El perfume

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                    Si cuando preguntas, ¿qué perfume usas?, alguien responde, gotas de pasión, un naipe, entre los demás, inquieto y presuntuoso se agita en tu mano y pugna por significarse, por caer sobre el tapete y atrapar la carta que decide el juego. Pero antes que ese corazón de papel se deje conducir por el despótico albedrío de la vanidad, antes que tu persona se lastre con falsos oropeles de presunta victoria, debes meditar las consecuencias mezquinas de tan quimérico triunfo. Por ejemplo, debes saber que el juego ganado es solo fracción de una larguísima partida. Debes saber, así mismo, que gotas de pasión es una parte desgajada de la respuesta completa, que bien podría ser “yo,…gotas de pasión…”, en la cual el pronombre yo subyace oculto, separado, y, ante todo, en primer lugar. También debes saber que esas pocas palabras se acompañan de un anémico parpadeo o de un brillo peculiar de ojos o de una flojedad labial o de un cuello que cae flexible y manso sobre un hombro o de un efusivo beso aplicado en la mejilla, pero muy próximo a alguna de las comisuras de los labios, o tal vez se den todas o varias o ninguna de esas manifestaciones y sí, en cambio, otras del interminable repertorio en clave de aceptación, que, con el mismo significado pasional, responden a la pregunta ¿qué perfume usas? Y, sobre todo, debes saber que te encuentras frente a una decisión vital. Sé que apenas oír esta última afirmación, refunfuñas diciendo, claro, pero la vida es larga y siempre cabe retractarse de las decisiones y alguna vez, sólo alguna vez, no produce descalabro.

* * *

                      Por las noches, alguien con descuidada presencia se siente frente a mí, me dices; y continúas, me aterra el mate genuino de sus ojos, los labios ya no le tiemblan —dudo que alguna vez le temblaran, que no fueran alucinaciones pasionales—; su cuello rígido sostiene firmemente la cabeza; el aliento, entonces acallado, tal vez, por la fogosidad de los besos, lo percibo fétido, nauseabundo; el cabello lacio y desgreñado, por entonces ingrediente afortunado de pasión, la enfría ahora. Me entenderás si te digo que me demoro en jugar un nuevo naipe triunfador, de signo contrario al que me hablabas antaño. Espero que entiendas por qué dudo en jugar otro naipe. Sencillamente, no creo en las victorias.

* * *

                    Olvidé decirte que la pasión envejece prematuramente. Tiene prisa por conocer sus límites y los agota, se entrega con entusiasmo suicida y paga el esfuerzo y se vuelve egoísta y cuando te llega el eco de su voz circunspecta diciendo “necesito descansar”, entonces se queda profundamente dormida, y protestará si la remeces, y quizá solo a preguntas de algún desconocido volverá a responder el nombre del perfume. Por eso siempre me entristece cuando a alguien le responden, gotas de pasión. Comienza el fin.

* * *

                      El momento oportuno de retractarse ha huido, me dices con un hilillo titilante de voz. Y continúas, la comodidad, la dejadez o quién sabe qué es lo que ha hecho el momento menos oportuno, inoportuno y, por fin, absolutamente inoportuno. Sí, mi frágil memoria ya no puede recordar las inquietudes pasadas y, a veces, me río tontamente, sin saber de qué. Ahora, inmerso en la bruma, entreveo el brillo de la vejez asomando a sus ojos, unos labios y unas manos que tiemblan afectadas por el parkinson, pero me siento senilmente feliz, porque la piel floja de mi vientre caído y abultado no soportaría el más liviano ataque de pasión.

1979

*Del libro de relatos “Las habladurías de un loro” –T.H.Merino Agosto 2012

Comentarios

  1. Profile photo of Agatha

    Agatha

    21 agosto, 2012

    Interesantes fragmentos. Me quedo con ganas de leer más.

    Me parece una prosa muy cuidada, pensada y trabajada minuciosamente, me encantaría deleitarme con más letras, sin duda.

    Saludos,

  2. Profile photo of T.H.Merino

    T.H.Merino

    21 agosto, 2012

    Agradezco, apreciada Agatha, la lectura y comentario. Saludos.

  3. Profile photo of RamonBuj

    RamonBuj

    15 octubre, 2012

    a veces, hay que apostar al vida a un napipe de corazónes rojos

  4. Profile photo of T.H.Merino

    T.H.Merino

    15 octubre, 2012

    Agradezco, Ramón, tu lectura y comentario. MI afecto. T.H.Merino

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