Tímido amor, sabor a sal

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 Tú. Atrincherada en la barra, sonriendo como si el mundo se fuera a echar a tus pies pronto, quizás un viernes por la noche como esta noche. La cerveza que tomo pasa como un bálsamo en mi garganta. La fría corriente invadiendo mi alma; una caricia en mi panza; una felicidad (de fracción de segundo) prestada y por tanto la mejor felicidad que un par de libras puede comprar.

POLVO DE ORO – Javier Walter Farfán.

 

Voy a desaparecer, ser un fantasma, no hablar, no reír, no inmutarme por nada. Ser un inmigrante sin alma ni corazón ni nada. Ayer, justito ayer, he soñado que te correteaba como niño, como aquellos días celestes de tanto amor. Estabas con tus leggins negros, esos que te marcaban tan bien el cuerpo sin gym, estábamos en la playa del Sur, íbamos casi volando por las arenas tibias de ése mar que no me gusta para nada, nadita. He soñado, por fin con tu rostro y he notado que no te he olvidado. No sé qué día es, tampoco sé  qué hora es. Esta habitación es terca con el frio, blanca, pulcra, choncha; he notado que una chica de blanco me mira y limpia, husmea mis hojas escritas con lápiz, lapicero, plumón o lo que tenga; luego yo bostezo y duermo como un niño, es raro; dormir, comer poco que casi ganas no tengo, pero no estás tú, la otra vez sentí tu voz, tu presencia, el humo de tu humor, tu perfume Calvin Klein, y me has tocado, el muslo, como acostumbras tocarme jugando juntos en las veredas barranquinas, cuando jugando me pellizcabas el poto flaco y  de ahí saboreabas con tus dedos dentro del bolsillo de mi jean mi muslo, pero no mi muslo exactamente. Me he percatado, he arañado mi alma; te has acercado más y he sentido tus pezones cerca de mi pecho. Y he recordado hábilmente cuando hacíamos el amor.  Has estado ahí y me he excitado. Entonces te estaba contando te he soñado, tu piel casi rosa, ese olor que ahora maldigo, por que arde como tu ausencia, tu cabello ensortijado, tu aroma a sal. He arañado mi sueño, he gritado, la señorita vestida de blanco me ha dado una gragea amarga, tan amarga como tragar alquitrán. Eso me ha hecho dormir, pero esta vez no he soñado nada, todo oscuro, ¿No te ha pasado que a veces no sueñas nada?

No sé qué hora es, pero hoy te he extrañado, y te extraño. No sé cuánto tiempo no nos hemos visto, no sé cómo, cuándo y dónde nos hemos dejado de ver, no sé si ya tu padre se enteró que estábamos juntos cada vez que ellos salían al club, y que nos moríamos por tener un bebé; que una vez no te venia la regla y que yo estaba feliz, pero el bebé no nació. ¿Recuerdas?, ahora se me viene a la mente cuando comíamos pollo a la brasa y tú siempre me  decías “Dile al chico que te traiga más mayonesa”, porque eras bien tímida, ahora no sé si seguirás así, no sé si estarás con enamorado. Lo último que mi mente posiblemente anestesiada por tantas grageas recuerda es que me acabaste y tomaba muchas pastillas, vicodin, stilnox y xanax. Estabas mirándome desconcertada, con tu bella sonrisa, yo estaba en mi cama, mirándote, sonriendo, prometiendo que todo iba estar bien. Te dije para volver, pero tú me dijiste que no podías volver conmigo, que te sentías aún insegura. Entonces, consumí más pastillas y Pons que es una droga que se encuentra dentro de los veíache-eses que un amigo me enseñó a probar. Desde ahí no me acuerdo nada, o mi mente no quiere recordar. Tampoco sé dónde estoy, nadie viene a verme. La otra vez sentí la voz de mi madre, estaba llorando, sollozando de dolor, balbuceando algunas palabras y mi nombre: “Mi amorcito, ya te mejoraras, ya estarás mejor, según dicen en dos meses ya estarás bien, bebito”. ¿Dos meses?, pero yo no recuerdo los dos meses. El tiempo pasa lento como una daga, el tiempo pasa segundo a segundo-como una eternidad-, siento una brea caliente en el pecho, un ardor, quiero saber dónde estás, te quiero besar, como nos besábamos acurrucados en esos hoteles, y nos íbamos al día siguiente de nuevo mintiéndoles a tus padres que supuestamente nos íbamos al cine. Quiero saber dónde estás mujer.

La enfermera me ha mirado, está curiosa, se acerca, me sigue mirando, tiene un papel de los que he escrito un día que no recuerdo, en su mano de uñas largas, me toca el pantalón blanco casi transparente, me toca el muslo-me hace acordar a ti, cuando me tocabas-, me sigue tocando, me araña al estirar el elástico del bóxer, a notado mi erección, me sigue mirando y posa sus labios carente de amor en mis mejías cerca de mis labios, yo no hablo, he decidido ser un fantasma, un ladrón del alma, un fariseo cucufato sordo y mudo; ella sigue, pone mis manos frías- porque soy friolento- en sus senos, sus pezones están calientes, caliente, noche, noche, babea, gime, posa mis manos ya no tan frías en sus piernas, sus muslos, siento su sexo húmedo. Quiero dormir.

Estás en la puerta, yo estoy sentado, hablas con la señorita, es tarde creo, estás con ropa negra, y maquillada, respiras mucho al hablar, usas push up, se nota, estás guapa. Un chico no tan alto se acerca, no lo conozco, no quiero conocerlo, tú te acercas, pero te acercas con él, entonces me hago un fantasma, el dormido estando despierto-como cuando jugaba con mi mamá-. Siento tu silencio, miro tus senos, me alzas el rostro, lloras, yo lloro, me abrazas, yo no muevo ni un centímetro mis manos. La señorita me mira el pantalón blanco. El desconocido nos mira con celos, entonces decido no ser más un fantasma, y lloro, y notas en mi mirada algo de esos días bonitos, y sigues llorando, yo trato de coger tus lagrimas, atraparlas. La señorita arrecha te ha dicho que tengas cuidado que te puedo hacer daño, no haces caso felizmente, sigo queriendo atrapar tus lagrimas. “tonto, eres un tonto” me dices sin dejar de llorar. Noto la mirada del chico que no conozco, una mirada dura, evaporada, celosa. “Vamos nena”, te dice, y te despides de mí, yo me paro, me miras, te miro, nos miramos. La señorita se acerca, me sienta a la fuerza, noto sus senos,” ya mi amor a dormir”. Me inyecta, duermo.

No sé qué día es, no sé, no sé si es de día o de noche, he notado la presencia de mamá. “Despertaste mi amor, estás guapo, la señorita dice que estás mejorando, mi vida”. Ya no quiero ser un fantasma, no quiero ser un alma más deambulando, quiero salir y estar con ella. Te abrazo te beso, te grito casi en el oído ¡MAMÁ!, tú lloras desconsolada, y repites: “Hijo, hijo, hijito lindo y mío”, lloramos. Y ya no recuerdo nada. Hoy he despertado mami, y no estás, ella tampoco ha venido, la puerta está entre abierta y he notado a la enfermera acercándose, entonces decido hacerme el fantasma un inmigrante sin alma, me ve, y me acaricia el sexo. No miro, no siento. ¿Dónde estás?, rescátame. Ella sigue me toca el sexo, me manosea y babea, se excita. Me he vuelto a dormir.

No sé qué día es, tampoco sé qué mes y ahora ni sé qué año, no sé si será mi santo. Me he despertado porque he sentido tu olor, tu perfume Calvin Klein, tu voz infinita rebotando en las paredes blancas. No estás, hay globos, hay cartitas de colores, pero no estás. Sólo está una voz que ya odio que dice: “Ya despertaste, mi amor”. Me hago el tonto, un fantasma, un forastero, un loco.

 

Alonso, Clínica internacional, sala de psiquiatría.

Comentarios

  1. Profile photo of Falsaria

    Falsaria

    25 noviembre, 2011

    ¡Bienvenido a Falsaria!

    Gracias por publicar en la red social literaria.

    Un saludo,

    El equipo de Falsaria.

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