Lombrices

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Primero fue una mosca. Nada. La nada hecha mosca paseando por la comisura de mis labios. La espanté con un poco de asco, siempre que las veo pienso en los peores lugares en donde pueden estar las moscas. Seguí leyendo entusiasmado mi libro de Soriano y me olvidé del asunto. Pero ese fue el comienzo. Estoy seguro. La siguiente vez, fue con Lucía. En su mirada hubo un dejo de asombro y algo que no logré definir. Llevaba casi dos minutos hablando de cuestiones trascendentales como el último gol de Messi y ella había dejado de enfocarse en mis ojos, es más, parecía evitarme, como si le molestara algo.

-Qué te pasa?- le pregunté, pensando que tal vez le aburrían mis largas explicaciones sobre las habilidades de la pulga.
-Nada, nada, estoy cansada- me contestó incómoda. La conozco. Hace cinco años que estamos juntos y puedo hasta anticiparme a sus cambios de humor constantes, a su abulia ante ciertos temas. Pero ahora seguía sin mirarme, fruncía el ceño y ya me estaba haciendo perder la paciencia. Pensé en lo peor.

Me está engañando, la muy puta, y me quiere cortar. No sabe como decírmelo.

-Vamos, Lu. Nos tenemos confianza, o no? Qué pasa? -repetí, subiendo el tono de voz.
Ahora ella miraba un punto lejano en el horizonte y yo me engranaba peor.

Ahí fue cuando me di cuenta del sabor amargo y del ardor en la boca. Un calor intenso, que pensé, era por los nervios; me subió a la cara.

-Lucía me deja, ya está. La veía rara este último tiempo, se estaba preparando para ésto.

Me toqué los labios, y los sentí hinchados. Algo cayó. Dos lombrices negras y gordas fueron a parar a mi hamburguesa recién empezada. Me levanté rápido y me sacudí la ropa, Lucía estaba paralizada. Tenía miedo, al menos había logrado captar su atención.

Sentí la boca llena aunque recién había tragado el último pedazo de hamburguesa. El cosquilleo era cada vez más fuerte, entonces comenzaron a brotar sin que pudiera detenerlo. Supe que jamás volvería a bromear con las lombrices en la hamburguesa, traté de gritar pero no pude. Los lumbrícidos atrapados en mi garganta no me dejaban opción.Que palabra más graciosa para recordar ahora…

Lo último que vi, antes de empezar a vomitar lombrices y desmayarme, fue la cara de Lucía, con lágrimas en los ojos. Después el vacío, un momento de suspensión de los sentidos. Y más vacío.

Me desperté en una habitación desconocida. Me costó entender en donde estaba, hasta que logré adaptarme a la oscuridad. En la otra cama, un hombre de unos cuarenta años se quejaba. Un acompañante le decía algo en voz baja. Alcancé a escuchar:
-pero sabes que tarde o temprano ibas a caer, Tanito.

Nadie a mi lado. Un leve recuerdo me hace retorcer de impresión. Lombrices negras y las lágrimas de Lucía. Si hay algo que odio es ver llorar a una mujer. Haría cualquier cosa con tal que dejara de llorar. Le juraría amor eterno, le daría plata. Sus lágrimas me suelen incomodar como un traje ajustado.

Entra una enfermera y prende las luces. Frunzo el ceño, y trato de acomodarme en la cama, me duele todo, apenas siento las piernas. Me debo haber golpeado fuerte -pienso-Necesito respuestas pero la cara de la mujer no demuestra ninguna emoción. Para ella soy un fantasma caído en desgracia, igual que los otros a los que les limpia el culo. Un número pasajero.

Un poco aturdido, le pregunto:
– ¿Quién me trajo hasta acá?
-No sé, yo sólo hago mi trabajo, pregúntele al doctor.
-¿Lo puede llamar?
-El doctor está ocupado.
-Pero tengo que saber que me está pasando.
-Va a tener que esperar.

Me resigno, tengo pocas fuerzas y no voy a conseguir nada a través de esa mujer con aspecto rudo, endurecido. Me consuela pensar que hace años no debe de tener ninguna alegría. Éste tipo de pensamientos harían enojar a Lucía, me diría “machista” cómo si fuera un insulto.Ya la extraño. Mi familia estará preocupada. No creo, a veces desaparezco semanas. Tengo sueño, serán ser los calmantes. Me voy.

Estoy en una cueva, un lugar cerrado y oscuro. Soy un poco paranoico, alguien me sigue y tengo que escapar. Calor, la espalda me arde, apenas puedo moverme. Los pasos se acercan, corren y se multiplican.  Pero yo sigo en mi lugar, aunque quisiera salir, respirar. Me ahogo.

La tos de alguien me despierta y descubro que es mi propia tos. Sigo conectado a los cables pero parece ser mediodía. En la otra cama, el paciente quejoso tiene un color verde. Me gustaría verme al espejo. Un médico viejo entra con una sonrisa falsa ya instalada, muy profesional. Cualquier cosa que diga sé que me va a caer mal, no le creo.

-¿Como amaneció? y ahora la sonrisa le arruga la cara en una mueca estúpida.
-Me brotan lombrices del estómago, idiota, ¿cómo querés que esté? -pienso- pero con un hilo de voz respondo, bien.
-Bueno, amigo.
No soy tu amigo, laputaqueteparió! Me limito a mirarlo.
-Estamos analizando tu caso, la verdad es que viniste con un cuadro de intoxicación importante.
-Pero, y las lombrices?
-¿Qué lombrices? me mira con atención mientras la sonrisa desaparece.
-Yo vi lombrices, me salían de la boca -alcanzo a decir.
-Mirá te encontramos en un estado bastante grave. En tu sangre había restos de anfetaminas.
Me cuesta pensar. Se mezclan los días y no puedo recordar cuando fue la última vez que tomé esas pastillas.

El médico que tiene un apellido impronunciable con WKZ en el ambo, sigue hablando.
Te hicimos un lavaje de estómago y te estamos hidratando por suero. Pero vas a tener que cuidarte. Las consecuencias de tomar drogas pueden ser muy jodidas. Con la salud no se juega.

No termino de creerle. Parece un mal actor. Cómo si trabajara en esa peli de Jim Carrey, carajo, ¿cómo se llamaba? Bueno, ya va a salir. Me perdí lo que dijo el doctor.

- …venir a buscarte- concluye.
-¿Cómo dijo?
-Que si estás bien mañana, ya pueden venir a buscarte.

Pero nadie aparece, ni al mediodía, ni a la tarde. Mi vecino de cama tampoco recibe compañía y su tono verdoso me empieza a preocupar. ¿Es que nadie se da cuenta?  Estamos solos.
Estoy en un hospital público. Es raro, me deberían haber trasladado a una clínica. Pero ni siquiera tengo billetera. Tal vez porque lo mío no es tan grave, supongo. Mi organismo está débil, hace años que no estaba tan liviano, debo haber bajado un par de kilos, mal no me viene -sonrío.

Lucía tendría que haber avisado a mis viejos. Ésta es la prueba de que ya no le interesa estar conmigo. Estará revolcándose con otro, tal vez con uno de esos amigos raros que tiene, los que no encajan conmigo. Y mirá que lo intentamos, pero no hay caso, venimos de mundos diferentes. Ella es artista con sueños de fama y yo un simple programador que a veces juega al fútbol. No tengo más pretensiones que una linda casa, dos perros, tal vez una familia. Pero ella me deja en la primera de cambio, cuando más tendría que apoyarme.
Y esta maldita somnolencia que no se va. Las enfermeras cambian, la que me trae la cena no es la misma que la del mediodía, tampoco la del día anterior. Aunque son parecidas, como los chinos; todas feas. Ni siquiera tienen buen culo.

Me despierto a las tres de la mañana. Por suerte el reloj me indica mi espacio temporal. Mi vecino no está. Llamaría a la enfermera si supiera que va a venir, pero las veces que toqué el botón, nunca vinieron. Podría morirme esperando. El único celular que me acuerdo de memoria es el de Lucía, pero siempre está apagado. ¿Se habrá ido mi compañero? Se veía muy mal. Se murió. Se murió y ni siquiera supe su nombre. Las sábanas están revueltas. Al menos hubieran limpiado, por educación. Pero bueno, éste hospital no se caracteriza por la limpieza. Cuando salga de acá me voy a quejar.

A la mañana muy temprano me despierta el médico. Me dice que ya me puedo ir, que debería avisarle a algún familiar, o al menos a la chica que vino conmigo.

-¿Cómo? ¿Hubo alguien conmigo? lo interrumpo y me siento sobre la cama. Me mareo.
-Si, vino una chica joven, se quedó varias horas, pero después no la vi más -me dice mientras señala la silla- Pensé que habrían hablando.
-No, la verdad que no. – Es raro. La gente no desaparece así nomás, no se evapora. Tendría que haberme dejado una carta, un mensaje, algo…¿Qué pasó con el tipo que estaba ayer acá?
El médico WKZ va a decir algo pero frena. Lo noto. Hace rato se le desdibujó la sonrisa.Parece cansado.
-El paciente fue trasladado. Ahora le pido que se vista y se vaya. Y no tome más de esas pastillas o va a terminar en la morgue.

Sin esperar mi respuesta se va. Cierra la puerta con fuerza.

Sólo. Sólo. Pienso en las lombrices. En Lucía. ¿Estoy alucinando? Al lado de la silla veo el anillo que le regalé cuando pensaba que éramos el uno para el otro. Un metal tirado que sin ella pierde todo sentido. Lo levanto y una lombriz gorda cae al suelo. Parece una oruga. Si no fuera por el terror que ahora siento, encontraría graciosa ésta situación. Me imagino contándola en un escenario, la gente alrededor riendo. Pero Lucía no está y su anillo sí. Tampoco el otro paciente, ni su acompañante.

Voy hacia la cama del hombre verde y retiro las sábanas. De una de ellas caen tres lombrices. Y de abajo del colchón empiezan a brotar otras, gordas, pegajosas, se chocan entre sí y no las puedo contar. Tampoco puedo pensar, los pies se me clavan en el piso. Estoy mareado y débil. El calor es insoportable. Sé que si grito, nadie me va a escuchar, y si me escuchan, no van a venir. No debe de quedar nadie en el hospital y conozco ese cosquilleo en la garganta.

Comentarios

  1. Avatar de NicolasMattera

    NicolasMattera

    8 agosto, 2012

    Gran relato Kariu2, con ritmo, intriga. Escribis muy bien, hay pausas de mucho taleno, según mi opinión. Siempre me dieron asco las putas lambrises….
    Tal vez me hubiese gustado un final más cerrado, más de cuento, ese giro final que cierra todo, aún asi me ha gustado mucho.
    Mi voto

  2. Avatar de

    volivar

    8 agosto, 2012

    kariu2: es un cuento muy bien estructurado; y narrado en primera persona adquiere un plus, y en tiempo presente, esto se vuelve una obra de arte. Lástima que haya un pequeño fallo con el “haber”.
    A este verbo debe anteponer al término “de”, por ejemplo, cuando dices: Mi familia debe estar preocupada. (al verbo debe, se le agrega de). Así quedaría: Mi familia debe de estar preocupada.
    Se escribe el verbo “deber” sin el “de”, cuando se afirma algo categóricamente. Ejemplo: debes estar en la escuela, y aún no has almorzado.
    Disculpa este señalamiento, pero ocurre que como escribes muy bien, con arte, cualquier fallo se nota.
    Mi voto
    Volivar

  3. Avatar de Luna.de.lobos

    Luna.de.lobos

    8 agosto, 2012

    A diferencia de Nicolás, a mí me gusta el final así, como si fuera un cuento circular, y al final todo volviera a empezar.
    Me parece que consigues muy bien describir la repugnancia y la angustia en el relato.
    Sólo un apunte: en el último párrafo “y sin me escuchan”, creo que sería “y si me escuchan…”
    Un abrazo, Kariu!

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