Suya

Escrito por
| 91 2 |
    Y ella, lo aceptó. Cada pestaña de Ophelia, tenía ese poder de dejar sin aliento, por el acelerado movimiento de su par de parpados cubriendo misteriosos, obscuros y brillantes ojos. Sus fuertes caderas envestidas por una bella piel morena, con aroma a flores recién cortadas y  domingo por la mañana, propio de nacimiento; de hace veinticinco primaveras.
    Aún la acompañaba, la capacidad de ser deslumbrada, pero por encima de todo deslumbrante. Él, la hizo suya desde hace cuatro veranos atrás, cuando una juguetona gota de su dorado sudor; recorrió el fino surco de sus trémulos pechos.
    Desde que el sonido de su lengua humedeciendo sus suaves y tiernos labios, le taladraba el oído; como el frágil e hipnotizante movimiento de mariposa al volar.
    Suspiro después de amar.
    Tulipanes invernando, canela, menta, romero y cáscara de nuez, era el brebaje, que él resolvió, daba como resultado, el aroma detrás de su cuello. Lo probó. Por eso los labios, el color a tierra, la envidia al pisar.
    La hizo suya, esa noche, cuando abrió con el primer trago de café; Ophelia con su silencio encantador.
    (Manos, servilletas; agua hecha vapor, son escenario)
    -¿Así me imaginabas? (Mirando su hombro izquierdo y con azúcar entre el índice y el pulgar)
    -Más joven.
    -Pero, si me veo igual que en la fotografía.
    -Quizá.
    -¿Cuáles son tus planes?
    -(Directo a los ojos) No hablar de planes.
    -¿Cómo es que, en tan poco tiempo me amas?
    Apenas logro safarse el signo de interrogación, cuando Ophelia lo inundo de ojos brillantes, flores recién cortadas, dorado sudor y todo un brebaje detrás de su cuello… lo probó.
    La tarde entrega lugar a la brillante noche, que es testigo de cómo: una frágil y modesta mujer, sin aroma singular, apenas reposa en una vieja y polvorienta silla; dispuesta a  pedir té. Él se acerca, se inclina, con todas sus fuerzas pregunta si le puede hacer compañía, cual es su nombre. Lucia Pérez, nacida en otoños incontables y con una piel de leche.
    Todo cobró sentido, siempre fue ella, Lucia, a la que llamaba en murmullos Ophelia; con azúcar entre el índice y el pulgar, toca su rostro… y ella, lo aceptó.

    Comentarios

    1. Avatar de VIMON

      VIMON

      25 mayo, 2012

      Un relato muy tierno, Miriam, te felicito. Tan solo, si me permites un detalle: la misma red Falsaria recomienda no subir mas de un escrito por dia, ya que, segun dice, subir varios dispersa la atencion del lector. Te lo paso al costo y perdona la intromision, que es de muy buena voluntad. Por lo pronto te felicito, te doy mi voto y te mando un beso.

    2. Avatar de

      volivar

      25 mayo, 2012

      Miriam: eres una fuente inagotable de inspiración.
      Felicidades
      Volivar

    Escribir un comentario