Una lección

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Ascendía por las escaleras golpeando con su bolígrafo el pasamanos metálico que la flanqueaba, cuando se aprox imaba a alguno de los soportes que lo sujetaban a la pared, el sonido que producía la percu sión iba cambiando, se hacía más seco y corto. Él subía dos escalones, bajaba uno y volvía a subir tres sin dejar de torturar la barandilla, después de repetirlo varias veces y con gesto de satisfacción, me miró y dijo con evidente pasión: “Ésto es Tensión Superficial”…

Mi manera de pensar cambió aquel día. Su modo de mirar, como si descubriera algo nuevo en cada objeto, en cada persona, como si desentrañase los secretos de cualquier materia, era la sabiduría en estado puro, aquélla que se abre al mundo en un haz de contínuas preguntas, careciendo de esa altiva suficiencia que suele producir el conocimiento en aquellos ignorantes que solo desean exponerlo. Sin embargo, no fue este excepcional hecho el que hizo un batido con mi manera de entender las cosas. Al terminar de subir las escaleras y después de andar por algunos de los pasillos, entramos en lo que imaginé sería el inmaculado despacho de todo un catedrático…Cuántos muros de pensamiento cayeron ese día frente a una pequeña habitación, merecedora quizá de unas escobas y otros enseres de limpieza pero nunca de un sabio físico, los papeles se tumbaban desordenadamente por toda la habitación, sobre su mesa brotaban accesorios de todo tipo mezclándose en pleno desconcierto. Se sentó en su silla, apartó unas hojas con su mano y depositó el archivador que llevaba bajo el brazo sobre la superpoblada mesa, sacando de su interior una cuartilla de cuadros con un dibujo de claro origen infantil que representaba lo que parecía un padre con su hija de la mano. Sin mediar palabra, se levanta, va hacia la pared que tenía enfrente y cuelga el pliego con singular admiración. Caí entonces en que la pequeña estancia estaba casi tapizada de similares retratos, en pleno deleite se giró hacia mí y me dijo sin intentar siquiera explicar: “…será toda una artista…” para acto seguido sentarse de nuevo y ofrecerse en cuerpo y alma a mis….para entonces….estúpidas preguntas…

Nunca nadie me ha enseñado tanto en tan poco tiempo como mi profesor de Física, al que nunca agradecí lo suficiente aquella sutil lección…

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Falsaria

    Falsaria

    5 diciembre, 2011

    ¡Bienvenido a Falsaria!

    Gracias por publicar en la red social literaria.

    Un saludo,

    El equipo de Falsaria.

  2. Imagen de perfil de Carmen

    Carmen

    5 diciembre, 2011

    Vaya! Curioso relato, diferente…Me ha gustado.
    Saludos!

  3. Imagen de perfil de

    volivar

    5 agosto, 2012

    Toni GC: bellísimo cuento con el que entraste a este red literaria; todo un señor científico amando intensamente a su pequeña hijita.
    Felicidades
    Mi voto (Tardío, pero válido)
    Volivar

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