Amores distraídos

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    Las cinco de la mañana, la hora más oscura del alma; la garúa es tan gruesa que se siente como una cortina de baño mojada. Alberto Fuguet – Tinta Roja.

    UNO

    Sigue aspirando, no me mires, eso es secundario. Hazme esa mueca infame de decepción por la vida, por la suerte, por la maldita suerte. Por ese olor a vientre volado, que finge hundirse en el cielo opaco de Barranco. Sigue, no mires, mientras yo maldigo al destino por hacer de nuestro amor un hueco en el alma. En nuestra alma. Tengo unas ganas toxicomaníacas de inhalar, despacio, suavemente el tibio oeste de tu silencio. Porque nosotros, somos un cruel error de dios. No podemos amarnos, sigue, no mires. Así el daño es menor. Y ese polvo albino que te hincha los labios y te hace resoplar el alma nos da la oportunidad maldita de estar juntos. Sigue no mires que aún es invierno, chiquillo corazón.

    DOS

    Tu mirada sencilla, de gato, de hiel caliente en el rostro, de nube en pleno sol. Esa mirada gatuna, que favorece a los dioses. Y has ignorado el sencillo amor, no nos hemos hablamos, ni siquiera has tocado mi mejilla caliente, tampoco has soplado tu aliento en mis narices. He intentado todo, volverme loco, saltar, gritar, fingir, nadar, escupir como macho. Nada, tu inmutable sensatez nos ha hecho de yesos, sin mirarnos, sin tocarnos, sin sentir tu piel melosa de tanto sudar por los nervios, sin cruzar la vereda cuando nos encontramos. Hemos crucificado nuestro amor, le hemos dado de martillazos violentos. Y ni siquiera mi mirada de cocotte1 ha servido para mirarnos de nuevo. Tu templo de sal y tu mirada fúlgida son entonces mi adoración. He de dejar la tarea a la hierba o al vil destino disfrazada en su magia de linón.

    TRES

    Mi más cruel amor, mi adoración en plena leva, mis sexo erguido, pintura en oleo de diosa, rencor innegable. Hemos olfateado sin siquiera darnos cuenta la vida en su gloria eterna, pero tú te has alejado como se aleja el vapor de la felicidad, te has ido dejándome solo. Ahora soy sólo un pirata esperando la muerte, mutilado en el pecho; tú fuiste la felicidad completa, la melografía de mi paraíso. Pero te has marchado con el rímel manchado en las mejillas. Te haces la ruda, la necia, la terca; pero sigues con el rímel en las mejillas. Tu alma te engaña, te pide un rincón para llorar en paz. Y te sigues yendo, sin darme explicaciones, como se van los amores perfectos y ni siquiera puedo pedirte nada, porque no escuchas nada de mis labios. Te he extrañado, borracho echado mirando un árbol, te he visto entre nubes, te he observado de lejos, sin que te des cuenta. Pero sigues en tu enardecido coraje. Yo moriré y seguiremos así. Ite missa est.

    CUATRO

    Tus cachetes rojos, como tus labios pintados torpemente, Tu mirada tierna, tu inocencia frágil de porcelana China. Tú corrías dejándome atrás, gritando mi nombre en la azul del verano. Y el recuerdo de esos momentos se avejentaron, tú me dejaste de mirar, de visitar, de extrañar, de gritar mi nombre en la niebla espesa del invierno –ahora-, ya no eras esa muñeca de porcelana, habías perdido la inocencia, tu mirada era terca, como su un gato hubiera rasguñado la esencia de tu alma de rosa intocable. Aún así, te he mirado hablando de lejos, como se miran los ángeles llorando en las paredes del cielo. Te he mirado y mi ser ha resbalado por el asqueroso poste de luz que me tapa. Tú te has dado perfecta cuenta, pero me has evitado. Definitivamente nuestro amor a muerto en el manto oscuro en que cae la tarde lenta y ociosa.

     

    Cocotte: Mirada desvergonzada – Francés.

    Ite missa est: La misa ha terminado

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