Madrugada eterna

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    Ese odio era, se lo había dicho varias veces, la pasión central de su vida.

    Demonio del Mediodía – Alonso Cueto – pag. 14

     

     

    No puedo dormir, me he despertado como un loco sin loca. La penumbra de esta débil noche me canta a lo lejos, como una canción desesperada. Como una canción sin dueño. Enciendo el primer cigarro que fumo ya hace semanas. Combino el humo que sale de mi boca. Invento rostros. Los rostros de mis amores. Los rostros de esas princesas, que un buen día decidieron dejarme. Dejarme por supuesto para no volver. Dejarme sin norte, sin sur, sin este. Quedándose con el aleteo infernal de mi canto.

    Miro detenidamente la pintura que mandé a enmarcar la otra tarde. Quizás me puedan dar algo de dinero por eso, pero no lo quiero vender. Está bien ahí, quieta y débil. Pinto muy poco. Cuando pinto, siento que se me va el alma. La vida. Mis gritos desesperados por la soledad que tanto me quiere. Este ritmo asesino que un buen día me va tener que matar de una vez por todas. Veo detenidamente mi firma en ese cuadro: Ignacio. Ese nombre, el único Ignacio de la familia. El loco, el coherente, el que se mandó a mudar un mes entero a un hotel con su novia, que ya lo dejó. Que lo dejó sin conocimiento de lo que es el amor. Ese amor que ahora se rehúsa en regresar.

    El ron pasa lento en la garganta. Recuerdo toda la magia, todo el make up, que un día le hicieron a mi vida. Sería tal vez, mejor, vivir sin amor. Pero son tonteras, no tendría sentido. No tendría la vida un sentido. Las horas pasan. Mientras Brahms, recorre cada espacio del departamento, cada pliegue del alma, del ser. Mientras cada hueso tiembla por el tiempo perdido y por el tiempo que se perderá. Soy sólo eso. No tengo santos, no tengo nada. Nada de nadie. Sólo queda ahora, seguir tomando y seguir muriendo en vida. Esa muerte que es tan lenta.

    Una, dos tres. Las palmadas fuertes son buenas para mi rodilla, así me han dicho. Ya ni el fútbol me llama la atención. Sólo los libros. La música que me aísla de todo. Yo y mi tonta melancolía.  Ay Ignacio, eres un huevón.

    Comentarios

    1. Avatar de Ana Martinez

      Ana Martinez

      7 septiembre, 2012

      eduardo, te dije que me encanta tu estilo? cuando me llega el mail avisando que subiste algo nuevo no tardo un minuto en verlo! (siempre que esta rutina asfixiante de mi stresante trabajo me lo permita….) si habre tenido madrugadas asi….. abrazando a esos amores lejanos…. mi voto! saludos! y te deseo lindos nuevos amaneceres! :) besos

      • Avatar de EduardoFlores

        EduardoFlores

        7 septiembre, 2012

        Leer tu comentario. Leerte, saber que me lees y que cada palabra mía te llegue al ser, es realmente gratificante. Muchas graicas, por leerme Ana.

    2. Avatar de Lidyfeliz

      Lidyfeliz

      7 septiembre, 2012

      Eduardo: estupenda narración sobre un solitario que recuerda!. Te felicito. Mi voto

    3. Avatar de robert goodrich

      robert goodrich

      7 septiembre, 2012

      Eduardo solo te puedo decir que me gusto amigo… Tienes mi voto excelente…
      Saludos,
      Robert

    4. Avatar de hugojota

      hugojota

      7 septiembre, 2012

      Excelente descripción de la soledad en que puede incurrir una persona. En la última oración, ese “hay” debería ser un “ay!”, creo. Mi voto.

    5. Avatar de

      volivar

      8 septiembre, 2012

      EduardoFlores: muy hermoso, siempre escribes así, y te felicito
      Mi voto
      Volivar

    6. Avatar de Luna.de.lobos

      Luna.de.lobos

      8 septiembre, 2012

      “Mientras cada hueso tiembla por el tiempo perdido y por el tiempo que se perderá”
      Y es que con cada palabra calas hondo… con esos amores que ya no son pero que todavía están ahí, con esa música que permite por unos momentos olvidarlo y por esa pintura que poco a poco te roba pedazos del ser.
      Muy bueno, Eduardo.
      Un abrazo,
      Luna

      • Avatar de EduardoFlores

        EduardoFlores

        10 septiembre, 2012

        Gracias por leerme. He de confesarte que leí ” Mientras cada hueso tiembla por el tiempo perdido y por el tiempo que se perderá” Y me sorprendo a mi mismo.

        Gracias.

    7. Avatar de Nightcrawler

      Nightcrawler

      20 septiembre, 2012

      Una mezcla de melancolía y resignación, de lamento por uno mismo y de elegía al amor perdido. Merece la pena leerlo. Enhorabuena.

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