Mi confidente

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Nos criamos juntas, éramos muy felices. No es que ahora no lo seamos, pero de otra manera. El problema, fue el tiempo, que jugó a enmudecer nuestras explayadas charlas, lo que hizo mella en nuestras caricias. No obstante, ahora no nos faltan. Lo que ocurre, es que sólo las usamos en nuestros momentos más eclipsados. Su abuso podría hacer decaer nuestra relación, para terminar siendo un nexo invariable.

Y eso, exactamente eso, es lo que me aterra por momentos. Por instantes que se convierten en eternidades; que nuestro nexo sea estable. Odio la estabilidad. Creo en que la intensidad de los abrazos, reside en la inestabilidad. La locura de las hormonas asexuadas que dan el mayor de los placeres; la dignidad del abrazo. Y eso, es lo que éramos antes. Una secuencia temporal de abrazos concéntricos dirigidos a nuestros pechos y en esa circunferencia de felicidad, nos retozábamos durante horas. Suponía que era porque tenía más tiempo libre. Estaba equivocada, era porque la empecé a tener una inusual envidia. Y tuve que desanudar los lazos de la relación antes de que ese sentimiento, empezara a corroerme como el óxido y a carcomer mi alma como una termita a la madera. Así es como la sentía, de madera. Después de todo lo que pasamos juntas. Dejé que volara de mi lado. Ella se quedó en  la casa de mis padres, que a su vez eran también su familia.

Entonces, fue cuando me fugué con la otra persona. Ella, no me podía reprochar nunca nada de eso. Desde que recuerdo, había tenido novio. Todo un maniquí, un ser tan insuperable como ella. De gesto inalterable y con la perfección que te hace infravalorarte, para que ella no sienta que la modestia ha de ser un procedimiento habitual en su vida.

Apenas sentía la ausencia de su mirada penetrante, de sus abrazos “uniposicionados”, de las cosquillas que provocaba su media melena rubia en mis labios. Recuerdo como nos fuimos cortando el pelo a la vez, empezamos teniendo una melena de carácter felino hasta la altura del coxis, y terminamos recortándola en tres fases. Hasta ahora tener exactamente, la misma largura. Siempre envidié su pelo, siempre perfecto. Incluso, después de alguna juerga nocturna. Ella se levantaba con su mirada azulada y perfecta, siempre perfecta.

Quizás me engaño a mí misma, pero realmente no puedo vivir sin ella. Siempre lo he sentido así. Desde nuestro primer reto en común. El primer día de guardería, nuestra primera separación de los brazos umbilicados de nuestra madre. Pero nos abrazamos tan fuerte, que casi rompo uno de sus delicados brazos. Pero ella me miraba, yo la miraba. Nos miramos, y en esa mirada teníamos nuestro círculo infranqueable.

Y giró el ciclo absurdo e impermutable de las arrugas en el alma, de las lágrimas no deseadas y de los días desvividos. Para que llegara el gran día. Nuestro reencuentro. Preparado a conciencia durante dos semanas .Dos años sin vernos, dos años sin llamarnos, pero los mismos dos que no dejé de echarla de menos en los momentos fabulosos y mediocres de mi convivencia fallida.

Llegué a nuestra casa, no quería hablar con nadie. No quería los ruidos de mis padres, ya me habían ensordecido los de abogados. Aún tengo los chirriantes ecos en mi cabeza.

Ella siempre fue la fuerte, la perfecta. La que solucionaba todos mis problemas. Seguro que podría con este. Mi nuevo cambio de vida;  pero en este ella estaría a mi lado, vendría conmigo.

Sólo pensaba, en verla. Estrujarla e irnos lejos, tan lejos que nadie nos molestara en nuestro abrazo concéntrico.

Llamé a la puerta. Abrió mi madre, la saludé. Tiré la maleta, subí las escaleras hacía mi habitación con la velocidad que me propiciaba el saber que en esa habitación estaba el retorno a una infancia que me haría renacer.

Abrí la puerta, y allí estaba. Me miró fijamente, como sólo podía y sabía hacerlo ella. La bajé de la estantería y por una vez lloró. O quizás, solamente, era el reflejo de mis lágrimas en su caja.

 

David EPC ©
Todos los derechos reservados y copyright a nombre de David EPC.
Valladolid, España 2012

Comentarios

  1. ElvaMarte

    6 septiembre, 2012

    David, me pareció genial!!… Hizo a mi pensamiento recorrer infinidad de opciones, incógnitas y sospechas sobre la sexualidad de lo que aparentaban ser primero amigas, luego hermanas y el final…..Inesperado y HERMOSOOO!!

  2. salamandra

    20 septiembre, 2012

    Nunca lo imaginé me hice muchas y casi me chocó el lenguaje que supuse de una lesbiana y mas escrito por un hombre,T e felicito impactante .

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