Oh alegria

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    Alegría es lo que a lo lejos dicen que necesito, que no poseo. Cosa, imprescindible que carezco. Alegría, esa fachada en tu rostro pulcro, cuando de buenas a primeras ves a tu sobrinito reírse a carcajadas violentas por alguna payasada tuya. Alegría insomne de la cual te haces dueño, cuando sabes que no estás tan solo como creías o pensabas. Alegría es saber que aunque estés más triste y solo que un perro callejero, sabes que ella, está feliz y sonriente. Muy pocas cosas me provocan alegría, como por ejemplo, esa sonrisa inquieta que me regala la muchacha de la cual me estoy enamorando. Alegría, esa explosión de sabores en el vientre del alma.

    ¿Cuándo me fue esquiva la bendita alegría?, muchas veces. Llorar en los aeropuertos, llorar y llorar y seguir llorando, sin que nadie, te pare el más mínimo balón. Porque todos son unos robots que sólo quieren llegar a tiempo a sus vuelos o que su equipaje lleno de pisco y huacos no pese más de 45 kilos. Alegría. Por favor. Me duró muy poco. Muy monse, ahora esa alegría está pintada en el rostro de muñeca de esa chica de la cual no quiero hablar, pero hablo. Porque cojinova como soy, me exorcizo en mis crónicas, y PUM, la nombro y la sigo nombrando.

    Alegría, Bah. La alegría mujercita de mi vida, la perdí una noche de la cual no me acuerdo ni tampoco me quiero acordar. Alegría, es lo que en estos meses a estado por otros lares, pero muy lejos de mí. Alegría, es eso que siento cuando veo – a esa linda mujer-, y los dos sonreímos. Creo que a eso se limita ahora mi alegría. A, eso y ver todos los días al chino de mi sobrino, que está gordo y grande. Luego, nada. Simplemente escribir poemas, que no publico, y sentirme miserablemente idiota.

    Alegría, es eso que Valeria me enseñó a cuidar, respetar y considerar. A ella, le debo tantas alegrías, tantos días llenos de alegría. No sentir la maldad y la infelicidad deambulando por ningún lado.

    Eso es lo que pienso yo de la alegría. Ese sentimiento exclusivo, que aún no me tiene tan olvidado. Alegría en la infinita dulzura de su sonrisa.

    Y, ahora, que el sueño me gana y observo detenidamente los lunares de mis escuálidos brazos. Tomo un coctel de pastillas, que posiblemente me lleven a esa alegría, que tanto escribo, exclamo y pronuncio. Ahora, que la gaseosa pasa burbujeando y cuento las pastillas, suena esa canción tan cursi de Arjona. Por si regresas sigo al pie de lucha, por si regresas limpiaré el desván, por si regresas traigo buen semblante aunque me han dicho que me veo fatal… Por si regresas para que me devuelvas la olvidada alegría con su eterna sonrisa coqueta… El funeral de todos mis defectos se celebró cuando te vi partir. Alegría, seria por ejemplo: Qué me digas que aún me extrañas, ahí, ahí. En el centro de tu corazoncito orgulloso. Por si regresas me conservo casto, por el asunto de economizar.

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