Cuando abrí los ojos
la marea había bajado
mis pies se encontraban aún húmedos
las estrellas en un fondo azulado, metálico y boreal me deslumbraban
no pensé en el tiempo, pasa muy rápido
en un abrir y cerrar de ojos el viento había convertido la arena en nubes
me encontraba en el centro
absorto, desintegrado, buscando las partes que se habían ido con la última ola
me senté y descubrí que el cielo bajaba en una manta que brillaba en hilos apenas perceptibles
me cubría todo el espacio que dejé de ocupar hace años
mi cabeza regresó al inicio, a la arena
(mi corazón se agitaba más y más )
de un momento a otro el mar regresaba en una espuma de plata fragmentada
en un soplo de viento la marea había alcanzado todo mi cuerpo
me levantó apenas
y en un zigzagueo ondulante me llamó de regreso
la luz incandescente de las estrellas se inflamaba
era todo lo que veía
ya en mi oídos empezaba a ausentarse todo rastro de sonido
mi boca se abría ligeramente y el aire nocturno, tibio, entraba,
el ritmo de mi corazón bajó, latía con fuerza, vibraba mi pecho
el regreso había comenzado desde mi primera respiración
en ese momento lo entendí
todo mi cuerpo se encontrába mojado nuevamente
como el origen, húmedo, virginal
la distancia entre todo y entre mí no existía
todo era yo
de un momento a otro
dejé de ser
de pertenecer
de sentir
no oía más
no veía
no sentía
no respiraba
no extrañaba
todo volvió a la normalidad
nada en donde estába había cambiado
yo no había cambiado nada
siempre había sido así
el mundo seguirá siendo el mismo
yo he dejado de existir




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