El Atlántico desde tu ventana

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    Fuimos como doce veces. No más. Nuestra cama estaba rodeada por leones y albatros. Albatros en vuelos rasos de mar. Nos siguieron y nos abandonaron en las mareas de occidente, en las mareas sedantes del otoño, de sus hojas caídas. Fuimos el reflejo de la luna y su deseo nocturno, fuimos tiempo, fuimos horas, fuimos la manta celeste de cada una de nuestras noches. Saciamos nuestra sed vaciando las miradas, porque nos miramos, y al hacerlo el compás de todo se modificaba. Fuimos el espacio entre las fronteras del mundo y sus sueños, un lapso entre distancias y encuentros. Vimos nuestra cama volverse balsa y barco y lienzo. La vimos zarpar en alguna pintura de Rothko. Y nos preguntábamos sobre esas lluvias que venían y sus cielos nublados y el replique de sus gotas en cada porcelana del patio. Todas únicas. Todas irrepetibles. ¿A dónde iría su eco? Fuimos cajitas de música y un armario azul desgastado y un diente de león en alguna colina y también todos los sinónimos del viento y fuimos el ruidito aquel que no sabíamos de dónde venía y la historia del origen y creo que también fuimos la mañana y el mito que guardan las ruinas del pasado y el camino de piedras de río y la invención del niño, lo que se extraña, lo que se reconoce y el acorde monumental de Mi tocado por cuarenta pianos al final de esa canción y acaso no fuimos también esa sensación de despedida en colores sepia, en un tren cerca de la madre patria o encontrar algo en el bolso de un abrigo que no has usado en al menos un año, creo que lo fuimos, creo que has sido el reflejo de mi vida vista a la inversa, creo que yo he sido un paisaje que recuerdas, reconozco tus pisadas y el olor que dejaron tus manos sobre el tronco del sauce. El Atlántico se veía tan pequeño desde tu ventana. Fuimos ese océano que dibujamos con los labios aún sin tocarnos y fuimos el contorno del temblor compartido, del aliento comulgado. Fuimos la inmensidad del silencio y todas sus cordilleras. Fuimos todo eso que se nos ocurre, lo que nadie nunca pudo, porque nos inventamos, porque sólo fuimos. Fuimos todo eso, que sólo se sabe, cuando regresamos, cuando nos miramos de nuevo, cuando miramos el Atlántico desde tu ventana.

    Comentarios

    1. Avatar de VIMON

      VIMON

      14 junio, 2012

      Muy buen poema en prosa. Felicitaciones y mi voto.

    2. Avatar de

      volivar

      15 junio, 2012

      Luis Villanueva: Excelente narración. Muy literaria. Mi voto, por supuesto, que bien merecido lo tienes, éste y muchos má.
      Volivar

    3. DEVA

      16 junio, 2012

      Este es mío, sólo mío…

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