Balón en mano

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Se levantó de la cama casi sin despertarse. La brisa marinera le enderezó los cabellos alborotados. Se lavó la cara y quiso afeitarse la barba despoblada. Quería hacerse mayor. Deambuló por casa hasta encontrar el Colacao (desayuno, no merienda). Tumbado en el sofá imaginó su futuro viendo embobado a los magos del balón. Con energía se alzó y se calzó sus chancletas más llamativas. Balón en mano y cientos de pájaros volando. Salió a la calle con decisión firme y adulta pero con una sonrisa infantil entreorejuda. Los turistas cargados de trastos no le impidieron llegar a la playa con maestría, sorteando obstáculos con inteligencia y soltura. Allá va con el balón en los pies, haciendo malabares y piruetas, o al revés. Llegó con la actitud intacta y la ilusión a flor de piel. Se descalzó, se sentó encima del balón en modo espera y clavó las chancletas en la arena. No tardarán mucho, pensó. A unos metros de él, unos hombres jugaban al despiste con otro balón. Se pasaban entre ellos la pelota a la vez que se equivocaban en alguna ocasión enviándola cerca de alguna chica. Se reían a carcajada limpia, el chico no entendía absolutamente nada. Desesperado, se levantó y empezó a hacer habilidad con su balón. Se acercó cabizbajo y con disimulo al grupo de los hombres pidiendo a gritos casi susurrando un espacio entre ellos.  Asintieron sin más. Durante cinco minutos discutieron airadamente la posibilidad de hacer una pachanga. Uno de ellos dijo nosequé de demasiado absolut la noche anterior. El chico seguía sin entender nada. Sólo quería jugar. Cogió sus chancletas llamativas y las clavó de nuevo en la arena, ahora situadas a modo de portería. Se decidieron. Tres para Tres. La arena irregular le jugó una mala pasada en el primer balón que iba a disputar el chico, provocando la risa de todos. No le gustó la burla. Los burladores serán los burlados, pensó literalmente. Se transformó. Se le borró la sonrisa de la cara. Se le dibujó la competitividad en los labios. Se desprendió del miedo. Se quitó la capa infantil, para ponerse la de un mago del balón. Fue una hora de juego la que le llevó al cielo. Un espectáculo a plena luz del día. Brillante. Mágico. Esos hombres le felicitaron y le ayudaron un poco más, si cabe, a superar su fútbol. Cogió su balón con aire desenfadado y volvió a sonreír. Era momento de ir a casa, ya llegaba tarde. No le importaba. Era totalmente feliz. El único riesgo ahora, sería su prima que estaba de vacaciones en casa viendo el Disney Channel de los cojones. Llegó y decidió cerrar los ojos. Soñando con ser el mejor futbolista de todos los tiempos.

Se despertó sin levantarse de la cama. No podía moverse. Otro día mas, a afeitarse y a trabajar. Mientras se prepara, se le escapa una sonrisa pensando en su infancia, cuán diferente era todo antaño. Mejor seguir soñando, aunque sea despierto, sentenció.

Comentarios

  1. Avatar de ZusiOns

    ZusiOns

    28 agosto, 2012

    Muyy bueno, divertido y a la vez muy instructivo. Por cierto, me gustó mucho eso de Colacao (desayuno, no merienda) Buenísimo, tienes otras expresiones por aquí que me arrancaron una carcajada. No hay como los relatos divertidos. El eterno adulto que sueña con su niñez, un buen relato para pensar en que no deberíamos perder a nuestro niño interior. Felicidades y voto.

  2. Avatar de csmateos

    csmateos

    28 agosto, 2012

    Muchas gracias ZusiOns!! Hoy me levanté con morriña de infancia! :)

    Un abrazo.

  3. Avatar de Rafael Baralt

    Rafael Baralt

    28 agosto, 2012

    Muy bien narrada esta historia que evoca esos recuerdos de niñez en un cuerpo adulto. Me ha gustado mucho. Mi voto y felicitaciones!

  4. Avatar de VIMON

    VIMON

    28 agosto, 2012

    Muy buen relato, CS, al principio pense en un nino apodado Pele…Saludos y mi voto.

  5. Avatar de csmateos

    csmateos

    29 agosto, 2012

    Pelé, Maradona, incluso yo de pequeñito solía soñar con ello. Más bien es a la española la trama del cuento, puesto que tiene tintes de actualidad como la prima de riesgo, noticia diaria en los informativos, cómo actuaba mi generación en la infancia, qué tipo de televisión se veía, qué costumbres teníamos, etcétera. Era todo más limpio y puro.

    Carlos

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