 2012

    Valió la pena esperar Cat, valió la pena. Me ha gustado mucho. La historia y sobretodo el final, a mí me gusta como lo has planteado, la frase es ambigua “Se confunden con el ruido decidido de los tacones rojos de una rubia que se acaba de cruzar conmigo.” ella no comenta si es rubia, por lo que puede referirse a ella misma antes de reflexionar o a otra mujer, como lo veo yo, aunque podrías intensificar más la ambiguedad, para dar más gusto aún a gente rara como yo.. je je.

    Por otro lado, veo que podrías haberlo releido antes de envaarlo, hay algunos errores tipográficos (como el só) y faltan algunas comas que complican la lectura, pero la historia es magnífica, a mí me has metido dentro de la cabeza de la chica y del hombre… en situación. Mi voto y ganas de leer más.

Escribir un comentario

Currently you have JavaScript disabled. In order to post comments, please make sure JavaScript and Cookies are enabled, and reload the page. Click here for instructions on how to enable JavaScript in your browser.