Flaca

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    A Valeria y su loco aroma a locura.

     

    Déjame mirar atrás por última vez.
    Siento en mí el leve y menguante tic tac del reloj.
    Muerte, noche, y pronto se detendrá el latir de mi corazón.

    Whitman

     

    Era verano de un mes que no recuerdo y de un día que tampoco recuerdo. Estábamos sentados viendo pasar el viento helado,  gritando en nuestros sordos oídos.  Cantábamos una canción de Jarabe de Palo, ella suspiraba como queriendo robarle un poco de paciencia al aire. Yo servía lentamente el ron canela que habíamos comprado en un grifo que por supuesto tampoco recuerdo. Habrá pasado medía hora, sin pronunciar palabra alguna, ni un leve crujir de nuestras deslenguadas voces. Éramos tan iguales, que teníamos miedo de hacernos daño mutuamente. De decirle que coquearse estaba pésimo. Que me diga que escribir poesías era de gays. De decirle que era bella y que sentía que la amaba. De decirme que para ella yo era guapo.

    Estábamos captando el rumor del mar a medio venir, cuando ella saco un paquetito de su mochila de mano y me miró y yo la miré. El terror de sus ojos era pronunciable, le veía las pupilas danzando en medio de esa tarde. Uno, dos, tres. Jaló un buen tirón de cocaína y se tiró haciendo sonar su cabeza con la arena. Suspiró y empezó a cantar  una canción de jarabe de Palo.

    Ahora que me encuentro solo, cuando ya el recuerdo de ella invade mi cuerpo, porque no logro comprender que ya no está, que se fue, que tomó el primer vuelo hacía el infinito y me dejó más solo que nunca. Escucho la canción esa que ella empezó a cantar ese día y canto y rio y fumo.  En la vida conocí mujer igual a la flaca, canto bailo y la recuerdo en ese vaivén exuberante de su  abrazo en aquella tarde, de cuando corríamos como locos en la playa y la gente nos miraba extraños. Por un beso de ella aunque solo una fuera, por un beso de la flaca daría lo que fuera, y el calambre de los recuerdos me  capta en el preciso instante que, en el preciso momento que ella se acerca y me besa, sí me besa. Por un beso, de ella aunque solo uno fuera,  Y estoy acá rasguñando las recuerdos de esa flaca bonita que me hizo tan feliz la vida. Quizás sin ella esta vida no tendría sentido. Como tampoco tendría sentido escribir o cantar o beber. Nada, nada tendría sentido.

    A mí me tiene loquito. Exclamo su nombre, pero sé que es inútil, que esa flaca hermosa, ya se fue y me dejó más solo que un loco sin dueña. Entonces procuro reírme de nuestras tontas tonterías. Porque los dos éramos torpes para todo. Yo cocinaba, y ella me hacía los tragos. Yo ponía la sombrilla y ella me hacia los tragos. Yo pedía el cebiche y ella las cervezas.

    La última vez que  fuimos a la playa ella me dejó una carta bien pequeña, con letra cursiva y con una firma extraña.

    Gordo de mi vida, jamás, escúchalo, jamás, me olvides. Y prométeme por tus santos, por los libros que lees, por tus poemas. Que nunca te molestarás conmigo y nunca de nunca dejarás de visitarme ¿ya? Te quiero gordo, a veces creo que dios fue muy bueno conmigo por dejar que te conozca. Y, ya mucha huachafería que te la vas a creer y para cosas cursis ya tenemos bastante contigo.

    Besos.

    Entonces entro como loco a  mi habitación y saco esa carta, la huelo, la toco y por supuesto la extraño, sobre todo eso, la extraño.

    Comentarios

    1. Avatar de

      volivar

      23 junio, 2012

      Eduardoflores: buena narración, amigo, llena de nostalgia, de sentimientos bellos. Saludos. Mi voto.
      Volivar

      • Avatar de EduardoFlores

        EduardoFlores

        23 junio, 2012

        Gracias por el voto y por el comentario Volivar. Hoy toca estar nostálgico.

    2. Avatar de Soraya

      Soraya

      25 junio, 2012

      Que bonito Edurado, yo soy de las que piensan que hay canciones que forman la banda sonora de nuestra vida. Lindo homenaje a la “flaca” (en ambos sentidos claro! ;) ) abrazos!!

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