Viaje a Lisboa

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    autobus_Lisboa

    Carecía de lo necesario para darse cuenta de lo que ocurría en aquel autobús, donde parece que no estaba dispuesta a callarse en todo el viaje, al menos hasta que divisara el puente viejo de Lisboa. Entonces cambiaría de conversación. Recordaría otras visitas a Portugal y pasarían de nuevo por su mente todas las postales y fotografías que conservaba y que había traído con ella para recrearse, y que ahora sacaba para continuar requiriendo, casi obscenamente, la atención de aquel hombre maduro que viajaba sentado a su lado.

           Tenía que haberse callado a tiempo. Y lo hubiera hecho de saber lo que pasaba en el asiento de atrás.

    No conseguía acomodar su cuerpo a pesar de ocupar las dos plazas de este lado del autobús y de arroparse con la cazadora que se quitó en un principio. Ni cerrando los ojos consiguió acallar la voz aguda y exasperante de aquella mujer que viajaba sentada justo delante de él y de la que solo veía una parte de la cabeza que no paraba de moverse y por la que paseaba continuamente la mano, entrometiendo las uñas largas y rojas de sus dedos entre el pelo rubio, teñido hace tiempo, y que algunas veces —ahora sí. Ahora no— quedaba sobre el cabecero del respaldo, pegado a la eléctrica tela de la tapicería, o suelto y descolocado, como un mechón arrancado que le apuntaba justo delante de los ojos, tan cerca, que no pudo acostumbrarse a sus cambiantes apariciones.

    Ciudad Rodrigo ¿Conoce Ciudad Rodrigo? Es un pueblo maravilloso, a mí me encanta. ¿Y el ambiente que tiene? No me dirá que no es una maravilla recorrer los baritos tomándose vinos ¿Y qué me dice de esos pinchos estupendos que ponen? ¡Buenísimos! Hay que ver la cantidad de gente joven que tiene este pueblo. Yo ya he estado aquí en dos ocasiones. Y sin mi marido. Es cuando mejor me lo paso. Una carcajada subida de tono acompañó ahora a las dos manos en su recorrido por el pelo. Abrió los ojos y eran ahora diez uñas rojas las que casi arañaban su mirada, y aquel mechón muerto que luchaba por acomodarse. Le recorrió todo el cuerpo un sudor molesto, como el de quien despierta justo cuando comienza a dormirse. Esos escalofríos no eran buenos. Él sabía que así había empezado otras veces. Luego una extraña ansiedad le ocupaba la mente y todo su cuerpo se tensaba, como estaba ocurriendo ahora. Si se callara. Pero eso no iba a pasar, no sabía siquiera que aquel hombre de mediana edad sentado a su lado estuvo a punto de marearse. Pero aquel hombre sí tenía recursos y comenzó a ponerlos en práctica, ahora casi no la oía, estaba concentrado, meditando, y solo de vez en cuando chillaba una gaviota a lo lejos en el horizonte clarísimo de su mente.

    ¡Ay, qué toritos! ¿Los ha visto? Son preciosos, yo la verdad, como decía mi madre, no sé cómo son capaces de hacerles de sufrir de esa manera, con lo bonitos que se ven aquí en el campo, y no es que yo no entienda de toros, ¡vaya que si entiendo! Mi padre no se perdía una corrida en Las Ventas, ni por televisión. Pues no he visto yo toros en mi vida.

            Él también trató de relajarse imitando al acompañante de aquella insoportable mujer pero no lo consiguió. No llega a los cuarenta, pensó, o quizá tenga cuarenta y pocos y debe de ser horrible. Seguro que lleva los labios pintados de rojo, como si no fuera suficiente con los alaridos que lanza por su boca. Y seguro que está gorda y viste apretada, como la mayoría de esas mujeres que también le ponen nervioso en el supermercado. A primera hora. No dejan a uno ni vestirse la bata tranquilo. Ni desperezarse siquiera. Si al menos a esa primera hora no llegara ninguna gritando a lo mejor era capaz de concentrarse, de colocar su mente a salvo. Pero no. Estaban allí tempranísimo, gritando. Se aburren en casa, no quieren hacer nada. Se pintan las uñas y los labios de rojo, se ensortijan como putas y a la calle. A gritar todo el día, y a reírse. Si al menos no se rieran de esa forma. Como pájaros. Y venga a hablar y hablar. Y siempre cuentan lo mismo. Las mismas historias día tras día, contadas como si fuera la primera vez, con el mismo ímpetu, con el mismo tono agudo de siempre, con el mismo esfuerzo. Y entre gritos y risas. Siempre esas risas falsas que utilizan para enseñar los dientes, como si les diera gusto notar cómo se estira el rojo pegajoso de sus labios. Y así todas las mañanas de su vida. Ahora incluso los domingos. Pues lo que faltaba. Por eso aquella tarde no pudo resistirlo. Hizo bien. Aquello no era el supermercado donde tenía que aguantarlas hasta que le estallaba la cabeza como una hemorragia. Aquello era una sala de cine y al cine no se viene a estar hablando toda la película, y riéndose cada vez que sale ese tío enseñando músculos. Seguro que le gusta. Le contará a la otra las guarradas que se le ocurren. Y venga a reírse. Por eso no pudo soportarlo. Allí no tenía por qué aguantarlas. Ya casi no conseguía ver nítida la pantalla. Ahora se derramaba en el interior de su cabeza un líquido caliente que le abrasaba los ojos y le tensaba el cuerpo. Ya no podía parar. Era imposible detener aquella corriente, por eso cuando salieron del cine la siguió hasta detrás del mercado y esperó a que se despidiera de su amiga. Le temblaron las manos en los bolsillos, se enredaban los dedos con la cuerda. Tenía que encontrar una punta pero aquello se apelotonaba como un ovillo sudado. Notó el nudo de un extremo, Ya la tengo, y sacó de repente la mano del bolsillo seguida de la cuerda. Un latigazo blanco pasó por delante de su cara. Sujetó firme el otro extremo justo antes de envolverla en el cuello maquillado de la chica. Grita ahora, puta, y ríete. Ríete. A que no te ríes. Venga, ríete ahora. No sabía de esa fuerza que tenían sus muñecas. No sabía con qué facilidad podía librarse de la angustia, con la misma que se iba la vida de aquel cuerpo. Con la misma que se apoderaba la muerte de aquellos ojos y parecían de repente más falsas las pestañas, que ya eran solo dos líneas azules rodeando la nada.

           Lo recordó todo, hasta cómo antes de escapar de allí se abrió la bragueta para sacarla y mear encima del cuerpo de la chica. Esto es lo que querías, ¿eh? Y vio cómo se despintaban los labios manchándole la cara, igual que la oleada roja que rompía su mente. Ahora volvió a invadirle el mismo vaho ácido que derramó entonces sobre aquel cuerpo que ya había comenzado a enfriarse.

    ¡Ay, por fin! Ya estaba yo preguntándome si este autobús no iba a parar nunca, porque son muchas horas de viaje y una, en fin, ya sabe, necesita estirar las piernas y hacer otras cosas ¿Usted no baja? Sí hombre, que aún queda un buen trecho, bueno haga lo que quiera, yo voy a tomarme un respiro, la verdad que lo necesito, tantas horas aquí sentada sin moverme, a lo mejor le parezco inquieta, pero la verdad es que ya me apetecía a mí tomar el aire ¿No se va a tomar un cafetito? Bueno, usted verá, yo voy a bajar no vaya a ser que no me dé tiempo, en estos sitios se amontona la gente, ¿sabe?, no hay nadie y de repente todo lleno.

           Entonces le vio la cara tras el cristal empañado en el que se había convertido su mirada y se levantó y bajó del autobús tras ella sin poder evitarlo. Ya no dominaba ninguna de sus acciones, y además por qué habría de hacerlo. Este era el viaje de sus vacaciones. Bien merecidas por cierto. Todo el año aguantándolas casi desde el amanecer, ahora no estaba obligado a aguantar a ninguna. Fue directamente al servicio y trató de aflojar aquella angustia lavándose la cara. El agua la sintió templada, como otra oleada de sudor, y no le sirvió de nada. La esperó en el vestíbulo de la estación, desde allí controlaba todo el espacio. Luego sus piernas se movieron de repente y lo llevaron hasta el servicio de señoras. La puerta de una cabina se abrió y supo que aquella boca comenzaría a gritar, por eso tuvo que golpearla con fuerza. El cuerpo de la mujer rebotó contra los azulejos del fondo dejándole el sitio justo para pasar dentro y cerrar la puerta. Antes de que ella lo viera tenía ya la cuerda en las manos. Rodeó su cuello y tiró con fuerza. Ni un lamento alcanzó a salir de su garganta aunque él sólo oía gritos y risas enrojecidos. Fue dejando caer el cuerpo que ya le pesaba y soltó de una mano la cuerda para sentarlo en la taza. Contempló unos instantes cómo se acomodaba el cadáver reciente y antes de que perdiera del todo su temperatura, casi sin quererlo, abrió la bragueta y comenzó a mearle la cara, luego los pechos, hasta que el vaho de la orina lo aturdió tanto que ya no recuerda cómo salió de allí. Ahora, de nuevo en el autobús, una parte de su cuerpo tiembla de miedo. Se lo merecía. Son mis vacaciones. No tenía derecho a joderme el viaje de esta manera. Ya no estoy en el supermercado ¿Qué se había creído? Por fin el aire. Ya puede respirar y todo vuelve a la normalidad. El hombre que viajaba al lado de la mujer no dice nada. Sigue con los ojos cerrados como hasta ahora, como hasta antes de la parada, sin inmutarse, como si lo supiera todo, además esto no va con él, tendría que estarme agradecido, sí, seguro que me lo agradece. A él le ocurre lo mismo. No aguanta los gritos.

    Comentarios

    1. Avatar de hugojota

      hugojota

      29 julio, 2012

      Buena historia. Me distrajo un poco la mezcla de tiempos verbales en el primer párrafo. Mi voto.

      • Avatar de Maqroll

        Maqroll

        29 julio, 2012

        Gracias, Hugojota. Lo de los tiempos verbales lo explico en mi respuesta a Volivar.
        Saludos.

    2. Avatar de

      volivar

      29 julio, 2012

      Maqroll: narración muy interesante, con un tema que atrapa al lector; empieza a leer y se va hasta al final, obligatoriamente. Aunque, y disculpando, los tiempos de algunos verbos como que sacan de quicio:
      1.- Carecía de lo necesario para darse cuenta de lo que ocurría en aquel autobús, donde parece que no estaba dispuesta a callarse en todo el viaje (creo que debería ser: Parecía)
      2.- …entrometiendo las uñas largas y rojas de sus dedos entre el pelo rubio, teñido hace tiempo (teñido hacía tiempo, ¿no?)
      Disculpa, maestro, pero aquí se trata de corregirnos, y ni modo, a aceptarlo.
      Mi voto
      Volivar

      • Avatar de Maqroll

        Maqroll

        29 julio, 2012

        Hola, Volivar. Ya sé que hay una mayoría de lectores y de escritores que se toman muy en serio lo del tiempo verbal. Yo también; tanto, que de mi lucha con los tiempos del verbo ha surgido lo que podríamos llamar un signo de estilo. Cuando conozcas más cuentos míos te darás cuenta hasta qué punto puedo llegar en la manera de utilizar esos tiempos. Con esto quiero decir que tu apreciación es adecuada, pero que yo soy consciente de en qué y cuándo cambio la norma. Y lo hago por varias razones, todas relacionadas con mi concepto de lo que “hace” el texto, a lo que le doy primacía sobre lo que “dice” el texto. Con esto, lo que quiero decir es que utilizo en ocasiones los tiempos del verbo para cambiar de “plano” (de plano general a primer plano, o dos planos diferentes), de “ángulo” (es decir, de situación del que mira o del que observa, del que siente o presiente); es como una manera de “acortar” o “aumentar” distancia entre el que narra y lo narrado. Me gusta que desaparezca el narrador siempre que puedo, y que desaparezca “sigilosamente”, sin que casi se aprecie. Voy a tratar de explicar con las frases que tú eliges cómo “razono” yo estos cambios de tiempo verbal:
        Esta es la frase que propones: “Carecía de lo necesario para darse cuenta de lo que ocurría en aquel autobús, donde parecía que no estaba dispuesta a callarse en todo el viaje”, y es correcta; pero yo me encuentro con la música del texto y empieza mi desacuerdo (carecía, ocurría, parecía); ya sé que esto tiene otras soluciones, pero a mí me gusta jugar con el texto y llevar de repente al observador a un “primerísimo primer plano” para observar una acción que va a ser fundamental en el relato: la señora no se calla, no para de hablar, lo que desencadenará la crisis psicótica del asesino; de ahí el cambio de “parecía” a “parece” (de plano general o medio a primer plano de ella hablando en ese preciso “presente”). Por otra parte, la mujer “carecía” de lo necesario para darse cuenta y su carencia es desde siempre, ella es así en el autobús y lo ha sido siempre en cualquier parte; pero el observador (narrador) la “observa” aquí, en el autobús, donde “parece” que no se va a callar; y es en esta observación del aquí y el ahora, del presente, donde se apoya el relato. De ahí también, mi cambio de “parecía” por “parece”. Es decir: ella carece desde siempre de una capacidad (la de darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor, es siempre inoportuna); y es ahora, en el autobús, en el presente, donde esa carencia, esa actitud inoportuna, desencadena los acontecimientos. Además así, la voz del narrador se traslada como en un intento de comprensión de lo que ve y siente el personaje del asesino, comprensión y complicidad que esta voz del narrador no va a abandonar en todo el relato, hasta el punto de que deja de ser narrador para ser mente del personaje.
        Ya sé que al principio puede costar un poco aceptar estos cambios, pero estoy convencido de que son la manera de expresar con la máxima exactitud lo que quiero expresar y de tratar que el lenguaje “haga” lo que quiero que haga.
        Muchas gracias por tu atención, y no vuelvas a disculparte por hacerme ver tus opiniones o correcciones a mis textos; no es necesario disculparse cuando lo que se pretende es que me dé cuenta de algo.
        Saludos.

        • Avatar de Maqroll

          Maqroll

          29 julio, 2012

          Y sigo contigo, Volivar. En el segundo ejemplo, además de los motivos “generales” que mantengo para cambiar los tiempos del verbo, aquí se produce o se dá otra circunstancia: …entrometiendo las uñas largas y rojas de sus dedos entre el pelo rubio, teñido hace tiempo (teñido hacía tiempo, ¿no?). Verás, “teñido hace tiempo” se convierte en un adjetivo por metábasis de adjetivación y el verbo no ha de cumplir reglas de tiempo; es como decir: mal teñido. Si utilizara “teñido hacía tiempo”, estoy contando que efectivamente se lo habían teñido hace tiempo; el narrador se vuelve totalmente omnisciente, lo sabe todo, incluso cuándo se tiñó el pelo. Y yo no quiero decir eso, y además quiero un narrador que continuamente deja de serlo para ser personaje. Quiero hablar de cómo lo ve el el psicopata, y él no sabe cuando se tiñó la mujer, pero sí percibe un dato, una característica del pelo, un adjetivo, que además ayuda a que la perciba como una mujer de las que el está harto (lo mismo que ocurre en el relato con las uñas pintadas de rojo, los labios pintados, etc.; características de las mujeres que desencadenan en él episodios psicóticos).
          Bueno, pues eso, por aquí va mi estilo de escritura. Espero haber conseguido explicarme.
          Saludos.

    3. Avatar de oscardacunha

      oscardacunha

      29 julio, 2012

      Lo he leído dos veces, con atención, la segunda con más inquietud. ¡Es de Maqroll! ¡Joder Oscar, hay algo que se está escapando!
      He encendido un cigarrillo, y después de darme una vuelta por la terraza, lo he vuelto a leer por tercera vez, palabra a palabra; me he sentado en ese autobús, he recordado aquél cine…, ¡nada!
      De nuevo al principio del relato. ¡Sí, es de Maqroll!
      Por fin lo he visto claro. Amigo, alguien te ha usurpado el nombre.
      Un Abrazo.

      • Avatar de Maqroll

        Maqroll

        29 julio, 2012

        Hola, oscardacunha. Yo también he leído tu comentario varias veces y no sé lo que quieres decir. En principio, gracias por leerme con tanta atención, pero con lo de “alguien te ha usurpado el nombre” ¿quieres decir que este cuento no parece mío? ¿que es malo? ¿que es peor que otros? Acláramelo, por favor.
        Saludos.

        • Avatar de oscardacunha

          oscardacunha

          29 julio, 2012

          No soy yo voz acreditada para juzgar ningún texto y mis comentarios no deben tomados más que como una opinión personal. He leído mucho de lo que has escrito, no sólo aquí, he visitado tus blogs…, y siempre has conseguido provocar en mi distintas reacciones. Tu escritura me gusta, tu dominio de la palabra lo admiro porque con ella vivo y respiro las situaciones que describes, las emociones… Y disfruto con esos juegos de planos que tan bien sabes manejar. Pero esta vez, lo siento, este artículo me ha dejado frío.
          No pretendo decir que esté mal escrito, y aunque lo dijese no debería ser tomado en cuenta; pero no parece tuyo. Lo siento, insisto, no me gusta.
          Antes de volver a contestarte lo he releído, una vez más, y veo que los comentarios son positivos salvo discrepancias en los tiempos verbales, ¡y mira! en eso estoy contigo.
          Pero yo me centro en la historia, en la acción, en el contenido… y lo sigo viendo vacío.
          Un mal día lo tiene cualquiera, yo hoy no debería haber leído nada.
          Mantengo el abrazo.

          • Avatar de

            Maqroll

            29 julio, 2012

            Por supuesto que eres una voz acreditada para comentar y analizar cualquier texto; al menos para mí lo eres (sabes escribir bien y leer bien: suficiente). Así que no te prives de decirme siempre lo que opines. No queda bien que diga ahora unas cosas respecto a este relato, ya que al lado de la obra el autor no puede colocar una nota que diga por ejemplo. “Lo siento, es que me dolían las muelas”. Pues no, mire usted; si le dolían las muelas no haberse puesto a escribir. Es decir, el autor no puede disculpar nunca la calidad de la obra. Pero, y no como disculpa, he de contarte que este cuento está en mi libro “Mal momento”, donde todos los relatos tratan sobre esos momentos de la vida que no puedes hacer nada para evitarlos y que te cambian la vida para siempre. Con este asunto, como supondrás, los cuentos del libro son bastante duros (casi toda mi literatura lo es) y necesitaba aflojar un poco, por lo que escribí este Viaje a Lisboa con un poco de ironía, tratando de que el lector también desee cargarse a la “insoportable señora” y de esta manera aflojar la intensidad del hecho que se narra: existencia de un psicópata y dos de sus crímenes. Esa ironía, resta profundidad al hecho narrado, pero no lo cambia, por lo que asumo que para mí el cuento es válido; pero sí comprendo que te haya parecido muy diferente porque efectivamente, como te cuento, lo escribí con una intención poco habitual en mi escritura. y, por supuesto, acepto que te guste menos y que no te guste nada (Faltaría más. Jajajajajaja).
            Saludos.

          • Avatar de

            Rasta

            29 julio, 2012

            Y yo qué puedo decir ya; que no sé si me gustan más tus cuentos o tus comentarios y explicaciones sobre tu manera de escribir y de profundizar en los avatares del lenguaje. Es una lección leerte, y lo es aún más tu actitud pedagógica, tu sinceridad y tu forma de desnudar tu trabajo. Eres muy generoso con el conocimiento, no dejas de regalarlo. Aunque a algunos no parece gustarles tu sinceridad (no es aquí el caso).
            Bueno pues eso, que te voto.

            • Maqroll

              1 agosto, 2012

              Se agradece, Rasta.
              Saludos.

    4. Avatar de NicolasMattera

      NicolasMattera

      29 julio, 2012

      Buen texto, sin duda. Tienes gran manejo de los tiempo y originalidad. De acuerdo con volivar que hay algunos errores verbales, algunas que otra coma (pero eso es muy subjetivo) y hablando de cosas subjetivas mi granito de arena lo pondre en cierta molestia que me proboca la utilización del “aquel-aquella” en referencia a las personas. Pero eso está claramente fuera del registro de las correcciones, es casi un secreto personal que te cuento.
      Tienes mi voto!
      Un saludo

      • Avatar de Maqroll

        Maqroll

        29 julio, 2012

        Gracias, Nicolás, por leerme y por la valoración. Estoy de acuerdo contigo a la hora de utilizar el adjetivo “aquel/aquella” referido a personas. Yo también tengo mis manías, contra las que lucho y ante las que sucumbo cuando lo utilizo para conseguir que el texto “haga” lo que yo quiero que haga. Lo de los signos de puntuación, efectivamente son de uso muy subjetivo, siempre que no destrocen la frase. Y curiosamente yo soy de los que pueden pasar horas decidiendo la elección de un signo de puntuación y el lugar exacto en el que he de escribirlo. Por eso te ruego que si hay otra vez y tienes tiempo, señalaras a qué coma u otro signo te refieres.
        En cuanto al uso de los tiempos del verbo, en la respuesta a Volivar me explico.
        Otra vez, gracias.
        Saludos.

      • Avatar de Maqroll

        Maqroll

        29 julio, 2012

        Muchas gracias, Cenicienta, pero aunque hay mucho malvado suelto, no te preocupes y trata de no ser inoportuna como la mujer del cuento. Seguro que tú si tienes lo que hay que tener para darse cuenta de lo que ocurre en un determinado lugar: hay que tener sensibilidad y pararse a “escucharla”.
        Saludos.

    5. Avatar de

      volivar

      29 julio, 2012

      Magroll: ¿ya ves la que has armado? ¡Y solo por ser un gran escritor! Si fueras del montón, seguramente ni quien te pelara (disculpando). Pero, como dice Oscardacunha: ¡Es de Magroll!
      Gracias por tu aportación.
      Un saludo amistoso
      Volivar

    6. Avatar de VIMON

      VIMON

      30 julio, 2012

      Pues a mi me parecde un relato excelente y las explicaciones muy didacticas. Yo hago lo mismo con los verbos y con la gramatica, porque hay cosas que se deben decir de manera diferente al lenguaje establecido. Muchas veces es, como tu dices, “cuestion de oido”. Y, como en todo, hey gente que lo entiende y gente que no. Pero la literatura debe tambien ser eso: renovacion, busqueda, experimentacion con el lenguaje. Imagino que conoces y aprecias a Salvador Elizondo, si no, te lo recomiendo. Un abrazo.

    7. Avatar de Julioko

      Julioko

      30 julio, 2012

      Pues no quiero ser aguafiestas pero a mi no me ha atrapado completamente, ni gustado, quizá por el estilo.

      Saludos

    8. Avatar de

      volivar

      30 julio, 2012

      Julioko: eso que comentas tuve a punto de expresarlo; que esta narrativa se difurca por muchos vericuetos, saliéndose de los cánones establecidos por los grandes cuentistas:
      Atrapas al lector desde el principio y no darle tiempo a respirar, aconseja Anton Chéjov.
      Y otro de los grandes dice que un buen cuento es el que se prefiere a una tasa de café.
      (el café tomarlo después de leer el cuento). Esto que armó tanto revuelo, se me hace tan complicado, tiene tantas salidas y expicacioanes tan descabelladas a sus fallos, que no comprendo… si los verbos están mal sintonizados, simplemente aceptarlo, y punto.
      Volivar

      • Avatar de Maqroll

        Maqroll

        6 agosto, 2012

        Hola, Volivar. Aunque había leído este comentario, en su momento no tuve tiempo de responder, y mira por donde hoy, en la publicación de un cuento de Esteban, donde surge el mismo asunto de los tiempos verbales, he tratado de explicarme mejor. Me gustaría que conocieras ese comentario; está en el cuento “Tratame bien”.
        Pero también ahora, releyendo los comentarios, me encuentro con una contradicción que no acabo de comprender. Verás, el 29 de julio escribes: “Maqroll: narración muy interesante, con un tema que atrapa al lector; empieza a leer y se va hasta al final, obligatoriamente”. Al día siguiente, 30 de julio, escribes: “…que esta narrativa se difurca por muchos vericuetos, saliéndose de los cánones establecidos por los grandes cuentistas: Atrapas al lector desde el principio y no darle tiempo a respirar, aconseja Anton Chéjov. Y otro de los grandes dice que un buen cuento es el que se prefiere a una tasa de café [...]. Esto que armó tanto revuelo, se me hace tan complicado, tiene tantas salidas y expicacioanes tan descabelladas a sus fallos, que no comprendo… si los verbos están mal sintonizados, simplemente aceptarlo, y punto”. Considero que ambas apreciaciones se contradicen, o al menos presentan valoraciones bien distintas. Por supuesto que todos tenemos derecho a cambiar de opinión, a retractarnos de lo dicho, pero lo que no quisiera es pensar que tu primer comentario no fue sincero por temor a que yo me molestara. Necesito que sepas que nunca me molesta un comentario, una crítica o cualquier valoración sobre mi escritura; y digo que lo necesito porque en tu caso considero que sabes de lo que hablas y tu sinceridad será siempre bienvenida por mi parte. Precisamente es esa sinceridad la que busco al publicar on line (las personas que leen nuestros libros normalmente no se atreven a decir nada negativo; como mucho guardan silencio, y de ese silencio nada se aprende).
        Otra vez gracias por leer mis artículos y por tus aleccionadores comentarios.
        Un abrazo desde España.

    9. Avatar de 1000Luna

      1000Luna

      30 julio, 2012

      Hola, Maqroll. Te dejo mi corazón, ya que mi opinión sobre este y otros de tus cuentos ya la sabes bien. Eres increíble en todos los sentidos.

      Un abrazo ^_^

    10. Avatar de Batu

      Batu

      5 agosto, 2012

      Bueno, he leido ahi el debate que no logre entender, si un verbo está mal está mal, es cierto que no es un error, pero la sonoridad del texto hace que salte a la vista el “error”, no hace falta dar tanta lata, amigo. Si nadie lo hubiese percibido como error es que el giro engrandece el texto, pero si se persive como algo que altera el texto es porque no funciona. Y ciertamente no funciona. Por otro lado, no entiendo cómo este cuento tiene tantos votos sinceramente no funciona, no engancha, marea….
      En fin…. saludos.

      • Avatar de Maqroll

        Maqroll

        6 agosto, 2012

        Hola, Batu. Gracias por leerme y por tu comentario; agradezco todas las opiniones al margen de que sean favorables o desfavorables; de otro modo es imposible corregir y mejorar. En cuanto a los votos, pues ya sabes, “para gustos se hicieron los colores”, pero estoy contigo en que no siempre el artículo más votado es mejor; y lo más triste es que hay artículos muy buenos casi sin votos; pero esto es así y habrá que aceptarlo.
        Gracias de nuevo y saludos.

    11. Avatar de Per

      Per

      27 octubre, 2012

      Hola, te sigo desde hoy, y estoy con rasta, no sé si prefiero tu cuento o los comentarios pedagógicos, ambos muy buenos. Estoy en parte con oscardacunha, aunque no por comparación con otros textos tuyos, sino porque es bastante predecible y algo apresurado, pero intuyo que hasta eso es calculado en tu obra, porque lo tienes muy controlado. Tu estilo da gusto. Saludos y espero seguir aprendiendo mucho al leerte.

      • Maqroll

        29 octubre, 2012

        Gracias, Gaztelu, por tu comentario.
        Saludos.

    12. Avatar de El Moli

      El Moli

      3 diciembre, 2012

      Interesante relato, me llamó la atención el odio tan marcado hacia las mujeres, me he quedado pensando. Logicamente son posturas del autor.
      Saludos.

    13. Maqroll

      3 diciembre, 2012

      Me alegro de que estudies un texto desde sus posibles connotaciones psicológicas; lo que ocurre que esas connotaciones no siempre son “posturas del autor”, sino simplemente “psicología de personaje”; y es obvio que, efectivamente, este personaje odia a las mujeres hasta el punto de asesinarlas; si en el resto del relato que no atiende concretamente a las escenas de los crímenes, nos encontráramos con un personaje que “aprueba” en su fuero interno a las mujeres, estaríamos ante una contradicción en el perfil psicológico del personaje; y más cuando, como ocurre aquí, la voz del narrador se intercambia con la voz del “pensamiento” del personaje.
      Muchas gracias por tu comentario. Saludos.

    14. Avatar de Lourdes

      Lourdes

      16 diciembre, 2012

      Como dije en el comentario al artículo “El cuento oculto” de Maqroll, pego aquí también ese mismo comentario, para demostrar que no me he inventado lo que digo; y es aún más sorprendente observar aqui las contradicciones de VOLIVAR, que con tanta claridad hace notar el propio Maqrol en sus respuestas. (Seguiré copiando y pegando donde estime oportuno).
      “No me gusta entrar en estas discusiones, y menos cuando una de las partes, la que comienza la discusión, no hace otra cosa que decir incoherencias. Pero resulta que he leído comentarios de usted, VOLIVAR, en otros artículos y siempre, siempre, son del tipo: “precioso cuento” , ” maravillosas escenas”, “enternecedor ese pasaje”; y además siempre escritos junto a algún matiz de adulación personal dirigida al autor. Nunca, hasta ahora, he encontrado en sus comentarios un verdadero análisis de texto; salvo los intentos de hacerlo en los artículos de Maqroll, precisamente el autor que mejor define su escritura, sus conceptos y su manera de entender la literatura; el único que se ciñe en sus comentarios a hablar de lo que debe importar a una comunidad de escritores; el único que pretende dar a esta red un poco de profundidad, dirigiendo sus apreciaciones a eso, a los textos. Y resulta que usted es en los artículos de Maqroll donde abandona su tono “meloso” de siempre para pasar al ataque, sin que en el artículo de Maqtoll, como es este caso, haya ataque alguno a nadie. Hay una reflexión sobre el concepto del “cuento oculto” y de paso sobre lo que “ocultan” los cuentos infantiles. Usted podrá estar en desacuerdo con esa reflexión, pero no creo que tenga que hablar de “rollos” y menos decir que si uno de los grandes y admirados escritores saliera con estos “rollos” dejaríamos de leerlo, cuando son y han sido siempre los grandes escritores los que tienen algo que decir en la teoría literaria y en el estudio de la acción creadora. Y precisamente nombra a Zweig, quien llegó al suicidio por su tormento personalísimo respecto a lo que ocurría en su tiempo y a su alrededor, asuntos de los que habló y trató en sus escritos y más en sus cartas (ya publicadas) y que nadie considera “rolllos”, más bien lo contrario.
      También estoy al tanto, porque me gusta conocer los comentarios, de otras ocasiones en las que usted llega al insulto personal para defender nadie sabe a quién o a qué, ya que no hay ataque previo y por tanto es absurda la defensa. Pero mira por donde, esos ataques los dirige usted exclusivamente a Maqroll. ¿Qué pasa? ¿Se han puesto ustedes de acuerdo para generar polémica y así ser más leídos?. Si no fuera porque conozco mucho más de la obra de Maqroll y muchos más artículos que los que publica en Falsaria, de verdad que dudaría; pero sé, porque se lee entre líneas, de la honestidad de Maqrol como autor y por tanto me arriesgo a asegurar que no hay entre ustedes tal acuerdo. Entonces vuelvo a preguntarme ¿Qué le ocurre realmente a usted con Maqroll? (Supongo que muchos de los que lean este comentario mío ya conocen la respuesta, pero como a mí me interesa de verdad conocer esas opiniones, voy a copiar y pegar este mismo comentario allá donde observe que ocurre lo mismo. A ver si alguien me aclara algo)”.

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        Maqroll

        17 diciembre, 2012

        Hola, Lourdes. He leído tu comentario a mi artículo (en Falsaria los llaman así) “El cuento oculto”; y ahora compruebo que efectivamente lo has copiado y pegado aquí. No seré yo quien le diga a nadie lo que tiene que hacer, pensar o expresar (aunque por aquí hay algunos que sí juegan a “pobrecitos dictadores”), y también reconozco que no te falta razón, y lo más importante, no te faltan argumentos; pero en cualquier caso no considero oportuno seguir otorgando atención a este tal VOLIVAR. Los lectores de Falsaria que hayan leído los comentarios que este señor vierte sobre mí ya se habrán dado perfecta cuenta de qué va aquí cada uno, de quien es coherente y quien no, de quien gestiona mal su insatisfacción, de quien es un hipócrita, de quien es un maleducado… Por lo tanto, te ruego que no continúes haciendo esto, aunque, repito, tú puedes hacer lo que te dé la gana.
        Gracias y saludos.

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