El bandoneón de Luis Mariani

Escrito por
| 337 9 |

    Nada, una mina, dijo Rousselot, tratando de adoptar el mismo tono de su compatriota. Luego se despidió un poco apresuradamente y cuando ya subía las escaleras oyó la voz del clochard que le decía que lo único cierto era la muerte. Me llamo Enzo Cherubini y yo te digo que lo único cierto es la muerte, oyó. Cuando se dio la vuelta el clochard se alejaba en dirección contraria. 

    El viaje de Álvaro Rousselot.

    Roberto Bolaño.

     

    Se le llaman botones, Arturito. Botones. Ponés la mano acá, justo acá, que yo te voy a enseñar. Setenta y uno botones para solo diez dedos. ¡Qué me decís! Y no es nada fácil su dominio, te lo digo yo que viví la vida dándole con fierro al dientudo (1).

    Era tu padre maestro aventajado con este cacharro; preguntale sino a la Lupe. Esas manos, ay Dios mío, esas manos que fluían por la botonera con ese desborde de vanidad como si el viejo estuviese poseído por el mismísimo diablo. Jamás conocí a nadie que lo acariciase con tal estremecimiento a cada noche en el Vesubio, en donde en una amanecida de lluvia, en el colmo de la tiranía, la Lupe le sopló las ganas de vivir. Ella no tocaba el instrumento, tampoco entonaba, ni falta que le hacía, pero que linda era, y tenía un algo capaz de convertir en impenitente a cualquiera que la avecinase, incluyendo, claro está, a un servidor.

    Y sus pestañas negras lagrimeaban cuando Julio tocaba aquel tango, del maestro Pascual Contursi, que decía:

    Bandoneón arrabalero

    viejo fueye desinflado,

    te encontré como un pebete

    que la madre abandonó,

    en la puerta de un convento,

    sin revoque en las paredes,

    a la luz de un farolito

    que de noche te alumbró.

    Porque también se le dice fueye. Y si tus abuelos tuviesen aún vida, ellos sabrían de que te hablo. El fueye, por tanto, es el alma de la Argentina. Y esos ojos desventurados eran capaces de besuquearle la nuca a Julio, y él ni se daba cuenta, engualichado (2) como estaba a un éxtasis que no era de este mundo. Y la voz de Julio era como un fruto cremoso abriendo cancha. Y esas manos cuyos dedos parecían una araña de diez patas tejiendo una melodía en el hilo del pentagrama, eran diez dedos capaces de extirparle hasta la médula a la herramienta. Entonces los demás dejábamos de existir a su lado, simplemente lo veíamos franquear el cancel del infierno, y era el mismísimo satanás quien lo recibía, los brazos en calvario, así quemase.

    Hasta que una noche andaba por los tugurios del arrabal sacándole el jugo al cacharro como solo saben hacerlo los espíritus de las sombras, cuando el fuego se le agarró al cuerpo. Ninguno fuimos capaces de socorrerlo, aunque todos supimos que no debió de haber caminado ni un solo paso entre las ascuas del Averno.

    Arturito, ¿ves esta costra oscura, aquí, esta manchita que parece una falta en la madera? Tocala con la yema del dedo y vas a sentir lo áspera que es. Aquella noche la última llamarada lamió el perfil de la caja de ébano. Después, el viejo ya no fue el mismo. Y no es que hubiese cambiado su carácter la deflagración de la que salió, vamos a decir, ileso, sino que le había hecho envite a una partida que estaba reservada a los hombres, y que a última hora fue jugada por el diablo.

    Pero no me mirés con esos ojitos pibe, que no es eso todo lo ocurrido. A la mañana siguiente, la Lupe se encamotó (3) todo lo que una mina (4) es capaz de un varón. Así son las cosas que suceden en la vida y que en algún momento llegarás a comprender. Pero vos no sos como el viejo. Y no sé si lo que te digo es bueno o es malo. O ambas cosas. Aquella noche Julio andaba perdido como en un sueño, sus ojos se le iban al voleo, el mandil volcado entre las piernas, el nácar que se derretía a cada sacudida con aquel modo que tenía de meterle aire al cacharro, los humos de los cigarros y de los puros arrullando las aspas, el silencio infinito… Y sólo se le oía al viejo en curda (5) acariciando su cacharro, mientras los otros chicos fueron silenciando sus pretensiones y sus instrumentos. Por eso cuando las lengüetas bufaron fuego, cuando sus dedos eran teas, la potranca ya no pudo soportarlo ni un segundo más y lo arrancó del taburete y lo arrastró por el embaldosado, humillándole a las patadas, perdiendo mechones de cabello en el esfuerzo, derrotado por unas fiebres desconocidas. Los chicos quedaron enmudecidos, el gallego bien en pedo, los demás sin poder moverse de las sillas y sin saber muy bien qué se podía hacer después de acreditar que el diablo llevaba nombre y apellidos de mujer.

    La Lupe se mudó a la pensión del viejo cuando Buenos Aires clareaba a puertas del invierno, para cuidarle como solo una mujer sabe hacerlo, para chuparle hasta la última gota de sangre en la tristeza de la noche. Pero él ya nunca fue el hombre que había sido. El cacharro abandonado en una mesa le daba recelo y se le cargaba la frente de sudor cuando se alejaba de él. ¡Hasta donde se dejaba arrastrar el viejo por los síntomas de la posesión y de la brujería! Entonces tuvimos que hacer un llamado a Luis Mariani, el único capaz de salvar el instrumento. Porque si al cacharro no se le roza o no se le acaricia, acaba oxidándosele el alma.

    ¿Y vos, Arturito, sabés quién fue ese talMariani? Vení conmigo que yo te voy a enseñar. ¿Viste aquel afiche colgado en la pared? ¿Lo viste? Aquel fue el primer fabricante de nacarados (6) de toda la Argentina. “Un lutier de la reja”, así le decían los entendidos.

    Pero una tarde de sofoco fue el Monchito quién se vino a decirme que lo había escuchado tocando por el hueco del patio, y fue él mismo quien me contó que la ciudad ya se recomponía del suave letargo. Salimos a la vía para confirmar que las minas asomaban bellas a los balcones floridos y, que ellos, chorizos (7), les sonreían. Aquella noche el viejo no apareció en el Vesubio en el momento convenido, pasaron las horas y todos supimos que algo malo había ocurrido. Los muchachos tocaron algunos temas sin paladear la morfina en los dedos. Yo salí picando al hostal para saber de él. Subí la escalera arrastrando un mal presagio, y al arrimarme a la pieza pude oír a la Lupe llorando al otro lado de la pared. Me detuve sin el valor para enfrentarme a la certidumbre de que el pibe se había largado a otra parte, de que ella se había quedado plantada, a pesar de que lo era todo para él. Tumbé la puerta y la Lupe estaba acostada en camisón mirando el catre hacía adentro. Había algunas camisas abandonadas por la urgencia en una silla, veinte lucas (8) espolvoreadas en el piso. Me le acerqué sintiéndola un pájaro libre, sabiendo la calentura de mi alma le puse mano al hombro, pero ella no se movió ni para mirarme.

    Por eso la mina quiere que lo sepas todo, cuando ya has alcanzado los nueve años. Quiere que entiendas al viejo y por qué este cacharro destemplado por el olvido ya nunca volverá a ser acariciado por mano formidable.

     

    ____________________________

    (1) Pegarle con todas las fuerzas al piano.

    (2) Hechizar, embrujar.

    (3) Enamoró.

    (4) Mujer.

    (5) Borrachera.

    (6) Bandoneones.

    (7) Ladrones.

    (8) Billetes de mil pesos.

    Comentarios

    1. Avatar de Richard

      Richard

      29 septiembre, 2012

      Hola Josefa.
      ¡Enorme homenaje.!
      Pero no solamente al bandoneón. No. También al tango, a sus ilustres intérpretes y a Buenos Aires.
      Me impresiona la atmosfera creada, respirás nostalgia y melancolía a medida que lo leés. Además el lexico, el vocabulario tan típico nuestro…
      Es brillante.
      Un beso y un gran voto.

      • Avatar de Josefa Mendoza

        Josefa Mendoza

        29 septiembre, 2012

        Richard, gracias por esos comentarios tan elogiosos. Realmente ha sido un texto que me ha costado más que ningún otro, ya que no soy de la argentina, ni nací en aquella tierra que ni siquiera conozco. Simplemente intenté acometer la escritura de un texto escrito con salpicaduras de lunfardo, y ese ha sido el resultado.

        • Avatar de Richard

          Richard

          29 septiembre, 2012

          Josefa.
          Se agiganta aún más tu relato al no ser argentina y no conocer Buenos Aires.
          Es muy gratificante encontrar gente como vos con esa enorme capacidad y pasión, mucha, para escribir en la forma que lo hiciste.
          Muchas gracias.
          Y se que es tu espacio pero permitime por favor, decirle a Vimon, al que ya siento un amigo en esta Red, que me han conmovido sus conocimientos sobre nuestro Buenos Aires querido. Muchas gracias.
          Y nuevamente gracias a vos Josefa.
          Un beso.

    2. Avatar de

      volivar

      29 septiembre, 2012

      Josefa Mendoza: siempre he pensado que la gente de tu país lleva la música en el alma y que la sabe expresar, embelesando a todos. Qué hermosa forma de exaltar la belleza de la música de tu raza, siempre feliz, siempre cantando, a pesar de las heridas que les atormentan el alma.
      Mi voto
      Volivar

      • Avatar de Josefa Mendoza

        Josefa Mendoza

        29 septiembre, 2012

        Gracias volivar por tus atentas palabras. A pesar de todo, ya me gustaría poder visitar alguna vez la Argentina, país del que casi todo desconozco. Aún así tus comentarios son un premio en el duro viaje de la escritura.

    3. Avatar de VIMON

      VIMON

      29 septiembre, 2012

      Muy buen relato, Josefa, se siente uno en Corrientes 348, segundo piso ascensor. Un abrazo, felicitaciones y mi foto…!no, mi voto!

      • Avatar de Josefa Mendoza

        Josefa Mendoza

        29 septiembre, 2012

        Vimon, sin quererlo acabas de abrir la puerta a un posible relato. Desconocía el significado de Corrientes 348, segundo piso ascensor. Echaré un vistazo a lo que encuentre en internet. Tal vez tenga suerte y aparezca una historia que contar.
        Gracias por tu apoyo a mis textos.

    4. Avatar de antoniosib

      antoniosib

      29 septiembre, 2012

      Enhorabuena por este relato tan bien escrito y lleno de frases logradas. Gracias por el útil diccionario. Si no eres de Argentina entonces tienes un mérito añadido por haber escrito con tantas resonancias del estilo de aquel gran país. Enhorabuena y voto.

    5. Avatar de VIMON

      VIMON

      29 septiembre, 2012

      Josefa: La Ave. Corrientes es el eje de la vida nocturna y bohemia de la Ciudad de Buenos Aires. En sus bares y teatros se acuñó el tango, y a lo largo de su historia lo interpretaron en ellos las grandes orquestas y cantores, entre ellos el ídolo popular Carlos Gardel, quien vivió a su vera. Sus desaparecidos teatros Politeama Argentino, Apolo, Odeón y el viejo Ópera, fueron escenario de los más altos exponentes de la lírica mundial, así como del nacimiento del considerado teatro nacional: el drama gauchesco Juan Moreira. Numerosos tangos se han escrito sobre esta calle inmortal, el mas famoso, sin duda es el tango “A media luz”, de Carlos Cesar Lenzi, cuyo primer párrafo reza: “Corrientes, 348, segundo piso, ascensor, no hay portero ni vecino, adentro cocktail de amor…” No da solo para un relato,sino para una o tal vez varias novelas. Abrazos.

    Escribir un comentario