Terco amor o quédate un rato más

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    Aunque jamás tu corazón de hielo
    Palpite en mi presencia estremecido,
    Me es grato recordar que no has podido
    Nunca olvidar nuestro primer amor.

    Lord Bryron

     

     

    La tarde danza espesa. Es domingo 20 de Mayo, hoy escribo como en los viejos tiempos, con cuaderno cuadriculado y un lapicero. Sólo soy poseedor de esos dos instrumentos y ese demonio que albergo acá dentro que escribe y escribe. Escribo porque es 20 y lo prometido es deuda, aunque mi puntualidad con esta promesa no sea recompensada con un correo o una carta. Nada. Simplemente el aire se lleva todas las cartas que escribo los 20 de todos los meses.

    Estoy en Chaclacayo, al saber que iba caer domingo, decidí alquilar un bungalow por sólo un día, todo un día. Estoy con Daniela, ella está tomando foto a todo lo que se mueve, es fanática de las fotos. Yo por mi lado, le he prometido no demorar, estoy en la punta del cerro de este club. El aire corre lento, un frio alberga el ambiente, sin embargo me siento y escribo. Entonces me asaltan los recuerdos.

    Esa mañana, sabíamos que estabas a punto de partir. Tenías que tomar ese avión. Estabas molesta conmigo porque no tenía los suficientes huevos para decirte que te quedes, que nos la podíamos arreglar solos. Estabas molesta conmigo, pero también contigo misma, porque tampoco tenías los ovarios, para decidir quedarte, por miedo a tu papá a tu incierto futuro. Más sin embargo, a los dos nos penetraba ese amor inconfundible. La promesa rota, esa promesa rota de casarnos muy pronto.

    Observo, sigo observando. Un ave pasa y pasa, niños juegan a la pelota, felices de la vida. Bajo lento del cerro empinado y me voy al río. El suave murmuro, transforma estos sentimientos que tengo ahora. Una agonía horrible en la garganta, llorar por dentro es más horrible que llorar por fuera. Cuando lloras por fuera, luego pasa. Pero yo lloro por dentro, y eso se queda estancado en el pecho. Y arde. Te lo juro que arde mucho.

    Estábamos esperando en el aeropuerto, el dinero era poco, y las ganas de que te quedes eran muchas. Sentados en las sillas negras del Jorge Chávez, teníamos que esperar varias horas tu dichoso vuelo. Me hice el dormido, porque simplemente no quería hablar, por el temor celeste de rogarte por todos los dioses y demonios que te quedes. Que te quedes y no regreses. Dormía y tú me hacías piojitos, entrelazabas tus dedos pequeños y suaves sobre mi cabeza. Y seguías y seguías mientras yo reposaba como un niño en tus frágiles piernas. Hubiera dado cualquier cosa por ver ese momento tan romántico, desde otro punto del aeropuerto.

    El Bungalow está lleno de hortalizas y rosas rojas, las compré antes de llegar. Esta Daniela, pidiendo al señor del restorán comida para dos. Yo no tengo hambre, destapo el champán y cierro por un instante los ojos, queriendo apuntar en mi cuaderno cuadriculado todos los recuerdos.

    Estoy parado media hora, como un zombi, como un loquito desquiciado, una especie horrible de trance. Aún no puedo comprender que te vas y que posiblemente no vengas más. Porque ya la distancia  es insoportable. Y ese debió ser tu último avión. Pero nuestra mariconada y nuestra terquedad por hacer todo con las reglas, nos jugó una mala pasada, que ahora aqueja el corazón.

    Tengo miedo. Miedo de quizás traspasar la frontera de lo coherente. Extrañar y olvidar y seguir extrañando, ser un eterno cursi poeta, un muñeco en estado robótico, un muchacho que va por el mundo contando sus penas amorosas. Su eterno adiós y su eco borracho en las noches.

    ¡No te vayas, por favor! ¡No seas malo, no me dejes sola! Me rompiste el corazón, cuando me rogaste en mil lágrimas que no me fuera por nada del mundo, que no saliera de ese cuarto de hotel que hacía de departamento provisional. Tenías miedo de quedarte sola. Y mira, como es la vida de canalla. Ahora estoy yo solo y no tuve el tiempo de decirte que no te vayas, que también tengo miedo. Mucho miedo.

    Daniela me dice salud, ella sabe todo. Ella sabe toda mi vida, no sabría cómo arreglármelas sin ella, tiene el tino y la inteligencia que toda mujer envidiaría. Me atiende y cumple todos mis caprichos. Brindamos, ella brinda por nuestra amistad inquebrantable. Hemos tenido peleas, dudas sobre esta amistad, esta complicidad, pero sin embargo seguimos siempre juntos. Es una alianza que tenemos.

    La tarde cae violenta, un golpe certero a la melancolía. Estamos comiendo pollo a la brasa. De lejos, tu plato favorito. Ese pollo pequeño acompañado con papas fritas y ensalada fresca. Muy importante son las cremas, dejando de lado el ají, prefieres la mayonesa, y pedimos dos potes de mayonesa. Te observo, pero no te das cuenta. Eres bella. Así como la canción de la Guzmán. Eternamente bella, bella, en plena noche de la iguana.

    Daniela me mira, pero no me habla, tomo despacio el champán que danza como una gillete en mi garganta. No habla, sabe que hoy no es necesariamente un día de fiesta. Es bien huachafo prestarme atención a tamaña ridiculez solterona, pero ella no quiere dejarme solo y yo se lo agradezco con todo el corazón. Este atolondrado corazón terco y obstinado.

    Una, dos, tres, cuatro, cinco. Cinco páginas del cuadernito marrón que me regalaste he leído autoflagelándome. Has estrangulado mi corazón. Mi mente. Mierda, me estoy volviendo loco.

    Daniela me deja en mi departamento. Se despide cariñosa y yo pongo la música de Amy Winehouse, abro otro champán, estoy ebrio, pero desconsoladamente solo. Cierro los ojos y paso el champán. Lloro, extraño, percibo esa magia rota. Definitivamente rota.

    Vuelan los recuerdos. Me mienten en silencio. Me aplastan el alma.

     

    Domingo 20 de Mayo de 2012.  

     

     

    Comentarios

    1. Avatar de alca

      alca

      22 mayo, 2012

      Un buen relato de amor y desamor. Con el encanto y la sinceridad de una experiencia vivida. Felicitaciones literarias. Alca.

    2. Avatar de

      volivar

      22 mayo, 2012

      Eduardoflores: esto es obra de un maestro. Felicidades
      Mi voto, poir supuesto, y no puedo poner más… lástima
      Volivar

      • Avatar de EduardoFlores

        EduardoFlores

        22 mayo, 2012

        Volivar;

        Gracias por comentar en mis crónicas, poemas y columnas. Eres generoso conmigo. Gracias por comentar mi estimado y sobre todo por los cumplidos.

    3. Avatar de Soraya

      Soraya

      22 mayo, 2012

      Eduardo, por lo que cuenta en tu relato lo debes estar pasando mal… y no sabes como me identifico con tu texto. Pero amigo has encontrado la mejor solución….ESCRIBIR!!. Mi voto. Abrazos!!.
      PD: soy una ladrona de frases y me encanta la primera, tomaré buena nota de ella. ;)

      • Avatar de EduardoFlores

        EduardoFlores

        22 mayo, 2012

        Muchas gracias Zoraya. Ya ha pasado mucho tiempo pero igual, como sabrás comprender aún la herida arde. Saludos

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