La rara vida de Julián Montenegro

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Yo quiero ser un niño muy mono

Orhan Pamuk / Estambul

 

Julián Montenegro, he escrito por fin en mi cuadro terminado. Julián también se llamaba mi abuelo, ese viejo a quien extraño tanto. Quizás yo sea como él, así me lo dijo mi abuela. El gran Julián – Mi abuelo- murió de lo que todo el mundo sospechaba que iba a morir, cirrosis. Yo creo que mi Tata murió feliz  y contento. En esa época él estaba en Paris, encontraron su cuerpo en el hotel Du Sénat, su acompañante una joven muy guapetona que no pasaba los 35. Mi abuela nunca le pudo perdonar que el viejo loco se haya muerto tan lejos de esa húmeda Lima y sobre todo que de puro arrecho se mandara a mudar a París.

Cuándo mi Tata murió empecé a tomar ron todos los días, con los amigos del barrio Miraflorino donde vivía con mi abuela. Ella me miraba detenidamente; “Igualito al viejo eres tú Juliancito, igualito”. Cuando cumplí la mayoría de edad, mi Tata me había dejado una herencia nada reprochable, así que me compré una casita humilde frente al mar, cerca de Máncora.

Y acá estoy, pintando, lo que sea que se me ocurra. Las mañanas acá son leves y frías, tibias más bien, ya me acostumbre a las visitas de las Piuranitas ricas o de alguna otra gringa que viene por acá para ver mis pinturas. Pero el recuerdo de ese amor de hace años sigue acá, latiendo, palpitando. Supongo que ella debe estar bien. Si ella, la que ahora mi mente invoca casi todos los días, la dulce y bella Mariana: Esa nariz, ese culito paradito, esas tetas. Pero la perdí de puro huevón que fui. Se enteró que me tiré a su mejor amiga Carmen y eso jamás me lo perdonó, sus padres la mandaron a estudiar a Boston y yo me quedé con mi vida bohemia y triste.

Hace un tiempo quería irme a Lima, verla, tirármela, vivir juntos pero acá, en esta playa casi desierta.

Ya todos me conocen, hasta tengo a un amigo que se llama Carlos y me trae comida y todo lo que yo le pida – hasta putas- Es un buen tipo éste Carlos, le gusta no sé aún porque que lo llamen “Calígula”.

Ayer tuve un sueño espeso, olía a canela. No sé si será porque me había pasado de Marihuana, pero estaba en otro espacio, otra esfera, nada, absolutamente nada, danzaba bien conmigo. Quizás fue el puto recuerdo de Mariana. Me acuerdo cuando me declaré, ahí en pleno Larcomar, ella tenía una faldita escocesa  y yo estaba en buso. Estaba nerviosísimo, temblando, sin saber qué decir, le di un beso nomás, a lo bestia, ella se dejó. Sus labios eran suavecitos, olían rico, a frambuesa. Así como las niñas bien de Lima. Luego que pasaron los meses, de agarre y salidas, pude llevarla a mi casa porque mi Abuela no estaba, nunca olvidaré lo que me decía Mariana en la oreja, mientras hacíamos el amor.  Ella estaba nerviosa, tensa, dura. Yo estaba como un burro en celo, la besé, como veía en las películas esas qué mi amigo Omar me prestaba a cambio de dinero. Ella seguía tensa, sabía que era su primera vez. “No me bajaré el calzón”, me dijo, muy seriamente, “No te preocupes mi amor”, dije yo. Olía rico, su cabello ondeado, su piel nívea, sus tetas paradas, tambaleaban en la locura de mi imaginación. La besé y nos dejamos llevar, la tuve que calmar en más de 4 oportunidades, no quería, le dolía demasiado. Luego de 3 días de arduos intentos por hacerlo sin que le duela tanto, lo hicimos. Los otros días fueron más excitantes, me pedía posiciones, ver la revista, saber de todo sobre eso. Y siempre, me decía al oído “Qué rico Carajo”. Era delicioso escucharla decir esa mala palabra.

Los días pasaron y su amiga Carmen, me había besado. Y yo ni tonto ni perezoso, agarré nomás. La lleve a un hotel de Breña donde nos atendió una chica de lentes y sonrisa malévola. Carmencita, tenía la piel suavecita, olía a pantis, húmedo, sexo, sexo. Sabía bastante sobre el asunto carnal y lo hicimos muchas veces esa noche. Justo esa noche había perdido a Marianita, cuándo la perra de Carmencita la llamó para decirle que estábamos acostados y habíamos hecho el amor.

Fue todo un lío, mis amigos me felicitaban, me daban palmaditas en el hombro, pero yo estaba confundido, destrozado. Me encerré en mis cuarto días enteros donde fumaba bastante marihuana.

Tirado en este sofá mirando el cuadro que pinté en honor a Marianita, pienso en ir a Lima, pero un recuerdo me invade, me asusta. Lima y su tristeza, su mar sucio, la gente que no para de su rutina diaria. Yo no soy así, soy distinto, destapo el ron y brindo por mí mismo. Y me toco  pensando en Marianita. Pensando sobre todo su eterno gemir y su frase que siempre quedará en mí; “Qué rico Carajo”.

Comentarios

  1. Profile photo of Soraya

    Soraya

    6 junio, 2012

    El sexo…. puede ser la perdición para muchos!!. Abrazos!!

      • Profile photo of Soraya

        Soraya

        7 junio, 2012

        Tengo una duda Eduardo, ¿porque me llamas “Zoraya”?, no me desagrada eh!! puedes llamarme así si quieres… es que tengo curiosidad porque eres el único ;) Saludos.

        • Profile photo of EduardoFlores

          EduardoFlores

          7 junio, 2012

          Porque me hace acordar a una novela que leí de una Zoraya, y me impactó ese personaje.

          • Profile photo of Soraya

            Soraya

            11 junio, 2012

            Pues espero que sea por algo bueno… me tendrás que dar el título para leerla yo también. Gracias. Un saludo.

  2. Profile photo of

    volivar

    6 junio, 2012

    Eduardoflores: como eres pintor de lienzos, sabes detallar muy bien tus experiencias.
    felicidades.

  3. Profile photo of Lot Alkef

    Lot Alkef

    8 junio, 2012

    Te doy mi voto.

    Realmente has logrado captar la vida del bohemio. Me siento tentado a que casi pudo llamarse “la vida inútil de Julián Montenegro”.

    Muy bueno, felicitaciones.

    • Profile photo of EduardoFlores

      EduardoFlores

      8 junio, 2012

      Gracias Lor Alkef por comentar. No creo que sea inútil la vida de Julián porque +el se siente feliz en esa soledad y esas tardes bohemias.

      Saludos.

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