Persecución (episodio 2)

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Antonio miró su reloj y marcaba las 9:10. Tras abrir una puerta, se adentró en el cuarto de baño de la estación de autobuses de Plaza de Armas y comenzó a lavarse la cara. De pronto, se dio cuenta de un detalle. Estaba enfadado, aún más, furioso. Era la primera vez en mucho tiempo que sentía como un calor indescriptible le subía hacia arriba y le nublaba la mente. Además, al analizar sus anteriores comentarios, cayó en la cuenta de que había pronunciado demasiadas malas palabras. Se quedó mirando como un tonto al espejo, reflejo de su imagen en la sucia superficie metropolitano. Un sonido de una cadena del inodoro le trajo de vuelta al mundo real.

- Hola ¿qué tal?

- ¿Eh?

- Sí hombre, le hablo a usted.

Alguien había penetrado en el cuarto de baño. Se trataba de un joven bastante blanco, que tenía la cara recubierta de un bosque de inquietos granos supurantes. Vestía un pantalón vaquero que le daba un aire rockero. Se acarició el pelo, y tras echar un vistazo a la pareja, avanzó hacia unos de los compartimentos.Pero la voz no procedía de dicho ser.

Girándose, se encontró un raro espécimen ante su facha. Un hombre vestido con una camisa rosa remangada a la altura de los codos le miraba atentamente con una sonrisa.

- ¿Necesita ayuda, amigo?

- ¿Perdón?

- Todos necesitamos un hombro en el que apoyarnos cuando las cosas no marchan tan bien como debieran. Tome mi tarjeta.

Confuso, Antonio leyó la inscripción en cartón: <<François Filsvent, asistente social>>

- Llevo un hogar de atención a los pobres en la calle Francos, pásate cuando quieras. – dijo el hombre cambiando súbitamente el Usted por el cercano Tú.

- No, verá… se ha equivocado, yo no soy un pobre.

En ese momento, se dio cuenta de su figura, y de su aspecto personal. Tenía las ropas raídas y un par de rozaduras en las manos. El cristal izquierdo de sus gafas se había desprendido.

- Vamos, no actúe. Le he visto ahí fuera. Allí le ayudaremos.

- Pero, oiga… – Antonio se lo pensó dos veces, no valía la pena luchar.

- Bueno, bueno, no sea tan orgulloso – dijo el extraño guiñando un ojo.

En ese momento, Antonio vio como salía el chaval joven. Y detrás de éste, a toda prisa, el hombre con quien había estado hablando. Tras guardarse la tarjeta en un bolsillo y arreglarse un poco, Antonio volvió a poner su cuerpo en el exterior y se dirigió al trabajo. Algo no marchaba bien. Justo cuando iba a girar la esquina, su intuición le hizo echar un último vistazo a la bici encadenada. Nada. Había desaparecido.

Con los ojos desorbitados, paseó su mirada alrededor del poste y descubrió unas marcas. Habían forzado la cadena. Algo más, cierta cantidad de tabaco restaba en la base del poste. Con cuidado, se puso de cuclillas y recogió el cigarro. “Alte Kreuz”.

- No conozco esta marca de tabaco. Lo que está claro es que no es española, parece alemán o algo así.

Con cuidado guardó la colilla en el estuche de sus gafas y retomó el camino.

<<Es bastante extraño que hayan robado la bicicleta a plena luz del día y nadie haya visto nada. Y aunque así hubiera sido, ¿por qué se iba a arriesgar el ladrón?>>. Continuaba Antonio con sus pensamientos cuando se dio cuenta de que alguien le seguía. Tomando rápidamente la esquina, cruzó el puente. Se introdujo en calle paralela a la de su trabajo y se escondió en una pequeña hendidura de la pared. Tras esperar unos instantes, observó como un chaval de unos 14 años pasaba por su lado mirando a todos lados con mirada inquieta.

Se trataba de un chaval normal y corriente, de la especie que muchos llaman “KANIS”, caracterizados por tener el pelo de punta, aderezado con gomina, un pendiente en la oreja izquierda, un collar y unos incisivos bastante prominentes. Este facha no pudo hacer otra cosa que recordarle a Antonio la época del instituto. El “Paletoso” coincidía con dicha descripción. Una sonrisa apareció en su rostro.

Una vez, encontrándose en le patio de la casa de un amigo, y esperando a reunirse con este, se asomó por la puerta que daba a la calle. En ese momento apareció un ser diabólico. Con sus prominentes paletas y lanzando un ruido horrible le dio un susto de muerte, intentando a continuación entrar en el patio. <<Menos mal que las barras de la reja eran sólidas>>, pensó. Esperó un poco más y el chaval siguió adelante.

 Antonio se precipitó a la calle con decisión y siguió al individuo sigilosamente. Ahora podía observarlo con más tranquilidad. Iba vestido con unas toscas y sucias zapatillas deportivas ridículamente abiertas por delante gracias a un calcetín doblado, que le daba al pie una cierta semejanza con la pezuña de un burro. Unos pantalones pirata le llegaban hasta debajo de la rodilla. Una camiseta sin mangas y unos cuantos collares de plata falsa remataban el individuo. También se podían observar unas gafas de plástico negro con formas atrevidas que llevaba colgadas del cuello.

Iba con paso indeciso hacia delante, como vacilante. De pronto, giró su cabeza y miró hacia atrás. Nada. A Antonio le había dado el tiempo justo para refugiarse tras un portal. El chaval miró el suelo y escupió. Justo cuando el individuo se iba a dar la vuelta para proseguir su camino, observó como la punta de un zapato negro sobresalía del portalón donde Antonio se había guarecido.

 Antonio salió tras él corriendo a máxima velocidad. A pesar de que él ya no estaba para esos trotes, le seguía bien el ritmo. El chaval llegó a una calle sin salida y se vio atrapado. Veía como Antonio se acercaba más y más…

- ¡Oye chico! No corras, sólo quiero hablar contigo.

De pronto, el chaval reaccionó y desesperado se coló por la puerta entreabierta de un edificio ruinoso. Antonio tomó aire y salió corriendo otra vez tras él.

El edificio era bastante húmedo y tenebroso. Daba el aspecto de una torre hueca semiderruida. Seguramente, los pisos estaban hechos de madera, y al pudrirse estos, se habían desprendido el suelo. El ladrillo rojo completaba la decoración de la cripta. Antonio se secó el sudor de la frente, un ruido de un pie pisando un charco y una sombra a fondo de la gigantesca habitación le alertó.

- Tranquilo…

Súbitamente, un pequeño destelló se dejó ver desde el otro lado de la sala, un instante después, una detonación invadía la habitación y algo hacía impacto en el brazo de Antonio. Cayó en el frío suelo de forma violenta. MIrándose el brazo, observó como manaba una gran cantidad de sangre. Un momento después se desmayó bajo el intenso dolor.

 Horas después, Antonio despertó e intentó incorporarse. Se palpó el dolorido brazo y notó como la sangre ya no fluía con tanta insistencia de la herida. Apoyándose en un bidón, se levantó débilmente y comenzó a caminar en dirección a la zona donde había observado la luz rojiza. Al llegar más o menos a la oscura zona, tomó el mechero e iluminando torpemente el suelo, descubrió un casquillo de bala, que se guardó en el pantalón.

De pronto, un olor dulzón le vino a la mente y con la otra mano pudo recuperar un poco de tabaco que había en el suelo. Nervioso, tomó las muestras de tabaco que había recogido en el lugar del robo de la bici.

 – Es el mismo tabaco. Yo me arriesgaría a decir que es el mismo hombre… ¡intentan asesinarme! Pero… ¿por qué?

Toda la cabeza le daba vueltas, estaba mareado y no podía pensar con claridad. Tras sentarse en una especie de columna caída, se hizo una torniquete lo mejor que pudo y se dirigió al trabajo para encontrar algo de ayuda para su herida.

 Al salir del edificio, se dio cuenta de que era media mañana. A pesar del calor, el aire fresco le reanimó. Y consiguió avanzar a duras penas por las calles. Extrañamente se encontraba solo, era como si todos se hubieran esfumado. Siguió avanzando, y justo al girar la esquina pudo observar la tienda de componentes informáticos donde trabajaba. Estaba repleta de gente hasta los topes. Vio con gran asombro como dos coches de policía esperaban al otro lado de la calle, justo enfrente. Una anciana pasó a su lado y se quedó mirándole.

 – Vamos, señora, que no tengo monos en la cara – dijo Antonio intentando cubrirse la herida del brazo.

- ¡Es él!

- ¿Eh?

- ¡Policía, está aquí!

- ¿Pero qué dice señora? – dijo Antonio mirando a todos lados.

- ¡Hiiiiii! – gritó la vieja intentando retenerlo.

 En un instante lo vio todo confuso, sin embargo, fue un impulso inexplicable hizo que sus piernas comenzaran a moverse en dirección contraria a la de la policía. De un empujón, tiró a la anciana al suelo y comenzó a correr, sin preocuparle nada, alejándose por donde había venido. <<¿Por qué huyo de la policía? No he hecho nada, al contrario, hoy me han intentado atropellar, me han robado, me han perseguido y ahora casi me matan>> Y sin embargo corría. Corría para salvar su libertad. Es curioso lo que el hombre es capaz de hacer con tal de conservar su libertad natural, llegando hasta límites insospechados para defenderse de la amenaza externa.

Comentarios

  1. Avatar de Fanathur

    Fanathur

    11 marzo, 2012

    Me va gustando el giro que está tomando el asunto.

    • Avatar de davidcrespo1984

      davidcrespo1984

      11 marzo, 2012

      Y a mi me alegra que te guste pero espero que no te decepcione la historia, ya que aunque la estoy publicando a episodios, es una historia antigua ya escrita. Gracias por leerme!

  2. Avatar de

    volivar

    12 marzo, 2012

    Davidcrespo1984: muy interesante tu narración; ese toque de misterio, de intriga, de no sé qué, que logra que tu lectura sea amena…. ¡Pobre de tu personaje, Antonio! ¿Qué más le ocurrirá?
    Volivar

  3. Avatar de nanky

    nanky

    12 marzo, 2012

    Bien, va creciendo la cosa. Saludos y gracias por compartir.

    • Avatar de davidcrespo1984

      davidcrespo1984

      12 marzo, 2012

      Pues sí, como comenté anteriormente, es un viejo relato de aventuras, lo iré publicando poco a poco. Gracias por leerme, me da ánimos para seguir!

  4. Avatar de george2385

    george2385

    13 marzo, 2012

    La he leído y me gusta. continua escribiendo, un saludo.

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