Caminó unos pasos y tuvo que sacarse los zapatos, porque se le llenaron de arena. El suelo dela Lunaera blando y sus pies se hundían hasta los tobillos, en el polvo, mezclado con la roca triturada. Nada de esto la sorprendió, ya que eran datos harto conocidos, desde los libros de la escuela.
Observaba con placer las alargadísimas sombras que, hasta el más pequeño montículo proyectaba sobre el suelo, cuando de pronto divisó una sombra distinta, recta y delgada. Caminó hasta donde ésta se originaba y descubrió una barra de hierro, clavada en el piso. Alrededor, había restos de basura, que la hicieron sentir más cómoda: esto no era tan diferente al lugar de donde venía. Observó con más detenimiento la barra metálica y vio que estaba muy oxidada, y de ella pendían restos de hilo y de tela. No tuvo dudas: en su mente apareció la imagen tan difundida de los astronautas, plantando allí la bandera norteamericana. Dedujo que los desperdicios provenían de la desidia humana que, a trescientos mil kilómetros dela Tierra, no perdía la costumbre de comer y tirar los envoltorios en cualquier lado. Pensando en esto, se alejó presurosa, dando por seguro que también habrían hecho sus necesidades por allí.
Continuó caminando, a la vez que sacaba de su bolso la computadora portátil. Consultó las mediciones que había realizado durante varios meses, desde el Observatorio, enla Tierra.Porlo que veía, sus cálculos habían sido exactos. Se quitó la mochila que cargaba sobre sus hombros y, de su interior, sacó un largo listón de tela ecológica negra, que fue extendiendo cuidadosamente en el piso. Por las dudas, iba colocando unos pedruzcos lunares, cada cierto tramo, no fuera cosa que alguna brisa inesperada arruinara su experimento. La composición molecular de la tela le permitía extenderla casi indefinidamente, por lo cual pudo caminar varios kilómetros en aquella tarea. Volvió a consultar su computadora y se detuvo. Allí terminaba su trabajo.
Buscó una roca donde sentarse y, exhausta, sacó una lata de cerveza que bebió con deleite. De más está decir que guardó luego la lata vacía en su mochila, para deshacerse de ella al regreso ala Tierra.
* * * * * *
Una pareja de enamorados, que se besaban a la orilla del río, elevó sus ojos al cielo buscando, embelesada, la brillante faz de la dama blanca. Atónitos y azorados contemplaron, boquiabiertos, el estrafalario bigote que lucía, esa noche, la sempiterna cara dela Luna.




Mary Amanecer
Me ha gustado mucho! Te dejo mi voto y mis felicitaciones.
Yo también tengo un escrito, se trata de un cuento (infantil). Te dejo el enlace y te invito a leérlo.
http://www.falsaria.com/temas/publicar-cuentos/las-aventuras-de-chopi-el-charco/
cristoleon666
Muy interesante propuesta ecológica. Lo más aterrador es que al paso que vamos, este es un cuento que apunta a volverse realidad.
hugojota
Gracias por tu atenta lectura y por tu comentario.
volivar
Hugojota: muy hermosa narrativa; qué ingenio el tuyo; que bello estilo. Aunque eso de juntar las palabras desdice algo de un maestro, lo que no es nada del otro mundo, pues muy seguido nos ocurre cada cosa que después no podemos ya corregir.
Esto no opaca para nada tu gran ingenio, tu pericia narrativa. Mi felicitación. y Mi voto
Volivar
PabloA
Un texto divertido y ecológico, vaya mezcla! Abrazo.