Vino tinto y recuerdos

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    He descubierto una taberna pequeña, con sólo una barra y tres mesas, luz tenue y jazz del bueno que me ha recordado a ti. Está en un callejón del centro. Tiene pinta de antigua y se parece bastante a aquel restaurante donde cenamos una noche cerca del puerto de Faro. Supongo que no te habrás olvidado. Ese restaurante que tenía en las paredes fotos de Pessoa, de Eusébio, de Saramago y de soldados con claveles que tapaban las bocas de los fusiles, un mostrador de madera y el camarero más gilipollas y estúpido que habíamos visto en nuestra vida. La encontré de casualidad. Me acerqué a última hora de la tarde a una librería a comprar el último libro de Jairo García Jaramillo y cuando salí cambié mi ruta habitual de regreso a casa. Está en un callejón solitario muy cerca de la discoteca en la que acabamos después del concierto en el que te encontré por última vez. La puerta estaba abierta. Pude ver las tres mesas vacías y escuché un rumor de piano. Me pareció reconocer el sonido de Duke Ellington. Así que entré, me senté y me dispuse a echarle un vistazo al libro que había comprado. Pero no pude leer ni una página.

    Te hubiera encantado, estoy seguro. Fue como volver a aquel viaje: cuando fuimos al fin del mundo y te besé al borde de un acantilado mientras el viento te desordenaba el pelo y las olas rugían y golpeaban las rocas con furia milenaria y mirábamos horrorizados una pequeña barquilla donde un hombre pescaba ajeno al temporal y tú estabas tan hermosa como ese mismo mar azul infinito. La camarera se acercó y le pedí un tinto. El que ella quisiera. Me recitó una retahíla de nombres y fechas. Ya me conoces, no tengo ni puta idea de vinos pero por hacerme el interesante repetí con voz segura el nombre y el año de uno de los vinos que ella me había sugerido. Como si entendiera. Algo parecido nos pasó en el viaje que te contaba. Creo que fue en Ilha do Faro, cuando vi a un grupo de gente sentados en una terraza, bebiendo de un coco con un agujero de donde salía una pajita y yo quise un coco para mi y aquello no había un Dios que se lo bebiera de lo malo que estaba y tú te reías viendo las caras que ponía. ¿Sabes?, lo que más echo de menos de ti es tu risa. Te reías por todo y por nada. Y yo contigo también me reía por todo y por nada. Hoy me doy cuenta de que hacía tiempo que ya no sonreías así.

    La camarera llegó con la botella de vino. Me la enseñó y echó un ridículo chorrito en la copa. Yo cogí el vaso, lo moví un poco y le di un sorbito (como había visto hacer en las películas). Tragué el vino y asentí con la cabeza. La camarera me miró y sonrió. Vertió el vino con la mano derecha mientras que la izquierda la puso detrás de su cintura con una profesionalidad exquisita. Se retiró y observé el bamboleo de su culo. Hipnótico y hermoso. Una pareja se sentó en la mesa de al lado. Jóvenes y con pinta de querer comerse la vida de un bocado. Vestían bien y eran guapos. Él, quizás, más que ella. Pidieron dos vinos y hablaron bajito. Se inclinaron sobre la mesa, se cogieron de las manos y se besaron. Parecían felices. Ya no sonaba el viejo Duke, sino que lo hacía el buen drogadicto que fue Parker (o tal vez, fuera Baker el que sonaba, no le prestaba demasiada atención). Ellos reían mientras bebían y desafiaban al porvenir. Yo dejé definitivamente el libro y le pedí a la camarera otra copa de vino. Mientras ella fue a la barra, yo salí a la calle a fumar.

    Los comercios estaban cerrando y el ruido del tráfico lo inundaba todo. Hacía frío y sentía las manos heladas. La gente iba de regreso a sus casas con la prisa del que quiere dejar atrás el día. Fumaba y delante mía pasaron una pareja de abuelos agarrados por el brazo. Ella enhebrando el brazo en el de él. Sonreí por la envidia que les tuve. Ellos me recordaron a nosotros cuando paseamos por Lagos, por Tavira y por La Albufeira. Pueblos blancos asomados al mar, con plazas pequeñas y empinadas calles estrechas, donde el tiempo pasa despacio. Estoy convencido de que esta taberna te habría encantado. Seguí fumando y noté que alguien aparecía a mi lado. Era la camarera. Sacó un cigarrillo y me pidió fuego mirándome a los ojos. Observé que chupaba fuerte el cigarro y, sonriéndome y sin dejar de mirarme a los ojos me dio las gracias. No era muy guapa, pero joder, era una camarera. Estábamos en la puerta, cada uno apoyado contra la pared contraria. Fumamos en silencio mirando el atasco hasta que me giré y le pregunté si alguna vez había estado en Faro, en El Algarve, en Portugal.

    Comentarios

    1. Avatar de Liliana Quintero

      Liliana Quintero

      5 febrero, 2012

      tengo que decir que me he convertido en una gran fan de tu obra. Sigo con mucho interés tu blog y algunas de tus historias me han inspirado mucho. Me gusta mucho lo palpable de tus personajes, lo cotidiano de las situaciones y a la vez tan etéreas. Bravo! Me encanta lo que escribes.

      • Avatar de Alvaro.Iranzo

        Alvaro.Iranzo

        5 febrero, 2012

        Muchas gracias, Liliana! Me alegra mucho saber que lo que escribo te sirve para algo. Un placer estar en contacto. Un saludo!

    2. Avatar de Carmen

      Carmen

      5 febrero, 2012

      No sé qué decir, porque siempre que te leo me dejas sin palabras. Al ir leyendo se me aperecen las imágenes tan nítidas… llenas de detalles que sin decir nada, trasmiten tanto… Si, ya sé que siempre te digo lo mismo, pero es que es así. Buen relato. Carta llena de sonrisas y recuerdos compartidos, con ese toque de añoranza, esa pizca de echar siempre de menos a ese alguien tan especial… Me tienes pendiente del correo que me dice que has publicado un nuevo artículo. Me gusta leerte. Esperaré el siguiente.
      Un abrazo!!

    3. Avatar de Alvaro.Iranzo

      Alvaro.Iranzo

      5 febrero, 2012

      Sin palabras me dejas tu a mi! Muchas gracias por el halago y por leerme. Espero seguir estando a la altura cada vez que pinches el enlace de tu correo!
      Un abrazo!

    4. Avatar de prichi8

      prichi8

      5 febrero, 2012

      Que lindo relato!, me atrapo deprincipio a fin!

    5. Avatar de

      volivar

      5 febrero, 2012

      Alvaro Iranzo, te felicito porque logras que uno se meta en lo que cuentas…
      Se nota que tienes experiencia, gran preparación, y especialmente las cualidades para este arte, el literario, en el que, te mueves como pez en el agua.
      Atentamente
      Volivar Martínez (Vivo en una pequeña ciudad del estado de Michoacán, en la república mexicana, lo que no importa; me salí del tema, que era, o es, decirte que te sigo con gran gusto en tu carrera, en la que, al parecer, ya llevas un buen tramo recorrido).
      Además te felicito porque no te metes como acostumbro yo, a tratar de corregir a los compañeros de esta red social literaria..
      He notado que los sabios se quedan callados; que los inbéciles, como yo, somos los estúpidos que tratan de cambiar al mundo.

      • Avatar de Alvaro.Iranzo

        Alvaro.Iranzo

        12 febrero, 2012

        Amigo Volívar, si algún día ando bajo de moral y pienso en tirar el lápiz y el folio en blanco que sepas que volveré a leer tus comentarios para darme moral. Muchas gracias por los piropos, de corazón.
        Un abrazo y un brindis con un caballito de herradura reposado!

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