Y con ella siempre en todas partes

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    Sucede que todo me aburre. Viene una borrasca y Galicia se nubla y es entonces cuando Galicia es realmente Galicia y aprovecho para recordar que a ti sólo te gusta el sol y que la lluvia te pone triste. Podría jugar a ser el escritor borracho y follador, como Hank Moody, seducirte como haría Sabina y ni siquiera llamar al día siguiente, como un campeón y mearme en mis propios escrúpulos. Se me da bien eso, aunque pueda no parecerlo, siempre me gusta fingir que soy más de lo que aparento y que detrás del caparazón se esconde algo que sólo TÚ, encanto, vas a tener el privilegio de ver.

    No me tiene sentido escribir nada para nadie, y sólo lo escribo, todo esto y lo anterior y lo próximo para Cristina, pero no se lo enseño, y podría disparar mi ego con elogios y miradas de respeto y de orgullo, dejar que dijese “yo estuve con él, realmente estuve con él”.

    Lo más difícil es cuando todavía te masturbas pensando en ella, es ahí cuando resulta imposible sacártela de la cabeza, porque una cosa es escribir a causa de Cristina, y otra muy distinta es sentir que sólo puedes tirarte a una única mujer de entre todas. Pero no te preocupes por mi vida sexual, encanto, gracias a Dios no soy tan capullo como puedo parecerte y siempre encuentro a alguna chica que sabe ver eso y trata de corregirlo, hasta que se desespera y se va con otro y yo me quedo en cama, bebiendo, esperando a la próxima. Porque lo de salir a ligar sólo es un engaño, resultarle tan repugnante al resto de la gente como te puedes resultar a ti mismo al volver a casa y vomitar tu endeble miseria- porque hay gente que muere- y tú sencillamente no encuentras a nadie y lloras, tan débil y amorfo, moldeable, ridículo, o te entristece no poder olvidarte de ella, de Cristina, pero ni caso a tu salud, tu bienestar o ese podrido futuro al que devoran ya las termitas.

    Fue lo mismo con Claudia y con Alejandra y con Alba y con Silvia y con Iria y con Helena y todo ese maldito largo etcétera. Quisiera viajar a una de esas novelas del siglo diecisiete o dieciocho en las que la alta aristocracia, para olvidar un amor pasado, viajaban a lo largo de toda Europa para tratar de curar su alma. Su mierda de alma. No me iba a acordar de Cristina en los canales de Venecia, ni en París ni en Londres ni en la Gran Manzana. Aparte, la distancia nunca sirve para olvidar, sólo una chica puede rescatarte de otra. Podría ir a pié hasta la India y seguiría estando con Cristina, siempre, en todas partes.

    Mejor me siento en la calle a beber tranquilo, y seguramente no tardará en aparecer la próxima.

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