¡Deprisa!

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Irene abrió los ojos. Una expresión de terror apareció en su cara. No lo podía creer. Histérica se levantó de un salto. Se vistió como pudo. Apenas se había abrochado el pantalón cuando ya había salido de su habitación. Corrió por el pasillo y abrió la puerta de la calle. Sintió el suelo frío. Se miró los pies y vio que los tenía desnudos. Corrió a su habitación y se puso las zapatillas. Se las abrocho rápidamente con un nudo que no aguantaría mucho. No le importó. Abrió la puerta y, esta vez sí, salió. Bajó las escaleras saltando los cinco últimos escalones de cada tramo.

Cuando salió a la calle miró a su alrededor. A las cinco de la mañana aun no se veía a nadie. Comenzó a correr bajando la calle a toda velocidad, las piernas no le daban para más. Los músculos de los muslos le tiraban y los gemelos se le estaban cargando.

    Llegó a una enorme calle y la cruzó corriendo, a punto de ser atropellada por uno de los tres coches que pasaban por allí. Cayó al suelo, pero no tardó en levantarse de nuevo y seguir corriendo. Las plantas de los pies le comenzaban a doler. Miró a la derecha y observó la marquesina del cine. No le dio tiempo a mirar ningún título, volvió la cabeza al frente pero era demasiado tarde. El cubo de basura cayó con estrépito. Al abrirse, la basura se extendió por la acera. Irene cayó sobre restos de comida y demás exquisiteces, manchándose la ropa. Sin mirarse las manchas se levantó y siguió corriendo. El temor se incrementó y subió el ritmo. Le dolían las piernas pero no podía parar. No, ahora no.

Comenzó a llorar. Las lágrimas se acumularon en sus ojos empañándole la vista. Se llevó las manos a la cara para secarse las lágrimas, pero lo único que consiguió fue mancharse los ojos de basura. Siguió corriendo casi sin vista. El dolor de las piernas era ya insoportable. Sabía que si seguía corriendo llegaría un momento en que sus piernas no responderían. Según iba corriendo, sentía que debía correr aún más rápido. De repente pisó un bordillo y su tobillo se torció de una manera exagerada. Cayó al suelo, golpeándose en la boca. Los dientes cedieron un poco pero no llegaron a caer. Intentó levantarse, apoyándose inconscientemente en el tobillo dañado. Cayó de nuevo. Las piernas le latían con fuerza, pero el tobillo aún más. En pocos segundos se había hinchado enormemente.

A duras penas consiguió levantarse con el tobillo hinchado y sangrando abundantemente la boca, manchando de sangre su camiseta. Se llevó las manos a la boca y se tocó los dientes. Si, seguían todos allí, pero se movían demasiado. Escupió. Vio como caía al suelo una enorme gota de sangre. Comenzó a andar, cada vez más deprisa. El tobillo sufría con cada paso. Comenzó a correr, todo lo deprisa que su pie le permitía. Miraba al suelo, viendo su tobillo hinchado cada vez más, como resistía cada movimiento, viendo caer una mezcla de saliva y sangre que caía sobre sus pantalones. Cuando quiso levantar la vista, era demasiado tarde para esquivar al hombre que caminaba hacia ella y que tampoco había podido evitar el choque.

Los dos cayeron al suelo. Irene, tumbada boca arriba se puso a llorar. El hombre se levantó la miró. Irene vio como en el rostro que tenía delante se dibujaba una mueca de horror. Pero no era para menos. Su aspecto era patético. Tenía un tobillo extraordinariamente hinchado que sobresalía por encima de su zapatilla. Tenía la ropa manchada de basura. Sus pantalones estaban rotos a la altura de la rodilla, dejando ver una escandalosa herida que rezumaba sangre. Su camiseta repleta de basura y sangre también estaba rota. El cuello se había abierto dejando al descubierto un hombro. La cara era lo peor. Tenía la boca hinchada, de la que manaba sangre en abundancia que no podía controlar con sus inutilizados labios. Tenía la cara llena de rasguños. No tenían importancia, excepto uno en la frente que había sido mas profundo que los demás. La sangre de este corte goteaba hasta las cejas y resbalaba por su ojo dejando caer una cortina roja en la mirada de Irene. La mezcla de sangre y basura hacía que la cara de Irene, aparte de irreconocible fuera nauseabunda.

El hombre, ya anciano tuvo que apartar la mirada.

– Pero… ¿qué te ha pasado? -dijo mirándola por fin- ¿por qué corrías? ¿Huyes de alguien?

Irene se incorporó. Sentada, miró a su alrededor. La calle aún vacía, iluminada por unas pocas farolas, le parecía cada vez mayor. Miró al viejo a la cara. Tenía una gran barba blanca. Lo miró extrañada. Echó de nuevo una ojeada a su alrededor. Se miró la ropa, las rodillas, el tobillo. Se tocó la boca con un gran escozor. Se quedó pensativa.

-¿Por qué corrías?

Irene comenzó a reír. Era una risa nerviosa, casi histérica. De repente, y tan rápida como comenzó, la risa terminó. Una profunda seriedad, con mirada pensativa contrastó con las carcajadas que segundos antes habían roto el silencio. Miró al viejo.

-No lo se -contestó con la mirada perdida, casi en un susurro-.

Comentarios

  1. Profile photo of VIMON

    VIMON

    25 septiembre, 2012

    Buen relato, David, hay mucha gente que corre sin saber por que. Saludos y voto.

    • Profile photo of David

      David

      25 septiembre, 2012

      Muchas gracias Vimon, te agradezco el voto. A veces nos pasamos la vida sin saber por qué corremos y aun así seguimos haciéndolo.

      Saludos

  2. Ady

    25 septiembre, 2012

    Me gustó mucho y también te di mi voto, deja esa sensación de prisa que se va en cuanto acaba el relato, cosa que en lo personal me gusta mucho y me hace terminar mas rápido las lecturas jeje, que sigas escribiendo así de bello!

    • Profile photo of David

      David

      3 octubre, 2012

      Muchas gracias Ady, trataré de cumplir tus expectativas. Un abrazo

  3. Profile photo of antoniosib

    antoniosib

    25 septiembre, 2012

    David, bienvenido a ese grupo de escritura. Buen relato de presentación, mantiene la tensión y con un final que invita a la reflexión. Enhorabuena y voto.

    • Profile photo of David

      David

      3 octubre, 2012

      Muchas gracias Antonio, tanto por la bienvenida como por el voto. Realmente esta página me gusta y espero poder disfrutar leyendo y hacer disfrutar escribiendo.

  4. Bere

    26 septiembre, 2012

    David:
    Me gusto mucho el cuento, me dejo una sensacion muy extraña lo cual es importante ya que existen historias que no provocan nada en el lectro, espero sigas escribiendo.
    PD te de mi voto pero no se contabilizo.

    • Profile photo of David

      David

      3 octubre, 2012

      Muchas gracias Bere, prometo seguir provocando en mis próximos relatos… En cuanto a lo de tu voto, se agradece la intención y espero que no tengas problemas con los próximos relatos.
      Un abrazo

  5. Profile photo of

    Gödel

    22 enero, 2013

    «Por medio de cúspides y valles ensayados para distintos escenarios y diversas circunstancias [tu texto] transmite “velocidad”, que es así como el tiempo llega a fluir para determinadas vidas.» Excelente texto. Sólo en el quinto párrafo, séptima línea, sobran las palabras «que caía», pues ya estaba “cayendo” desde antes (leer sexta línea). No obstante, es perfecto para las pretensiones previstas. Saludos.

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