Lou Reed

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    Hice una fila de tres minutos. Me acomodé la bufanda. La bufanda era del Inter. En tres minutos tendría algo que jamás pensé que tendría.

    -Buenos días.

    -Buenos días.

    -Un boleto por favor.

    - ?25.50, por favor.

    - Aquí tiene.

    - Gracias. Aquí está su boleto.

    - Gracias.

    Lo tomé y lo metí en la bolsa de mi chamarra. Vi una banca cerca, caminé  hacia ella y me senté. Prendí un cigarro y saqué el boleto. Martes trece de junio. Dos mil seis. Ocho de la noche. Asiento G-8. Puerta única. Área central.  The Bridge Water Hall. Sonreí y le di una buena calada al cigarro. Pensé en qué haría las próximas once horas. Decidí solo caminar y regresar al hotel por la tarde.

    Las luces se apagaron y el público gritaba y aplaudía. El concierto empezó. Lou Reed cantaba para todos nosotros. Hubo de todo, gente que no paraba de gritar, gente que solo escuchaba, gente enmudecida, gente que cantaba, gente que se paraba para ir al baño, gente joven, gente que no sabía que hacía ahí; pero en general gente agradecida con su música. En el escenario un viejo hacía movimientos de Tai-Chi en algunas canciones. Pensé que era un capricho del viejo Lou Reed. Lou Reed era viejo. Lagrimas, solo una guitarra y la voz cerraron el concierto con “Perfect Day”. Los asistentes aplaudieron de pie. Sequé mis ojos humedecidos y también me levanté de mi asiento. Las luces se encendieron.

    Salí entre la multitud y pensé en conocerlo personalmente. Fui a la puerta por donde entraban los músicos y esperé con un montón de personas. Al cabo de treinta minutos salió un tipo de esa puerta y dijo:

    -       El señor Reed ya se fue. No hay nada que esperar.

    La gente no tuvo mas remedio que irse. Yo no sabía que hacer. Prendí un cigarro y decidí quedarme, igual que otras seis personas. Pasaron unos veinte minutos. Escuché el sonido de unos zapatos de tacón. Voltee y vi a dos mujeres jóvenes, muy guapas, parecían de Europa del Este. Los seis que estábamos ahí, hombres y mujeres, las seguimos con la mirada hasta la puerta de los músicos. Llamaron. Salió el sujeto que había dado el aviso minutos antes y las dejó pasar. El silencio que se había hecho desapareció, regresaron las pláticas y las risas.

    El frió iba en ascenso, tenía hambre y ganas de orinar. Treinta minutos después la puerta se abrió, las mujeres salieron y el ruido de sus tacones era otra vez todo lo que se oía. Vimos cómo se alejaban. Un par de minutos después salió nuevamente el sujeto y dijo:

    -       El Señor Reed les dará una firma si lo desean. No hay permiso para fotos. Hagan una fila aquí, por favor.

    La fila se formó en un segundo. Yo era el más joven de ésta. No lo podía creer, conocería a Lou Reed, podría decirle en persona o que su música significaba para mí, o al menos Gracias.

    La puerta de abrió, salieron los músicos que lo habían acompañado en el escenario y después él. Iba vestido con jeans, botas, una playera negra de algodón y una chamarra de cuero negra. Yo era el tercero en la fila. Pensé que era más alto. Siempre piensas que la gente que admiras es más alta. Pasó el primero. No escuché lo que decía. Pasó el segundo. Vi a Lou Reed sonreír. Llegó mi turno.

    -       Hola.

    -       Hola – contesté

    Su cara estaba llena de arrugas y sus ojos me veían. Pero no lo hacían. Me atravesaban. Le di mi boleto. Lo firmó.

    -       ¿Disfrutaste el show? – me dijo.

    -       Sí, ¿y tú? – contesté.

    Me saludó de mano y mientras lo hacía dijo:

    -       ¡Bieeeeen!

    Y me guió sin soltar mi mano a un lado para dar paso al siguiente. Me dio el boleto sin verme.  Fue el turno de la persona de atrás de mi. Dije “Gracias” pero no me escuchó. Lou Reed dijo “Hola” al siguiente. Un tipo me dijo: “es todo, gracias.”Metí el boleto en la chamarra. Caminé al hotel. Ya no tenía hambre, ni frío, pero sí ganas de orinar.

    Ya en mi cuarto, me puse la ropa para dormir. Me lavé los dientes. Me lavé la cara. Tomé dos vasos con agua. Revisé la bolsa de mi chamarra y saqué el boleto. Lo vi, vi su firma atravesarlo. Lo guardé de nuevo en la chamarra. En dos días tendría que regresar a trabajar once horas parado detrás de una caja, sin decir mi nombre nunca y tratando de sonreír. Me metí en la cama y apagué la luz.

    Comentarios

    1. Avatar de nanky

      nanky

      16 enero, 2012

      Bien contado, saludos. Gracias por compartir

      • Avatar de Luis-Villanueva

        Luis-Villanueva

        16 enero, 2012

        No me hubiera escuchado… Lee “El Perro más feliz” a ver qué te parece, en la sección de Poesía.

    2. Margarita

      17 enero, 2012

      Gran personaje de conocer! Inspira

      • Avatar de Luis-Villanueva

        Luis-Villanueva

        17 enero, 2012

        Sí, un gran personaje; en realidad este texto deja ver como a veces no es tan bueno conocer a las personas que admiras, en ocasiones, es mejor quedarte con lo que crees que son.
        Saludos

    3. Avatar de

      volivar

      22 enero, 2012

      Luis Villanueva: atinadamente manejas los diálogos.
      Escribes cuento; no nos pones a leer una seria de ideas, que aunque sean muy literarias, no tienen la capacidad de llegar a ser cuento, lo que es esa narración, tal vez inverosimil, de algún suceso ordinario, pero que deja en los lectores la sensación de que la vida es feliz, o desgraciada, según el caso.
      Tal vez aplicando más la aención a la puntación, seríamos mejores escritores.
      Pues resulta que, por ejemplo, si un mecánico automotriz tiene todos los conocimientos para dejar como nuevo un auto averiado, pero no utiliza la herramienta, nunca va a hacer nada con el auto.
      “la gente que solo escuchaba”: el sólo, en este caso, se acentúa.
      . “Lagrimas, solo una guitarra “: lágrimas, es una expresión que debe acentuarse. y Es sólo, acentuado.
      “Fue el turno de la persona de atrás de mi”; aquí la sintaxis gramatical debe entrar a funcionar, por ejemplo: Después se le acercó la persona que estaba detrás de mí.
      Luis, espero que mi crítica no te desanime; que, al contrario, sirva para que logres destacar en la literatura; tienes talento, imaginación… sólo esos pequeños detalles gramaticales por corregir.
      Atentamente
      Volivar Martínez Sahuayo, Michoacán,México

      • Avatar de Luis-Villanueva

        Luis-Villanueva

        23 enero, 2012

        Querido Volivar:
        Por supuesto que en lugar de desanimarme, provocas que me detenga, que haga una pausa para revisar tus comentarios y seguir mejorando. Agradezco el tiempo que me dedicas al escribirme esto. En realidad debió salir publicado en al sección de relatos, ya que, como bien apuntas, no cuenta con las características de un cuento; P.E. “Los Sonidos de San Alves” Amigo, solo déjame platicarte que el “sólo” es sus dos usos ya va sin acentuar según la RAE, en lo personal prefiero usar la regla vieja, en este caso, no lo hice… Volivar, te invito a que sigas dedicándole tiempo a leer mis escritos, no he publicado más de siete, me gustaría saber qué opinas. Un abrazo y de nuevo, muchas gracias por tus críticas.

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