Perdedor

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    Al entrar al cuarto de baño lo vi en la bañera. Un autentico tigre de bengala  que lejos de parecer amenazante se aseaba con tranquilidad el costado y las patas como cualquier simpático felino. Sin aliviar mis ganas de miccionar cerré la puerta de inmediato y con sigilo volví sobre mis pasos al salón.

    -¡Ey Mc Martigan!- traté de aparentar cierto aplomo-Hay un tigre de bengala en tu bañera- Mc Martigan me miró y negando con la cabeza me recomendó, no sin cierta sobriedad, que dejara las drogas.

    Me senté a continuar la partida de póker, pensando que aquella no era mi casa. Si Mc Martigan quería y podía tener un tigre en la bañera, era cosa suya. Quién era yo para decirle lo que tenía que hacer. Continuamos jugando. Tenía una mala racha, ligaba alguna pareja, poca cosa y además me meaba.

    -¿oye y con que lo alimentas?- me llamaba la atención saberlo.

    -¿a quién?- me dijo extrañado

    -Joder al tigre- lo dije sin mirarle, como si no me afectara el hecho del tigre y continué: – dame cartas…no voy- me volvió a mirar ya no solo él, sino también Cooper. Me miraron como si yo estuviese compartiendo una broma con ellos.

    -Testigos de Jehová… le encantan.- lo dijo como de pasada, sin darle importancia.

    -ah… en fin tenía esa duda.

    Seguimos jugando y de repente la partida dio un giro a mi favor, pasé de no tener nada a estar ganándolo todo.  La cosa se empezó a caldear cuando Cooper puso la foto de su mujer encima de la mesa y se la jugó. Quiero decir, no es que se la jugara, si no que nos invitaba a un orgasmo rápido con ella. Mac Martigan, no sin falta de extrañeza, preguntó:

    -bueno, pero habrá que llamarla a ver qué piensa ella… ¿no?

    Cooper le miró con cierta inquina.

    -Mi mujer hará lo que yo la diga que haga. Ya es hora que ella aporte algo a este matrimonio- Esto último lo dijo sonriendo.

    - Yo hasta que no hables con ella no te acepto la apuesta- insistía Mc Martigan

    -¿cuántos años tiene?- pregunté

    -mi mujer es joven- dijo Cooper

    -me refería al tigre- dije mirando a Mc Martigan

    -joder ya me estás jodiendo con lo del dichoso tigre- estaba rebotado y yo sabía que Mc Martigan tenía un mal pronto, opté por zanjar el tema- ¡Vas o no vas!

    -Mi mujer no llega a los cuarenta y aún tiene la piel bien firme. Por no hablar de su pubis, suave y terso como el culito de un niño. Y unos pechos, madre mía que pechos. Tan grandes como vuestras dos cabezas juntas- insistía Cooper mostrando sus amarillos dientes de hiena mientras ponía sus dos manos a la altura de sus propias tetas para que nos hiciéramos una idea de  la envergadura de los pechos de su mujer. Sentí algo de asco.

    - Mira Cooper- dijo Mc Martigan después de pensarlo un rato- no vamos a aceptar esa apuesta. Tu mujer no es un caballo, si tienes pasta o algo que podamos cambiar por pasta estás dentro…si no ya sabes lo que hay.

    -Tal vez a ti si te apetezca un buen rato con mi mujer- su expresión era la de un payaso decadente-¿eh qué me dices?- señalaba la foto de su mujer con la uña sucia, amarilla. La verdad es que la mujer era guapa y tenía buen tipo, pero a mi esos numeritos nunca me habían gustado ni un pelo. Negué con la cabeza y arqueando las cejas le dije que no había trato. Cooper se levantó, recogió su tabaco y apuró su whisky.

    -¿Tú vas?- Me decía Mc Martigan.

    -Claro, veo  tus veinte y voy con treinta más- Llevaba un full de ases reinas y le iba a desplumar, si antes no me meaba encima, la vejiga me iba a reventar. Mc Martigan cubrió mi apuesta y siguió subiendo. La cosa marchaba pues  estaba seguro que  iba de farol.

    Cooper salió del cuarto de baño a grandes zancadas con el pantalón a medio poner y el teléfono entre el hombro y el oído. Intentaba subirse el pantalón mientras gesticulaba y gritaba.

    -¡Pues chica si hay que hacerlo…se hace y punto!

    -¿También te has asustado? Le dije yo pensando en la bestia de la bañera.

    - la que se ha asustado ha sido ella- dijo de mala gana

    -¿Quién?- pregunté

    -Mi mujer- dijo desairado- la he dicho que si me haría el favor de tirarse a un amigo mío y me ha mandado al carajo.

    -¿Y el tigre?- pregunté ya un poco alarmado.

    -el tigre lo tiene Mc Martigan lleno de mierda. Ese baño es una porquería, cagar allí es coger alguna venérea seguro. Te recomiendo que si te entra la colitis saques tus posaderas por la ventana y le alivies allí- No añadió más, nos saludó como en el ejército, mano derecha a la frente y después se largo por la puerta.

    Mc Martigan puso un All in. Se lo jugaba todo en un alarde, envite y demostración de fuerza. Mis piernas se movían nerviosamente. No solo me meaba, me empezó a doler el costado derecho, cerca del riñón. Durante un instante dudé de su jugada, tal vez llevaba cartas y me la estaba metiendo doblada. Me achanté, jugármelo todo no entraba en mis planes. Su rostro de comadreja no exhibía ninguna emoción, me miraba destilando los mismos sentimientos que exhibiría una piedra. Su cara era un cero, una máscara neutra que apenas si me daba información de su juego.

    -no voy- le dije por fin.

    -Joder después de todo ¿te vas a rajar a hora?- estaba cabreado y la sensación que tuve es que o me había hecho trampas o creía tanto en su jugada que estaba seguro de su victoria. Una cosa era cierta llevaba cartas seguro. Continuó diciendo:

    -Mira tío te conozco desde hace años y siempre me pareciste un poco raro, pero hoy ya se confirma que no tienes agallas – su cabeza se movía de un lado a otro como negando a ratos y de arriba abajo como confirmando su teoría.

    Algo me decía que aquella no era mi noche. Mucho me temía que si apostaba lo iba a perder todo. Así que de aquella guisa y bien compuesto me comí mi curiosidad por partida doble. Me levanté de la mesa y me dirigí a la puerta. Estuve tentado de mirar en el cuarto de baño, pero me imagino que volver a mirar tampoco me daría más respuestas. Se necesitaban mejores cartas para afrontar aquella partida o más arrestos para ser capaz de entrar en el ese baño y sacar el tigre a rastras.

    -Oye Mac- le dije ya en la puerta- ¿qué llevabas?

    Mac Martigan, apuró su trago mientras recogía su dinero y su única respuesta fue:

    -Vete al carajo.

     

    Al salir por la calle abajo me pareció ver a Cooper acomodándose en un portal entre algunos cartones, tal vez no fuera él . Mientras y para mi asombro, un calor reconfortante recorría mi entrepierna y el dolor en el costado se mitigaba poco a poco. La mancha de mi pantalón crecía al tiempo de darme cuenta que por primera vez en toda la noche me sentía verdaderamente reconfortado.

    Comentarios

    1. VIMON

      24 julio, 2012

      Muy buen relato, Felipe, muy fuera de lo comun. Felicitaciones y mi voto.

      • Aesus

        26 julio, 2012

        Original y divertido. Tienes mi voto.

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