El perro más feliz

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    El perro más feliz que haya visto

    ahora

    con el único órgano de la humanidad, tumbado

    al lado del puente;

    con su cabeza acomodada en el cálido gris de la banqueta,

    y su pelo brilloso reflejando los chorros de sol

    y con el viento indeciso atorado en la garganta.

     

    Mi visita fue breve,

    como la última nota melancólica

    en una obra que pretende alargar el sentido.

     

    Y así sucedió, día a día tratabas de mostrar la verdad

    tus costillas se fueron marcando como autopistas paralelas sin desviaciones

    mas que las del hambre,

    tus vísceras ingenuas y nobles, reventadas,

    ahora alimentando al pelotón inventado de gusanos blancos

    y el olor putrefacto de tu lengua escurrida y tu mandíbula dislocada.

    Los ojos tan negros y secos reflejados en cada persona que lograba verlos;

    nadie entendía tu sublime figura.

     

    Qué descanso tan improvisado,

    en las lánguidas vías de asfalto.

    Lentamente vas entre lirios-orquídeas rampantes y sueños octagonales

    sé que has tenido conciencia de luz dispersa en gotas de vidrio.

     

    Una justicia inventada

    y un sueño hermoso al que estás sometido.

    La perfección existe,

    está escondida en la idealización.

     

    Debí seguir narrando tu historia

    pero regresé del otro lado del puente.

     

    Tú sigues ahí,

    rodeado de gusanos blancos y falsas oraciones,

    mostrando esa risa cínica a cada persona que te mira.

     

    Y ahora,

    de todos los días de mi vida

    me doy cuenta.

    Comentarios

    1. Mario

      17 enero, 2012

      Ojalá se pudieran apreciar más este tipo de poemas. La vida se ve a veces así y hay que encontrar la forma de decirlo. ¡Felicidades!

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