Nueva vida, viejo

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Micieces de Ojeda no tendría más que sesenta o setenta habitantes en aquella época del año. Ramón vivía solo en casa de los abuelos de su mujer, los veranos lo visitaba la familia, hijos y nietos. No los extrañaba el resto del año, ya se había acostumbrado a la soledad.

La mies no brillaba ya como antes, Marian ya no estaba a su lado; todos esos años, todas las aventuras juntos: primero mochilas, luego maletas, la familia en coche, trenes, aviones; el pasado que tenía su lugar en la memoria, lo que fue y no volverá, donde ella estaba y no esta; donde los hijos tienen sus hijos un viejo cansado, solo y aburrido es un resto que queda en el mundo.

Pero como las montañas tienen sus vales y los atardeceres se esfuman con el nuevo día, justo un día, Ramón vio el fin de todo muy cerca. El cáncer le hizo ver que la vida valía más que la muerte y todos los meses de tú a tú con la parca le llevaron a encontrar el loco que tenía guardado bien adentro.

Así una vez en el pueblo, hizo las maletas, y cuando el taller le devolvió el coche, sólo había un camino en su mente: Micieces de Ojeda, Aguilar, Cervera, Vega, Riaño, Oseja y al fin Soto de Sajambre.

No era un viaje largo, no era el viaje de sus sueños; era donde nunca pudo llevarla: “quizás con un poco más de tiempo, cuando mejores, si eso lo vemos, estamos ocupados, no sabemos. ¿Por qué nunca pudimos? ¿Por qué dejé de hacerlo?”. La inútil respuesta no venía ya a cuento, el pobre anciano por fin estaba en el pueblo, para pasar el tiempo que hiciera falta mientras olvidaba aquel recuerdo.

Y pasaron los días, la casa donde estaba se hizo costumbre y donde hubo un inquilino se quedó un viejo, porque las cosas a veces cambian para bien, y otras, para el tiempo que queda. Asumieron que eso era lo que quería el viejo, vivir o morir ahí, donde nadie lo hacía sentir obsoleto; Ramón había encontrado algo que no dejaba moverlo, la familia lo iba a ver, los amigos le tenían envidia al verlo, Ramón Alonso estaba inquieto y tenía un sueño.

 

* * *

 

Balbina volvió a casa después del incidente, no la dejaron sola hasta que pronto se deshizo de aquellos pesados hijos y las nueras, que le hacían la vida imposible. No era una inválida y les había prometido no volver a hacer lo hecho, pero si seguían insistiendo les iba a mostrar otro “intento”.

Logró lo que quería, y poco a poco salió del odioso dolor al que estaba acostumbrada. Los días eran meses, las horas pesadas letanías; un pueblo hermoso la envolvía en una vorágine asquerosa. Ni sus nietos, ni sus risas eran un aliciente para volver a la vida. Nada lo había sido y ya, con el color del otoño, menos lo sería.

Pero ese viejo alegre apareció aquella tarde, cuando iba a beber a escondidas. La miró a los ojos —como hacía tiempo nadie hacía— y con su saludo estúpido le sacó una sonrisa. Lo de después no tiene sentido, porque ni ella misma lo entendía.

Se dieron un beso, muy dulce, era casi una caricia. Sus labios se tocaron suaves y sus ojos se abrieron. Compartieron una sonrisa, aquello era hermoso, y por eso repitieron, pero con calma. Gozaron aquella cosa inesperada, como quien disfruta de una brisa.

Comentarios

  1. Profile photo of Viola

    Viola

    28 junio, 2012

    Pernando, me gustó mucho tu cuento. Hay unos pequeños errores de puntuación y de coherencia, nada que no se pueda corregir. El cuento muy tierno y la forma en que uniste estas dos personas, ya sin esperanza, ha sido maravilloso ” Se dieron un beso, muy dulce, era casi una caricia. Sus labios se tocaron suaves y sus ojos se abrieron. Compartieron una sonrisa, aquello era hermoso, y por eso repitieron, pero con calma. Gozaron aquella cosa inesperada, como quien disfruta de una brisa”. Tienes mi voto.

  2. Profile photo of

    volivar

    2 julio, 2012

    Pernando: cuando se escribe como lo haces tú, se siente la alegría de la vida, sin importar el tiempo, los años, los recuerdos… nada, lo único válido es el amor, un amor intenso, como ese que dices de los dos viejos.
    Saludos y mi voto.
    Volivar

  3. María eugenia Díaz

    5 julio, 2012

    Hermoso el relato, dulce y triste a la vez, es verdad que hay algunas correcciones que hacer, pero no le quitan valor. Bello porque describe como el amor devuelve la vida a lo que estaba muerto porque no tenán esperanza ni motivos por que vivir. Tienes mi voto.

  4. Profile photo of Paloma Benavente

    Paloma Benavente

    18 septiembre, 2012

    Hermoso relato, muy hermoso. Me alegro de haberlo descubierto. Un detalle, “las montañas tienen sus VALLES”, que ha salido solo una L.

    Un saludo y mi voto.

  5. Profile photo of GustavoDelToro

    GustavoDelToro

    19 septiembre, 2012

    En verdad creo que no había puesto mucha atención a tus letras, son muy buenas. Te felicito de verdad, un gusto leerte. mi Voto y llegas a 20 :).

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