El secuestro (2ª parte)

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    Ana contemplaba a su marido tras un cristal cuadrado situado en la pared.

    __¿Seguro que no puede ver nada?

    Un hombre que había a su lado la miró sonriente.

    __Nada en absoluto. Él no puede vernos. Solo ve espejos. Se ve a si mismo, pero no a nosotros.

    __No sé,  a veces creo que nos ve cuando mira tan fijamente, cuando golpea los critales.

    El hombre volvió a mirar a Ana y volvió a sonreir.

    __Para él estos cristales son espejos. Es verdad que sabe que tras los espejos hay gente, pero no puede ver quiénes son. Tenemos además un moderno sistema de insonorización que evita que pueda oír ruidos.

    Ana se quedó mirando a su marido. Le daba pena. Parecía un naufrago con aquella barba, despeinado. Cuando le veía desesperarse le daban ganas de llorar, pero no podía echarse atrás. Había firmado un contrato millonario. Era la salvación de los dos.

    Ama podía contemplar a su marido a través de las siete ventanas con cristal. Tras cada ventana había una cámara de televisión. Las cámaras transmitían en directo día y noche todo lo que sucedía en la habitación, incluso cuando la luz estaba apagada, aunque en este caso la imagen se veía en blanco y negro.. “Secuestro” batía récords de audiencia, era todo un fenómeno sociológico.

    Cuando le hablaron a Ana del proyecto de programa a esta le pareció una barbaridad pero le ofrecían una enorme cantidad de dinero y tanto ella como su marido estaban en una mala situación. Por eso acabó aceptando. La productora había dejado claro a Ana que era imprescindible que Carlos no supiera nada, que debía pensar que era un secuestro real. No debía de tener ni idea de que aquello era un programa de televisión. Advirtieron a Ana que no se le ocurriera decirle nada a escondidas, porque si lo sabía se notaría y en ese caso se terminaría el programa y se rescindiría el contrato. Ana pensó que no podía arriesgarse a que todo se echara a perder, a no poder cobrar la cantidad que le ofrecían. Y no solo era el dinero, pensaba. El programa le daría fama a su marido y volverían a llamarle. A ella también le daría fama y podría iniciar una carrera como actriz en un momento en que su carrera como modelo llegaba a su fin.

    Cuando terminara el programa Ana tendría que explicarselo todo a Carlos. ¿Como se lo tomaría? ¿se lo perdonaría? ¿comprendería por qué lo hizo? Confiaba en que la cantidad que percibirían y la fama que alcanzaría le quitarían el enfado por haberle hecho pasar por aquello. Podría decirle que, al fin y al cabo, aquello había sido una experiencia como actor, aunque no hubiera sido consciente de ello. Era, sin saberlo, el protagonista de un programa de máxima audiencia que además sería vendido a otros países.

    Ana tenía fe en el futuro, necesitaba tenerla. Necesitaba pensar que todo aquello sirviría para mejorar sus vidas. De momento el presente le pareía terrible: su marido allí encerrado, sufriendo. Le veía por televisión y a veces en la misma casa donde se hacía el programa, separada de Carlos tan solo por una pared. A veces le daban ganas de abrir la puerta, entrar donde estaba, pero tenía que contenerse, ser fuerte, resistir.

    __Hemos decidido alargar un poco más el programa, unas semanas más.

    El director del programa estaba en su despacho. En la boca tenía un cigarrillo. Era calvo y con gafas. Estaba sentado en su sillón, tras su mesa llena de papeles. Enfrente de él estaba sentada Ana. El director la había llamado para comunicarle la decisión de la cadena donde se emitía “Secuestro”.

    Ana no pudo evitar mostrar su desagrado ante aquella noticia.

    __No puede ser, no pueden alargar más la tortura que se le está haciendo a Carlos. Ya han ganado suficiente dinero. Creo que debíamos dar por terminada esta historia.

    __Lo siento pero es una decisión irrevocable por parte de la cadena. Le recuerdo que una de las cláusulas del contrato que usted firmó decía que la duración inicialmente prevista para el programa podía alargarse si así lo decidía la cadena donde se emite. Son solo unos cuantos días más. No irá a perder lo que va a ganar por un poco de tiempo más.

    Ana se sentía entre la espada y la pared. No podía hacer nada, tenía que aceptar. Carlos era fuerte. A veces, le parecía que estaba a punto de volverse loco, pero luego le veía calmarse. Le veía leer los libros que le dejaban. Ambos tenían una fe casi religiosa en el futuro. La fe de Carlos le hacía confiar en ser liberado, en volver a ver a su mujer. La fe de Ana le hacía pensar en el dinero que recibirían, en las carreras profesionales de ambos, en que lograría convencer a Carlos de por qué había consentido que hicieran con él aquello.

    Ana se acercó a una de las ventnas por las que se veía la habitación donde tenían encerrado a Carlos. En ese momento CArlos, al otro lado, se miraba al espejo. Se tocaba la barba. Su expresión era triste. Las caras de Carlos y Ana estaban frente a frente, aunque él no lo sabía. Ana besó a Carlos a través del cristal. Sabía que no podía oírla pero aun así le habló.

    __Te quiero.

    Comentarios

    1. Avatar de

      volivar

      21 junio, 2012

      Alca, seguramente que habrá una tercera parte, y ¿qué pasará? suspenso… esperar, y sólo esperar que la inspiración te atrape y te ponga ante la computadora.
      Felicidades. Mi voto.
      Volivar

      • Avatar de alca

        alca

        21 junio, 2012

        Me alegra que te haya gustado pero siento decirte que el cuento termina aqui. El lector puede imaginar que el protagonista se quedará encerrado hasta el final del programa de tv y en cuanto a como reaccionará cuando le saquen y lo sepa todo…bueno, eso se lo dejo a la imaginación de cada uno. Saludos.

      • Avatar de alca

        alca

        21 junio, 2012

        Gracias por tu opinión positiva. Me anima a seguir inventando historias. Saludos.

    2. Avatar de alca

      alca

      21 junio, 2012

      Bueno, esa podía ser una reacción bastante lógica por parte del protagonista pero a lo mejor, si les pagan mucho y le relanza como actor a lo mejor se lo piensa. Besos y gracias por el comentario.

    3. mafalda

      30 junio, 2012

      ¿Te ocurre algo, Volivar?. No apareces por aquí desde hace muchos dias. Me tienes preocupada.

    4. Avatar de

      volivar

      30 junio, 2012

      Oh, amiga, Mafalda; el tiempo se esfuma, y me tiene atareado el proceso electoral del 1 de julio.
      Alca, acabo de releer tu narración; y he reafirmado que es muy hermosa, por ese misterio… ese esperar qué sucederá con el facilado de Carlos…
      Atentamente
      Volivar

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