Amores de lejos

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Ensayo de Master. UPF.

Amores de lejos.
Mis papás me enseñaron a amar a Gabo con ese amor que le viene a uno heredado y acepté esa relación con toda naturalidad.
Él es nuestro favorito, al que le perdonamos todo, a quien le celebramos los días de vida con entusiasmo aunque a él no le alcance el tiempo, las ganas ni la memoria para poder devolvernos los gestos; hay seres que sencillamente  nacen para ser amados de lejos.
En mi memoria él va siempre con ese gesto bajo los bigotes grises que se le estira para arriba, siempre sentado y soltando un acento raro que se le ha pegado de las ciudades frías y calientes por donde ha viajado pero sobre todo, lleva puesta una guayabera blanca.
-A García Márquez le dieron El premio Nobel el mismo año que vos naciste- me dijo mi mamá, eso significa que desde que tengo vida Gabo ya había conquistado con la familia Buendía el corazón de mis papás y mi amor por él, era sólo cuestión de tiempo.
¿A dónde me llevarás hoy Gabo?
Los momentos de verdadera intimidad son a mi juicio aquellos cuando logramos dejar de ser nosotros mismos y tenemos una de esas experiencias extracorpóreas donde la mente levita y deja al cuerpo en paz. Juan Gabriel Vásquez dice que leemos para dejar nuestra conciencia en manos de otra persona, alguien que nos llevará a buenos lugares. Como poseídos digo yo, por una metralla de imágenes mudas que suenan con nuestra propia voz pero sin eco dentro de un cuerpo en calma.
Gabriel García Márquez se ha llevado a miles de mentes de paseo a lo largo del tiempo, nos lleva al interior de nuestras propias casas a las historias de nuestras propias familias, a los relatos de nuestros propios abuelos.
Mis paseos con Gabo me salvaron del tembleque que trae la nostalgia, no sé si mis padres me lo entregaron para que yo supiera regresar a la casa cuando Europa se pusiera fría y mis ancestros no supieran como llegar hasta mi con tanta agua de por medio.
De dioses y hombres.
Márquez se convirtió en la Ceiba centenaria que con sus raíces levantaría la tierra endurecida del suelo y cobijaría con su sombra a toda una generación. Eso lo consiguió muy joven y se instaló cómodamente en el cojín de la gloria de dónde ha tenido que reconstruirse día a día. Su sombra es tan extensa que ha sido difícil sobre todo en Colombia, remar cerca de la estela que dejó su paso en el mar.
Hecho ahora un dios, han sucedido dos cosas: sus lectores lo han seguido con fervor sin cuestionar nada ni mirar a fondo el código genético que él a su vez tiene, y la segunda a mi criterio, es que pasa todo lo contrario, que lo despedazan como buitres buscando en sus libros las debilidades que le devuelvan su mortalidad. Existe una tercera postura y es tal vez aquella de quienes entienden que Gabriel García Márquez llegó a donde llegó porque supo ampararse de la sombra de otros anteriores a él. Supo cómo lo hacemos todos, nutrirse del conocimiento de sus propios ídolos para construirse como escritor, sin que eso le quite mérito.
Vásquez dice en su libro El arte de la distorsión, que La hojarasca de Gabo fue escrita en código de Faulkner, El coronel no tiene quien le escriba fue alimentado por Hemingway y La mala hora fue influencia clara de Camus.  Cien años de soledad, dice Vásquez, fue el resultado de una persecución de modelos.
 Las influencias de Márquez eran internacionales pero el supo hacer de ellas un telar que se hiló de acuerdo con los colores de su propia tradición. Macondo, sólo pudo ser después de que Gabriel, el muchacho que lejos de tener el reconocimiento de nadie, pasaba hambre en Europa.
Vásquez dice entonces que sólo los malos escritores son influenciados inconcientemente por otros. No estoy del todo de acuerdo, creo más bien en la idea que los buenos escritores son las personas que bajan a sus propios dioses de la gloria y los hacen puente entre dos realidades, pero todos en general somos hombres sentados bajo la sombra de algún árbol milenario que en su día fue sólo una semilla.
Inseguridades y los miedos.
Jorge Carrión en clase nos ayudó a extender nuestro propio telar, leyendo a otros reconocimos dónde están marcados los orígenes literarios de cada uno y así tomamos conciencia de nuestras propias influencias. Por muchas razones es fácil dejarse abrumar por la presión de los clásicos, el miedo a no conocerlos a todos o no saber escribir como ellos. La sombra que su obra proyecta en nosotros puede ser fría y nos hace olvidar nuestras propias cualidades como escritores.
Al final, hemos ido entendiendo que no se trata de hacernos copias de otros, es más complicado si cabe ir quitando lentamente las marcas que ellos han dejado en nosotros hasta encontrar nuestra propia voz, nuestro propio estilo.
Cuando a Gabo le llegó la fama con Cien años de soledad, se vio en la tarea de romper incluso con esa voz y ese estilo para no repetirse infinitamente. La labor que tenemos entonces es la de encontrarnos y luego reinventarnos constantemente.
Coetzee, en su libro de ensayos Mecanismos internos, cuenta la vida de grandes figuras literarias desde la visión de quien mira al hombre que lleva a cuestas toda una serie de inseguridades y miedos. No es fácil alcanzar el reconocimiento social, de hecho rara vez este reconocimiento llega a tiempo.
Kafka nunca vio su obra publicada por elección propia, a pesar de su gran talento fue presa de muchas inseguridades y demonios internos que lo llevaban a grandes angustias.
Svevo, probó el reconocimiento literario cuando ya estaba entrado en sus sesenta años; Musil cuando escribió El estudiante de Törless vio su obra rechazada tres veces antes de que se la publicaran y después de ser reconocido por ella se sentía muy inseguro para dedicarse por completo a la escritura, sólo años después gracias al apoyo de su editor y a su grupo de admiradores consiguió llevar a cabo sus demás obras. A Benjamin le rechazaron la tesis. Faulkner tenía una gran necesidad de admiración y su pasó por la guerra aunque a penas tuvo protagonismo en ella, lo impulsó al principio de sus años a inventar todo tipo de mentiras para encontrar el reconocimiento que él buscaba.
Nuestros grandes amores literarios resultaron ser humanos, con conflictos internos y externos tan comunes como lo puede ser el miedo al rechazo.
Como escritora novel trato de ser conciente que cuando se cuentan los logros de otras personas de carrerilla todo suena fácil, pero para llegar a la calidad literaria(más que al reconocimiento social), hay que labrarse un camino de trabajo, constancia y tenacidad que saca a flote el talento que llevamos enraizado en el interior.
Mis orígenes.
María Zambrano habla del entendimiento como un despertar y los claros del bosque son ese punto de luz donde poco a poco iremos llenando de conocimiento.
Mi origen literario es el conjunto de árboles que me dan sombra por donde en alguna parte se escucha el eco de mi voz. El camino que recorreré será el de mi propio enriquecimiento y búsqueda de mi identidad literaria. El amor que me infundieron mis padres siendo una niña por los cuentos y las historias, el amor por Gabo y Ruben Darío es para mi una fortaleza. llevarlos a ellos, Oscar Wilde, Borges y Pombo  como parte de mi código genético, de mi propio bosque hace que mis  claros se escriban con entusiasmo.
Ser descendiente de una literatura heredada con amor me hace sentir una semilla prometedora.
De vez en cuando me quiero olvidar de todo y sencillamente quiero volver a mi casa, entonces busco a Gabo que siempre está dispuesto a entregarme un poquito de mi misma en el vaivén de sus palabras caribeñas. regreso a las tardes calientes de Diciembre cuando el sol pega con más fuerza sobre los techos de las casas y donde mi familia se reúne a comer los manjares de mi abuela que tiene un alma tan infinita que parece que fuera a vivir mucho más de cien años

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