Tu vida divertida

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No escribo ya de amor, no estando enamorado, no escribo de belleza, pues yo no tengo amada, no escribo de dulzor, gustando la rudeza, no escribo de placer, hallándome en dolores.

Joachim Du Bellau

 

Hoy que el sol alumbra terco, me han llamado y me han recriminado la vida. O sea, mi vida. Diciéndome que yo vivo una vida alegre, divertida y borracha. Me han dicho que soy un irresponsable que me he largado a la playa con esos pirañas de mis amigos de colegio y que soy una lacra para la sociedad. Un mal hijo, una mala persona.

Entonces, cuelgo y hace silencio en este departamento monse. Y pienso y respondo al señor que me ah llamado y al parecer no conoce mi vida. Llevo una vida sola, una vida que se quiebra muchas veces por lados que no deberían o no tendría que dejar que se quiebre. Llevo una vida triste, porque comprenderá usted señorón que no es muy divertido despertarse un Lunes y saber que estás más solo que la putamadre. Llevo una vida bohemia, porque el dolor que me produce a veces este tonto corazón me empacha el alma. Llevo una vida rara – y no confunda la rareza- porque a veces me da la locura y monto en el primer bus que me lleve a cualquier lado. Llevo una vida universitaria, con montones de patitas y mujercitas cool que esperan los fines de semana para sudar como cerdos en esas discotecas de moda. Llevo una vida intelectual, cuando no me importa en lo más absoluto el tiempo y me enfermo leyendo y leyendo en la biblioteca más nice de Lima y sólo me voy cuando las tripas me suenan. Llevo una vida criolla, porque adoro la música criolla, esa música que usted tanto desprecia y odia, porque es para los borrachos – según usted-, pero no se enronche tanto, porque también escucho mucho a Bach.

Llevo una vida sorda, entiéndase por sorda, que muchas veces los silencios en ésta casa es absurda y loca y tonta. Llevo una vida renegada, porque no estoy deacuerdo con nada, no me gusta nada y me jode todo. Porque no me gusta la comida del trabajo, porque no me gusta el sol, porque no me gusta el sonido espantoso del nextel. Llevo una vida poética, porque escribo poemas románticos en cualquier lado, en cualquier parte, en cualquier momento. Llevo una vida fuerte, porque muchas veces he tenido que juntar el sencillo del monedero y comprarme cualquier sanguchito de oferta – de esas que vienen con chicha morada-. Llevo una vida roja, porque me jode la exorbitante suma que tengo que pagar en la universidad y soy capaz de ponerme mi vinchita roja y reclamar en la rotonda de la UPC. Llevo una vida religiosa, porque rezo todos los días, pidiendo por todos – sí, por usted también, para que le vaya muy bien en su trabajo-, porque dios siempre está acá presente. Llevo una vida alegre – pero no de la alegría de la que usted se refiere- una alegría más sana, una alegría cuando cargo a Rodriguito y él se ríe a carcajadas violentas, alegría cuándo sé que mi madre me ah cocinado el plato favorito, sólo y exclusivamente para mi, y nadie ose a comer un poco de esa delicia, alegría cuando voy al cementerio y me paso horas hablando y hablando con los que se fueron y tuvieron que quedarme por un rato más. Llevo una vida cursi y romántica, así como la canción que el profesor Jirafales le cantaba a la buenamoza Doña Florinda, esa que dice: Pero al fanático de lo romántico, le importa un rábano el qué dirán/ Si somos cursis es cosa nuestra y nunca de nadie más / Somos cursis sí lo aceptamos/ Y, que nos dejen en paz. Y, lo soy porque aún este terco corazón sigue en pie de lucha. Llevo una vida de puros te extraño, de lamentos infernales, cuando la tarde empieza con la brisa del aire frio, partiéndote el alma. Llevo una vida de amores imperfectos, porque siempre me han roto el corazón, porque soy un loser para eso del amor. Llevo una vida de mentiras, porque abandoné mi curso de italiano intensivo y también el de francés, porque siempre me dicen que tengo el aura limpia y tengo risa bonita y tengo buenas vibras, pero yo no lo creo ni lo veo así. Llevo una vida torpe, porque siempre me tropiezo en las calles, porque soy un tonto para todo, soy torpe, porque soy un engreído del carajo. Llevo una vida salvaje, porque hay momentos que tomo dos días seguidos en una fiesta y luego quedo en estado de shock, por haber sido tan bestia. Y, como verá usted tremendo tipazo y tremendo señorón, digno de todas las glorias de la vida, digno de no ser juzgado, porque ostenta usted la vida pulcra y linda.

Porque yo no puedo a usted juzgarlo por sus mentiras, por sus llamadas a señoritas de dudosa reputación, yo no puedo, porque no soy nadie ni quién para juzgarlo. Y conste por está columnita de éste servidor que no tengo nada en contra de usted. Pero como verá y leerá, mi vida no es tan divertida Mr.

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