Estela

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    Si digo que ya no te quiero me estoy mintiendo, pero ya da lo mismo añadirme una mentira más a todas las que ya me he dicho desde que te conozco.

    Siempre he creído que dándote todo nunca te irías de mi lado. Que equivocada estaba. Nunca estamos conformes con lo que nos dan. Nunca tenemos bastante. Tanto amor, tanto tiempo y dedicación… para al final cerrar capitulo con un simple “mejor dejarlo ahora, te mereces a alguien mejor que yo”

    Era enfermizo quererte así. Supongo que eso hizo que me vieras como a algo fascinante que debías disfrutar hasta las últimas consecuencias, atesorarme, esconderme solo para ti hasta que mi brillo ya no te deslumbrará. Ese sería el momento de lanzarme lejos y reemplazarme por otra.

    Estaba tan feliz, tan enfrascada en lo que sentía, que no vi como diluías mi entusiasmo en tu pasividad, hasta acabar conmigo.

    Cuando ya no tuve secretos para ti, cuando ya estaba todo dado y todo dicho, entonces simplemente me dejaste allí. Te alejaste tan deprisa que cuando quise darme cuenta ya no estabas a mi lado.

    Nunca debí abandonar mi torre, mi coraza, inaccesible, protegida, aislada. Sola pero a salvo. Sólo yo podía hacerme daño allí. No necesitaba a nadie y nadie necesitaba de mí. Volví arrastrándome al punto de partida, con la lección aprendida.

    Un día me dijiste que era especial pero que aún no me había dado cuenta. Ojala nunca me hubiera dado cuenta, era más feliz antes de saberlo.

     

    (Dedicado a Gabriel Rodriguez-Páez)

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