Dulce esquivar

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    Lo dejaré en tus manos
    cuando éstas lleguen, como siempre,
    anunciándote

    Mario Benedetti

     

    Estoy ahí, mirándote, saboreando cara espacio que tú me impones. Riéndome de tus cosas, de tus palabras, de tu zigzag azulado.  Estoy ahí y me miras, te sonrojas con mi mirada, me esquivas, me tientas, me comes, me transformas. Luego jugamos al eterno coqueteo juvenil entre el smoke de la discoteca de moda. Un abrazo. Una sonrisa. Una risa por mi risa. Es eso, el mirar rasguñando despacio nuestros cuerpos. Estás ahí, y no te enojas, ni de mis abrazos tercos, ni de mis desesperados intentos por alegrarte, ni de mi mano con tu mano, ni del rojo amor que te propongo.

    Es extraño este loco sentimiento. Este sentimiento perpetuo que renace nada vez que en tu infernal movimiento me esquivas el labio. Por miedo a que alguien nos mire. Por miedo a que me voy lejos y tú también. Por el miedo extraño de enamorarnos. De enamorarte. De ilusionarme. Es extraño también, sentir el olor de tu perfume en el cuello, en las manos, en el labio. En el bendito labio mío, que tanto esquivas, que tanto regañas, que tanto suspiras. Qué cada tanto miras.

    Bailas lento, bailas despacio. Mides tus pasos, pero no mides el espacio entre nosotros mismos, el apego sentimental. Mi labio rozando  tu labio, mientras figureteamos entre el tun – tun del ritmo que nuestros cuerpos bailan. Me abrazas, te pegas. Me seduces, de la forma más cruel y más divina; Te volteas despacio, arañando suavemente el vello de mis brazos. Te volteas y no me miras, eso te hace interesante. Te volteas y me dejas ser yo. Me dejas abandonar despacio todo este sentimiento. Luego me acerco, pero tú, te ríes y sigues bailando. Mientras yo, sigo riendo y estoy feliz de la vida, cantándote, todas esas canciones rumberas que  he jurado bailar contigo.

    Y, ahora que el día cae tierno, prometo dejarme llevar por esta vida tan rara. Por el destino que después de tantos azules me trae un celeste impacto. Sé que esto durará un breve lapso. Pero no importa, me dejaré llevar. Dejaré que mis antiguos amores se rompan, en el abrir y cerrar de ojos, cuando te beso o te abrazo.

    Las locuras, que me quieras regalar , canta despacio Sanz, en el absurdo de esta mañana, y mira pues, que pasará ahora por tu mente. Qué promesas te harás, que laberintos vivirás.

    Es curioso, que justo, alegres mi mundo. En este mes. En este día. En este andar.

    De pronto me invade un recuerdo. Tú, riendo a carcajadas, por mis chistes y mis tonteras. Es eso, el leve rumor de mi felicidad. Dulce principessa.

     

    20 de Agosto de 2012.

     

    Comentarios

    1. Avatar de Ana Martinez

      Ana Martinez

      24 agosto, 2012

      Eduardo, te lo digo siempre, me encanta como relatas, porque es una melancolia extraña que me invade entre tus lineas…. vive el momento, no hay nada mas divino que el milagro de sentir! besos!!! y mi voto!

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