Exceso

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    Iba caminando por la playa, descalzo, sintiendo la caricia fresca y espumosa del agua salada.

    En el horizonte, se recortaban las velas desplegadas de los navíos. Era una mañana hermosa, de cielo claro. La paz podía respirarse.

    Se sentía libre, distendido, como cuando era un niño. Se agachó, para tomar una piedra, y la lanzó con fuerza hacia el mar.

    Cuando uno de los barcos comenzó a hundirse, escuchó tras de sí las voces, desde el murallón:

    — ¡Hércules! ¡Otra vez! ¡Debes ser más cuidadoso!

    Comentarios

    1. VIMON

      11 abril, 2012

      Muy bueno, Hugo, con un final muy gracioso.

    2. hugojota

      11 abril, 2012

      Gracias a todos por leer y por divertirse un poco…

    3. El Moli

      12 abril, 2012

      Como siempre Hugo, ¡Genial!.

    4. volivar

      16 junio, 2012

      Hugojota: ¿qué añadir a lo dicho por mis compañeros? sólo reafirmar eso de genial.
      Volivar (Mi voto)

    5. Maqroll

      5 julio, 2012

      jajajajaja… Me gusta este humor salvaje que destilan algunos de tus cuentos.

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