El polvo blanco de la insensibilidad

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Si te encuentro en otra vida, ya no vuelvas a esconderte. Ahí te dejo una señal en el camino de la suerte.

En otra vida. Gian Marco.

 

UNO

Oírla hablar, me volvía más nostálgico. Todos sus recuerdos de ese amor que se marchó el día menos pensado. Ahí  estaba yo viendo como trataba de sacar esos demonios, viendo como se metía más y más ese polvo blanco envuelto en un papel manteca. La veía luchar contra todos esos asesinos que le agredían el alma.

Me contaba que M la había dejado. Qué ese amor se fue dejándola abandonada de todo, huérfana de amor. Y, que ese polvo albino que tantas veces había sido testigo de sus consecuencias y sus efectos, por supuesto la tranquilizaba. Este polvo es mi cura, me juraba y me re – juraba, mientras proseguía con esos recuerdos que me volvían más depresivo.

 

DOS

Estaba realmente sorprendido, él estaba ahí sin inmutarse por el frío. Estaba ahí sin hablar, sin pronunciarse en contra de ese vil amor que lo dejo más solo y más triste de lo que es en realidad. Parecía que su corazón se había vuelto de piedra y por nada del mundo lloraba o se quejaba.  La coca le había quitado el alma. Lo había vuelto inmune al dolor, el dolor infernal que el rechazo y el amor producen.

 

TRES

Estaba aspirando líneas y líneas en una fiesta infantil, exactamente en el cuarto que su octogenaria madre ocupaba. Lo había visto, aspirando mientras se tapaba con el dedo una de las fosas nasales. Su nariz se volvía blanca y él no se dio cuenta que yo estaba examinando como se jalaba esas líneas de coca. Luego volteó, me miró y siguió jalando. Yo por supuesto era un fantasma.

No sabía porque jalaba. Al parecer tenía todo, tres hermosas hijas que triunfaban en un pueblo gringo, dinero y placer. Quizás aspiraba por que le faltaba ese sentido de aventura en su vida. En su delgada vida.

 

CUATRO

Siempre se demoraba mucho en el baño, siempre. Ya estaba acostumbrado a su ausencia por varios minutos. A sus manía por agarrarse bastante la nariz. A sus silencios extremos. A sus vodka con jugo de naranja. A su llanto. A su felicidad.

Un día me dijo que ese polvo que yo tanto odiaba y despreciaba, la ayudaba a sentirse mejor, más viva, más linda. La miré callándola y la abracé, quizás fue en ese momento que entendí  que ese polvo blanco que le traía un chico de 17 años desde el Rímac, la hacía sentir mejor. Entendiendo eso, jamás me opuse que jalara al frente mío, jamás le dije que dejara ese vicio. Ella era más inteligente que yo y sabia lo que hacía.

Pero ese polvo la hizo creerse inmune a todo, entonces se rehusó contra todo pronóstico a su tratamiento. La coca la había cegado. Se puso mal y cayó enferma en la clínica Internacional, fue ahí el último maldito día que la visité y fue ahí que me dio su última sonrisa y me dijo; gracias por todas las alegrías gordo. Jamás olvidaré su ritmo asesino por la vida.

Había perdido a mi amiga y me sentía más solo que nunca. Quería desaparecer, me había vuelto muy depresivo, quería morirme, pero no sabía si al morirme la encontraría.

Ahora que repaso estás escenas en mi mente y ahora que estoy solo, ya no sé qué hacer, quizás ir al mar y fumar algo esté bien. Tengo que aceptar que me he vuelto un hombre solo y solitario, melancólico y depresivo.  

Comentarios

  1. Avatar de

    volivar

    2 julio, 2012

    Eduardoflores: amigo, qué bien pintas esas escenas de los que acostujmbran meterse eso en el cuerpo; ese polvo blanco que, dicen los usuarios, los hace felices, pero que poco a poco acaba con su vida. Maldito polvo que está destruyendo gran parte de la humanidad, especialmente a la juventud.
    Te voy a contar: yo, aquí, en mi periódico, necesito choferes, jóvenes que sepan manejar un auto pequeño. Contrato a uno, pero no dura ni una semana en el trabajo, porque el polvo no lo deja trabajar, pues expone y se expone a morirse en un accidente.
    Ah, méndigo invento del demonio.
    Tienes mi voto, amigo.
    Felicidades por esta narracción.
    Volivar

    • Avatar de EduardoFlores

      EduardoFlores

      2 julio, 2012

      Volivar, a veces el polvo ese nos quita mucho de nuestra vida que se empalma en el silencio albino de ese soplo. De ese jalar y jalar.

      Saludos y gracias.

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