Elson Ámbulo

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Elson llegó al hotel sobre las cuatro de la tarde. Le dieron la habitación mil ciento siete. Era un error, él había reservado la ciento siete, pero estaba demasiado cansado para subsanar el malentendido. En esos momentos sólo deseaba asearse, comer algo y descansar un rato antes de la cena. Así que resignado subió a la habitación.

Una vez instalado, llamó a recepción y pidió que le subieran algo de comer. Mientras, se dio una ducha y cuando llegó la comida ya tenía preparada la mesa en la terraza.

Comió despreocupado, observando una  espectacular panorámica de la ciudad vieja que se rendía a sus pies, en la que un soberbio amasijo de tejados rojos y patios encalados sin orden alguno, zizagueaban por un laberinto de empedradas callejuelas, bordeando la plaza central, donde vendedores ambulantes exhibían en sus tenderetes diferentes mercaderías.

El cansancio le vencía, así que cerró las ventanas de la terraza y se tumbó a descansar un rato, no se acordó de la ventana del baño que quedó abierta.  Se durmió enseguida.

Le despertó la suave brisa de la tarde crepuscular que ya declinaba y el nítido sonido de los coches de emergencia. De repente abrió los ojos alarmado. La brisa suave se convirtió en el viento helador de los glaciares patagónicos. Una súbita debilidad se adueñó de él. Involuntariamente sus piernas empezaron a temblar incontroladas. Cerró los ojos pretendiendo calmarse y llenar sus pulmones de aire. Trató en vano de tranquilizarse a la vez que ríos de sudor frio competían velozmente entre si, para ver quien era el primero en precipitarse de su atenazado cuerpo. Una contracción violenta de su estómago le hizo dar una arcada. Balbuceó una atropellada oración que no recordaba. Lágrimas de congoja intentaban lavar la expresión de su aterrada cara. En un último intento desesperado se tapó inútilmente la boca con una mano, al mismo tiempo que le arremetía otra arcada, ésta con una fuerza descomunal que le hizo estremecerse. Entonces perdió el equilibrio y cayó. Su reloj de arena dejó de fluir los últimos granos, quedando vacio con un feroz golpe y un grito desesperado.

Al día siguiente los periódicos daban la noticia. Hoy es un triste día para las letras, ya que el escritor Andrés Yllera mas conocido por su seudónimo Elson Ámbulo falleció ayer al precipitarse desde el décimo piso del hotel en el que estaba alojado, por lo visto había acudido a la cena del vigésimo quinto aniversario de su promoción. Hasta el momento no se descarta ninguna hipótesis sobre el suceso, pero la que más fuerza cobra es que el escritor Elson Ámbulo padecía sonambulismo, de ahí su seudónimo, enfermedad confirmada por su familia, que aún no se explican como ha podido ocurrir la tragedia.

 

Comentarios

  1. Profile photo of JorgeMoreno

    JorgeMoreno

    12 junio, 2012

    Muy bueno Netor. Los errores a veces traen consecuencias fatales.

    • Profile photo of Netor

      Netor

      13 junio, 2012

      Gracias Jorge Moreno, si la verdad es que hay errores fatales.
      Saludos

  2. Profile photo of VIMON

    VIMON

    12 junio, 2012

    Buen relato, Netor. Saludos y mi voto.

  3. Profile photo of alca

    alca

    12 junio, 2012

    Pobre Elson, si ya, si ya… hay que tener cuidado con las ventanitas ¡qué se abren solas!
    Te ha quedado muy bien engarzado el posible desenlace.
    Nos ha gustado mucho. Besos de Alca-el-profesor-de-historia y Golondrina.

    • Profile photo of Netor

      Netor

      13 junio, 2012

      Gracias Alcaprofe y Golon (parece el nombre de un perro), para que veais como es la vida.
      Besos

  4. Profile photo of Eidan

    Eidan

    13 junio, 2012

    Mi voto y a portada que vas. Fenómeno. Te sigo.

  5. Profile photo of Netor

    Netor

    26 junio, 2012

    Gracias cartonpintado, por leer y comentar
    Saludos

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