Los ancianos

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Noche cerrada. Sin luna.

Una cabaña, una chimenea echando humo, un par de faroles encendidos, un lago detrás de la misma, montañas.

Al frente un bosque de pinos.

Aromas comunes, sonidos comunes, emitidos por los distintos habitantes del lugar, lobos, búhos, insectos, ardillas, aves.

La noche transcurría con tranquilidad  hasta que un alarido agudo, impresionante se escuchó de pronto y penetró en cada rincón del lugar, paralizando el corazón de todo ser vivo e hizo que todo quedara en un silencio absoluto.

El silencio se hizo sentir. Se percibía. Como así también el miedo, el temor. Y en el aire un aroma muy fuerte, como si fuera alcohol.

¿Quien había gritado de esa manera?

¿Por qué había gritado?

¿Dónde se encontraba la persona que había gritado?

¿Por qué ese aroma a alcohol en el aire?

La pareja de ancianos que vivía en la cabaña, se había asomado a la puerta, ella con dos faroles en sus manos, él con su escopeta cargada.

Avanzaron unos metros con suma cautela pero no vieron nada extraño. Su viejo perro estaba inquieto pero no sabían el motivo. Ladraba en forma constante.

Ingresaron a la cabaña, algo preocupados pero sin que les llegara a quitar el sueño ese grito..

La anciana preparó un té muy caliente con miel, en un tazón enorme, lo bebieron entre los dos, platicaron unos minutos hasta que se acostaron en su vieja cama para dormirse a los pocos minutos.

Pasó tan solo media hora cuando una risa estruendosa irrumpió otra vez en medio de la noche, haciendo saltar de la cama a los ancianos y al perro. Los animales del bosque, esta vez, emitieron sus sonidos característicos y la noche se convirtió en algo caótico, ensordecedor, no podían escucharse entre sí. Musical por momentos. Y de pronto, abruptamente, el silencio se apoderó de todo.

Fue entonces que el bosque se pobló de sombras, seres sin rostro con una túnica negra, avanzando a través de los árboles, largos, delgados y con paso lento, muy lento, como si flotaran en el aire.

Son las almas de los muertos de ese día, que se dirigen al lago, lugar que en su lecho se encuentra el Portal.

Allí cruzarán al Otro lado para transformarse en seres de luz. Según cuenta la gente del lugar han visto cruzar a muchos como así también han visto el instante en que dejan la oscuridad para comenzar a ser algo brillante y plenos de vida hasta que todo se desvanece.

Volviendo, una vez que llegaron todos al lago para dirigirse al fondo del mismo, el bosque vuelve a tomar su fisonomía natural y los ancianos vuelven a su cama para intentar dormirse una vez más.

Dormían placidamente hasta que otra vez, un estruendo impresionante los despierta.

Es el ruido de un tren avanzando. Por el bosque.

Se levantan, salen otra vez a la puerta de la cabaña y siguen escuchando un tren que avanza.

Cada vez más cerca.

Cada vez más.

Muy cerca.

Se abrazan y cierran los ojos.

Cuando los abren ven una luz inmensa que se dirige hacia ellos. Y el ruido del tren que se hacen cada vez más insoportable.

Se abrazan muy fuertemente y cierran los ojos… nuevamente…El tren pasa por encima de ellos y de la cabaña y desaparece…

Los ancianos miran unos instantes, fijan sus miradas en el lago y vuelven a su cabaña y a su cama.

El señor entonces le pregunta a la esposa: ¿“Los contaste”? a lo que ella responde “Si, son 50.”

El tren había partido de la estación mas al norte del país con destino a la estación más austral, más al sur.

Se encontraba al limite de su capacidad, cientos de pasajeros se encontraban viajando en el mismo.

En el último vagón, un grupo de jóvenes, habían organizado una fiesta donde el alcohol, la música, la risa y los gritos eran los grandes protagonistas de la noche. Caos y descontrol.

Habían tomado tanto alcohol que ya no tenían el control de sus acciones. Dos amigos, sin saber lo que hacían, habían salido del vagón para soltarlo del resto de la formación. Lo lograron. El vagón quedó a la deriva en la vía, tomó una velocidad enorme, se metió en un desvío donde finalizaban las vías y un vacío entre dos montañas los aguardaba al final.

El vagón cayó al mismo con todos los jóvenes que se encontraban en el mismo.

Nadie sobrevivió. Tampoco nadie tuvo noción de lo que ocurría en esos últimos instantes de vida. Tan solo una jovencita, con menos alcohol que el resto, antes que el tren cayera dijo: “Nos esperan dos ancianos, son muy lindos”. Pero estaban todos alcoholizados. Nadie le prestó atención.

Eran 50.

Buenas noches.

 

 

Comentarios

  1. Profile photo of El-Moli

    El-Moli

    6 julio, 2012

    Que extraño tu relato, tanto la trama como el final, imprevisible por cierto.
    Me gustó, te dejo un abrazo y mi voto.

    • Profile photo of Richard

      Richard

      7 julio, 2012

      ¿Algo extraño no, mi amigo?
      Me alegra mucho te halla gustado.
      Y muchas gracias. Por todo.
      Un gran abrazo

  2. Profile photo of

    volivar

    6 julio, 2012

    Richard, me has impresionado por tu buena narración; pero, más que buena, expectante, en la que no falta ni sobra una palabra, que es, precisamente, lo que hacen los grandes cuentistas.
    Felicidades.
    Mi voto
    Volivar

    • Profile photo of Richard

      Richard

      7 julio, 2012

      Estimado amigo.
      Muchas gracias, como siempre.
      Es muy importante todo lo que me digas porque me permite seguir aprendiendo.
      Un gran abrazo

  3. Profile photo of VIMON

    VIMON

    7 julio, 2012

    Muy buen relato, Richard, felicitaciones y mi voto.

  4. Profile photo of ZusiOns

    ZusiOns

    7 julio, 2012

    Me has sorprendido a cada momento con este relato, tiene intrica, misterio, unos parajes de cuento y una narrativa que se lee sola. Mis felicitaciones y voto.

    • Profile photo of Richard

      Richard

      8 julio, 2012

      Hola.
      Muchisimas gracias por tus comentarios.
      Son muy importantes para mi.
      Me ayudan a seguir aprendiendo.
      Un beso.

    • Profile photo of Richard

      Richard

      8 julio, 2012

      Muchas gracias por leer, por tus comentarios, por todo.
      Feliz sabado para vos tambien.
      Un beso.

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