Entre el alma y la razón

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    Estoy inerte. Soy paciente en un lugar que no tiene tiempo ni espacio, un lugar sin sombras, sin pena… Un lugar que nunca conoció la corrupción de un alma oscura… Sólo el sonido de la brisa, sólo el sabor de la paz. De lejos el oleaje, los pájaros y grillos, las copas de los árboles que se mueven y desprenden ese cantar tan especial…
    Mi alma quiere volver. Es que nunca va a comprender lo que está observando y sintiendo en este momento sin tiempo, no lo hará. Nunca. Nunca, jamás.
    Mi razón vive su máximo esplendor, su propio momento de sublime armonía. Está cara a cara con Dios. Ahora lo sabe todo… Sabe que si retorna a la vida, no podrá volver a ese lugar tan hermoso y pacífico, lo perderá todo…

    Aquí es donde comienza esta lucha. Mi razón me pide paz. Pero mi alma me pide estar otra vez en el mundo…

    Es que mi razón quiere la cumbre de la sabiduría, lo quiere todo para sí y para compartir.
    Pero mi alma me pide estar otra vez en el mundo…

    Simplemente me escondí y escuché la conversación que entablaron bajo el ocaso, a orillas del mar:
    -Nunca vas a entenderlo, alma mía, pero acá podremos tenerlo todo.-
    -Nunca lo tendremos.-
    -¿A qué te referís, alma mía? ¿Es que no te das cuenta que la sabiduría que podremos adquirir, la soñamos siempre?-
    -Nunca lo aplicaremos.-
    -No te entiendo… ¿Por qué querés volver?, ¿acá no tenemos todo?, ¿Dios no nos ha dado todo?-
    -Razón, hay cosas que no comprenderías nunca, ni sabiendo el máximo de todo lo que pudieses aprender. Es que jamás entenderías que le pertenezco a ella y que estará llorando por mí, sufriendo por dentro mi ausencia… El que sufra me extinguiría de a poco y dolorosamente, pero es lo de menos, porque lo que no quiero es que a ella le pase lo mismo, que sufra, que muera…
    Razón, ella también comparte su cuerpo con una como vos, y agradezco por eso, pero por más que ésta le diga que me olvide, el amor es más fuerte que todo aquello que podés saber, porque Dios te entrega hasta la última gota de sabiduría, pero esta esencia no alcanza si no la nutrís de amor… El amor te enseña lo que en realidad debés aprender.
    -Alma, volvamos

    Desperté y al lado de mi camilla estabas vos. Lloré, te abracé, te amé… Alma mía

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