Clara

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    Los rayos de sol entran por mi ventana, rozan mi cara, mis parpados… Supongo que, cuando abra los ojos, tú ya no estarás a mi lado, pero aun puedo sentir tu olor en la cama. Aun siento tu cuerpo junto a mí.

    Cuando recibí tu mensaje la semana pasada, algo se removió en mi interior. Volvías a la ciudad y querías verme, a mí. Querías reencontrarte conmigo ese viernes que pasarías en Valencia cerrando unos asuntos de trabajo.

    Has venido a buscarme a mi trabajo, tan elegante como siempre. Hemos tomado unas copas para, al final, acabar en mi casa. En mi cama. Como siempre.

    Llevábamos mucho tiempo con este juego, pero aún se me pone la carne de gallina cuando noto tus labios rozar mi cuello. Consigues que me sienta única, especial. Importante para ti, de alguna manera.

    Eres tan tierno conmigo, tan dulce. Con detalles, quizá, insignificantes para cualquiera, pero que para mí dicen tanto. Mucho más de lo que puedas imaginar.

    A veces creo que esto es una verdadera historia de amor. A veces siento que eres el único que me entiende, que me cuida. Que realmente me quiere A veces, cuando no estás, te echo tanto de menos que me duele hasta respirar sin ti. Y me angustio pensando dónde puedes estar y si, quizá, estarás con otra.

    Encuentro la calma pensando en tus besos, esos que consiguen llevarme lejos de esta realidad en la que estoy atrapada. Tus manos conocen cada palmo de mi cuerpo mejor que yo, incluso. Y por un instante no me siento sola, perdida en una ciudad esquiva que solo contiene lo malo que da la gente, al menos para mí.

    Sé que a veces, tal vez, tú también me echas en falta y piensas en mí. Quizá cuando estas solo en esos hoteles tan impersonales. Abres una botella de whisky y, por un momento, recuerdas mis besos y te intentas imaginarnos en otras circunstancias. Seguro que lo piensas…

    La brisa mueve las cortinas, pero aun no quiero abrir los ojos. Aun no estoy preparada para aceptar que has vuelto a salir de mi vida, y no sé cuándo volverás a buscarme.

    Si pudiera parar el tiempo, solo por un momento. Si pudiera retenerte aquí y no volver a sentir el desgarro de perderte…

    Por la ventana se cuela la música pausada del piano de Jon ensayando el repertorio de esta noche. Suena tan bien… Notas acompasadas que me distraen de mis pensamientos.

    Deslizo mi mano a ciegas por el lado izquierdo de la cama. Vacio, lógico. Tu avión salía a las ocho y deben ser más de las doce. Reúno valor y abro los ojos lentamente.

    Sobre la mesilla el sobre de rigor. El que contiene el valor que consideras que tengo para ti. Una bofetada de realidad que me recuerda el sitio que realmente ocupo en tu vida.

     

    (Dedicado a Daniel Adrian Madeiro)

     

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