Capítulo III
Hola Laura. Llevo veinte minutos y diez papeles arrugados buscando la manera de poder decirte la verdad. Sigo sin encontrar las palabras precisas para pedirte perdón. Ante todo quiero que sepas que quie…
- ¡Oye, tú! ¡Sí! ¡Tú! ¡Estás sordo!-
- (¡Puf! Otra vez…) ¿Qué quieres, Marchena?
- ¿Qué quiero? ¿Cómo que qué quiero? Quiero partirte el culo ese de maricón que tienes, eso quiero, hijoputa. ¡Vamos! ¡Date la vuelta! ¡Verás como se te quitan esos humos!-
Me grita al oído el seboso, el rey de los gorilas de la celda del fondo. Lleva días acechándome, esperando el momento oportuno para pegarme una paliza y si cabe (más quisiera) darme por culo. Sé lo que me costará seguirle el juego, será lo de siempre, él en enfermería llorando como una nenaza y yo al hoyo negro. Tal vez eso sea lo mejor, prefiero el hoyo.
- No me das miedo, Marchena, vete de aquí si no quieres acabar como una nena llorando y tus gatitas lamiéndote las heridas. Vete si no…-
¡Zas! El primer golpe casi no me ha dado tiempo a asimilarlo cuando ya me ha tirado al suelo. No parece una pelea, sino una estampa donde un luchador de sumo da capirotazos a un saltamontes. Aun así, siempre deja desprovista la entrepierna y tan solo un golpecillo mal dado con la punta del pie me sirve para derrumbarle. La misma historia una y otra vez, le derrumbo viene Florencio con la porra y me propina tal golpe en el cuello que me quedo inconsciente.
¿Qué ha pasado? ¿Dónde coño estoy? Esto está totalmente a oscuras.
- ¡Oye! ¡Hay alguien ahí! ¡Hay alguien! ¡Oye!-
- ¡Calla, coño! Toma, aquí tienes la comida ¡Hale! Sóplale un poquillo no te vayas a quemar… Ja ja ja-
Claro, el golpe, ya ni me acordaba, estoy en el hoyo. La comida fría, mi ropa completamente sucia y húmeda, tendré que volver a mear y cagar en esta esquina mugrienta. Pero al menos estoy solo, estoy tranquilo. ¿Qué andarán haciendo ahora Laura y los niños? Espero que estén bien.
Lo siento mucho, Laura.




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