
A las mañanas más tristes que todo
Para mejor borrar mi nombre
Para sacudir el polvo y volver al polvo
Para maldecir los instantes al parecer felices
César Moro
La sangre me explota
La garganta se seca con la escarcha absoluta de la infelicidad
Y hoy qué interrumpo estos versos al filo del humo del tabaco
Me siento ligeramente triste, como la tarde que se abriga de frio
Aterrizo, callo
Los ojos se empañan, como espejos nuevos
Mi mente, recuerda levemente el silencio espeso, cuando nos amábamos
Todo era tan perfecto; La tarde, la magia, el rubio placer de nuestros días, los besos volados, las flores violetas. Oh, las flores violetas
Canto por primera vez en mucho tiempo
Mi voz es imprecisa, desequilibrada. Me detengo. Escucho el tiritar del silencio
Exclamo algunas palabras de auxilio. Mi grito se ahoga fácilmente, como la de un niño
Te recuerdo, y te recuerdo. Dios me impone este día como su tuviera vergüenza de mis dolores
Tengo que destrozar mis fantasmas que duermen con mis recuerdos tan infames
Dios, tiene vergüenza de mí. Como yo tengo vergüenza de mi amor
Este amor tan torpe que me tiene sin poder vivir.




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